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Polémica en Europa por el plan de competitividad de Merkel

En Bruselas ocurrió una cumbre de los jefes de Estado y/o de Gobierno de los 27 países de la Unión Europea, que debía terminar luego del almuerzo pero se prolongó hasta las 20:00, a causa del desencuentro acerca de la propuesta de Angela Merkel y Nicolas Sarkozy para que sus socios se comprometieran a respetar el pacto de competitividad, a cambio del amparo de Berlín y de París ante los ataques de los mercados.

Angela Merkel puso precio a su solidaridad con los países más acosados por los mercados pero se llevó un precario pagaré. Acompañada de Nicolas Sarkozy, la canciller alemana pidió "más que palabras" a los países del euro para que uniformicen sus políticas en cuanto a la evolución de los salarios, la edad de jubilación y el Impuesto de Sociedades.

La canciller Angela Merkel y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, convocaron a una rueda de prensa conjunta mientras el resto de líderes debatían las inocuas conclusiones del Consejo sobre el sector energético.

Para ella, el cumplimiento de esas normas es imprescindible para que Alemania acepte ampliar y flexibilizar el fondo de apoyo al euro, una negociación casi cerrada que ayudará a consolidar la paz con los mercados que persiguen países como España, Portugal, Bélgica o Italia.

Sus planes recibieron un espaldarazo en cuanto a la filosofía, ya que la zona euro es favorable a una mayor integración económica. Sin embargo, cuando se debatieron los detalles, "Está claro que las posiciones en el seno del Consejo son divergentes, pero es normal en un tema de tanta envergadura", según admitió el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.

La propia Merkel confesó que "no hubo entusiasmo en todos los países" y Sarkozy reconoció no estar de acuerdo "en todas las ideas".

El presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, reconoció al término de la cumbre que se había producido "una larga discusión, pero es normal porque se trata de dar un paso muy importante en la coordinación económica y no se puede hacer a la ligera".

Ni siquiera Francia parece compartir por completo las propuestas de Alemania, que oscilan desde las medidas de política fiscal (armonización de la base del Impuesto de Sociedades) hasta las destinadas a facilitar la movilidad laboral (reconocimiento mutuo de los títulos de educación).

España sí que apoyó los términos generales del Pacto, aunque en el tema de las revisiones salariales según la inflación Zapatero se mostró dispuesto a defender el modelo de la negociación salarial.

En disciplina presupuestaria, en cambio, el presidente del Gobierno anunció que está dispuesto a un endurecimiento de la norma actual (Ley de Estabilidad Presupuestaria) para aumentar el control del gasto de las comunidades autónomas. La fijación de un techo de gasto regional debería discutirse con el PP, para extenderlo a todas las comunidades.

Las críticas al Pacto también se refirieron a su diseño formal. La Comisión Europea y el Parlamento Europeo, en concreto, expresaron su rechazo a la intención de Alemania de excluir a las instituciones europeas de la aplicación del futuro Pacto.

El presidente del Parlamento recordó que ese error ya se cometió con la llamada Agenda de Lisboa (pactada en 2000 en la capital portuguesa) y se tradujo en un rotundo fracaso en la consecución de los objetivos de modernización de la economía europea.

¿Requieren las exigencias de Merkel nuevos y dolorosos sacrificios?

Según Zapatero, corresponde a los sindicatos y a la patronal pactar la propuesta más sensible, desvincular la evolución de los salarios de la de los precios.

Zapatero señaló que "el mal modelo es un modelo rígido", porque garantizar la indexación automática de los salarios conducirá a la destrucción de empleo si se produce una nueva crisis.

Los gobiernos de Austria y Bélgica rechazaron gran parte de la propuesta de Alemania. La Comisión Europea y el Parlamento Europeo, que se sienten ninguneados por el rodillo germano, apoyaron la protesta.

El 1er. ministro belga, Yves Leterme, y Jean Claude Juncker, 1er. ministro luxemburgués (y, a la vez, presidente del Eurogrupo), no dudaron en oponerse.

"No estoy en absoluto de acuerdo", dijo Leterme, que se mostró a favor de una mayor coordinación económica, pero advirtió de que Bélgica "no aceptará que su modelo de concertación social sea desmantelado".

"No veo ninguna razón para decir que abolir la indexación permitirá mejorar la competitividad de mi país o de la zona euro", añadió Jean Claude Juncker. Ambos países garantizan la indexación salarial por ley.

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