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La Bioenergía, un nuevo mercado para la agricultura

Considerando la importancia del sector primario en la Argentina, la biotecnología debería ser una política de Estado. Mientras tanto, algunas noticias.

BUENOS AIRES (Newsletter de Economía). Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva era de la agricultura.
Hasta ahora, y desde los albores de la humanidad, el destino principal
de las cosechas era proveer recursos alimenticios básicos. Ahora se
abre la era de los biocombustibles, que implican la irrupción de los
commodities agrícolas en el imponente mercado de la energía.
Todos los días se reciben noticias acerca del avance de los
biocombustibles en el mundo. Y cada vez con más frecuencia y
consistencia, los analistas vinculan el precio de los granos con los de la
energía.
En el Chicago Board of Trade, donde se forman los precios agrícolas,
desde hace un año cotiza el etanol de maíz, que compite con la nafta.
Ya se muelen para producir etanol unas 30 millones de toneladas de
maíz, el 10% de la cosecha estadounidense y equivalente a dos
cosechas argentinas "modelo 2006".
Algunos estiman que esta nueva demanda explica al menos un 5% de mejora en el precio del cereal.
En otras palabras, sin el fomento al etanol, el maíz valdría 4 o 5 dólares
menos la tonelada. Los productores pampeanos, que toman los precios
de Chicago, abrevan de esta tendencia, aun cuando en el país el
desarrollo de los biocombustibles esté demorado.
La revista Oil Word, de enorme influencia en el mercado de
oleaginosas, cada vez más se relaciona el precio de los aceites
vegetales (materia prima del biodiesel) con el del gasoil.
La semana pasada, el informe diario de Prudencial (una poderosa operadora de fondos de inversión) sostenía que el precio del aceite de soja se arbitraba con el del "heating oil" (gasoil) en Nueva York, que es la referencia de los refinadores de petróleo.
El heating oil había llegado a los US$ 0,60 el litro (US$ 550 dólares la tonelada), bien por encima de los US$ 450 la tonelada para el aceite de soja).
En su análisis, la consultora decía que a pesar de los altos stocks de aceites vegetales, los precios tenían sostén porque en estos niveles el biodiesel es altamente rentable.
Estos hechos tienen un especial significado para la Argentina, primer
exportador mundial de aceite de soja y girasol, y segundo exportador
mundial de maíz.
La primera buena noticia es que ambos mercados están y van a estar cada vez más signados por los precios de la energía. La consecuencia inmediata es que si los precios de los commodities incorporan la componente energética, lo mismo sucederá con el valor de la tierra.
Así que si los jeques árabes o los Chávez son más ricos, también lo serán los chacareros pampeanos, con la ventaja de que éstos operan sobre un recurso renovable.
El otro driver poderoso es la conciencia ambiental, bajada a tierra con
el protocolo de Kyoto. A través de distintos sistemas (Mecanismos de
Desarrollo Limpio, trading de bonos de carbono) hay una fuerte
corriente de inversiones a nivel mundial para el desarrollo de los
biocombustibles. Desde esta óptima, el nuevo paradigma no es que el
petróleo se acaba, sino que se acaba el aire.
Aún sin hacer nada, la Argentina va a obtener ventajas de esta
tendencia inexorable. Por el solo hecho de contar con superficie de
captación solar, con buenas lluvias y la extraordinaria competitividad
adquirida en los últimos años.
Contamos con el cluster sojero más eficiente del mundo, nadie produce cereales a menor costo y el girasol argentino es imbatible.
Sin embargo, no hacer nada significa desaprovechar una oportunidad única, clarísima: liderar el mercado mundial de combustibles renovables. Lamentablemente aún no se cuenta con la esperada ley de biocombustibles, y la que está en debate es una licuación del proyecto originalmente aprobado en el Senado.
Pero por lo menos se mantiene la idea del corte obligatorio de la nafta y
el gasoil con un 5% de biocombustibles.
A nivel global, en el caso del biodiesel, las cifras son impresionantes. El
mundo consume 1.100 millones de metros cúbicos de gasoil, y la
producción total de aceite vegetal es de 100 millones.
Para obtener un litro de gasoil, hace falta un litro de aceite. Así que cualquier cosa que se haga, moverá la aguja.
Las nuevas inversiones en el complejo sojero llevarán la capacidad de crushing a cerca de 40 millones de toneladas por año, que entregarán 6 millones de metros cúbicos de aceite crudo.
Aquí está la gran esperanza. Cuando antes se cuente con un marco
apropiado, que sirva de base a una política de Estado en materia de
biocombustibles, mejor se aprovechará la oportunidad de este nuevo
mercado.
Oportunidad para los productores del campo, que podrán incursionar en nuevos negocios de valor agregado.
Oportunidad para el cluster de oleaginosos.
Oportunidad para las empresas de energía, que saben que deben avanzar hacia los recursos renovables.
Oportunidad para el medio ambiente, que también tiene sus urgencias.
Empleo, inversión, valor agregado. ¿Será sólo un sueño?

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