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Merrill confía en que BlackRock mejore los resultados

El acuerdo entre Merrill Lynch y BlackRock, señal de grandes cambios en los servicios financieros, afirma un contenido especial de Wharton Universia:

Cuando una empresa vende una parte relevante de sí misma a otra empresa, es habitual que los mercados financieros consideren que una de las empresas es la ganadora y la otra perdedora. Éste no es el caso de Merrill Lynch, que a mediados de febrero decidía vender su negocio de gestión de activos a BlackRock, una gestora especializada en inversores e instituciones pudientes, y conocida por su marcada preferencia por los bonos y productos de gestión de riesgos

Los analistas e inversores se felicitaban, empujando al alza las acciones de ambas empresas. Con la adquisición de los fondos de capital riesgo de Merrill, valorados en US$ 539.000 millones, BlackRock ampliará rápidamente su oferta de fondos y acciones e incrementará su atractivo para los minoristas.

Si gracias a este acuerdo BlackRock es capaz de mejorar los resultados y el atractivo de la decepcionante unidad de gestión de fondos de Merrill Lynch, esta última empresa habrá hecho bien adquiriendo algo menos del 50% de BlackRock.

La transacción ha sido valorada en unos US$ 9.000 millones, que es el valor de la participación que Merrill adquirirá en BlackRock, suponiendo eso sí que el acuerdo se complete a finales de año. El acuerdo convertirá a BlackRock en una de las mayores gestoras de activos del mundo, con cerca de US$ 1 billón en activos y 4.500 empleados en 18 países.

Pero el éxito no está garantizado. Merrill espera encontrar una puerta de salida para su decepcionante decisión de introducirse en una de las mayores modas pasajeras de finales de los 90: los "supermercados financieros", esto es, las gestoras donde se puede adquirir todo tipo de servicios financieros. Y BlackRock deberá cruzar los dedos para que los inversores no la consideren una subsidiaria de facto de Merrill, heredando los problemas de Merrill sin añadir valor alguno a su propio negocio de gestión de activos.

El acuerdo es una señal evidente de que las cosas han cambiado en el sector de servicios financieros, afirma Andrew Metrick, profesor de Finanzas de Wharton. "Hace cinco o diez años, los bancos de inversión quisieron introducirse rápidamente en el negocio de gestión de activos, y ahora quieren salirse de él".

En opinión del profesor de Finanzas de Wharton, Richard Herring, Merrill se ha visto obligada a adaptarse a un entorno cambiante. "Considero este acuerdo como otra respuesta al problema de conflicto de intereses que se plantea al vender fondos de inversión a través de nuestra propia red de gestores", dice.

Los supuestos beneficios de los supermercados financieros se desvanecen

Al igual que muchas empresas de servicios financieros, Merrill lleva luchando desde hace tiempo contra la naturaleza cíclica de los ingresos. En la banca de inversión los ingresos–fundamentalmente comisiones por ejecutar ofertas públicas iniciales y otras transacciones-, son muy volátiles. Operar con los activos de la propia empresa genera beneficios algunos años, pérdidas en otros. Los ingresos por comisiones dependen de la intensidad de las transacciones de los inversores, la cual varía según el mercado suba o baje.

En los 90, muchas empresas consideraron que la gestión de activos –que incluye una variedad de productos como fondos de inversión y cuentas gestionadas personalmente por los clientes- podía ser parte de la solución. Los ingresos procedentes de las comisiones por transacción fueron dando paso lenta y previsiblemente a comisiones por activos gestionados.

Además, muchas empresas esperaban obtener "ventas cruzadas". Por ejemplo, los brokers aconsejarían a los clientes los fondos propios de la empresa, lo cual generaría ingresos a través de las comisiones por venta y también anuales.

La idea del supermercado financiero fue gradualmente desarrollándose como un modo para explotar el atractivo de "las tiendas donde puedes comprar de todo"; estas empresas consiguen atraer y retener a sus clientes, a los que les ofrecen todo tipo de productos mas allá de las cuentas y fondos de corretaje, incluyendo hipotecas, seguros y otros productos que tradicionalmente ofrecen los bancos.

"Para mí al principio tenía sentido", decía Metrick. "Pero creo que, en general, las empresas se están dando cuenta de que en los servicios financieros las gestoras especializadas están compitiendo de una modo bastante efectivo frente a las generalistas".

Las gestoras especializadas, por ejemplo empresas de fondos de inversión como Fidelity y Vanguard, han obtenido muchos mejores resultados a la hora de atraer inversores de fondos que las empresas multi-funcionales como Merrill, que ha sufrido reducciones netas de activos en forma de fondos desde finales de los '90.

Un motivo, dice el profesor de Finanzas de Wharton Jeremy Siegel, "es que las grandes empresas de corretaje no han obtenido buenos resultados. Cualquiera puede ver objetivamente que sólo a unas pocas les ha ido bien. Las comisiones son altas y los resultados son extremadamente mediocres".

Merrill tiene unos 61 fondos de inversión de capital variable. Según Morningstar, empresa estadounidense que recopila datos sobre fondos de inversión y elabora ránkings, cerca del 63% son fondos que cobran comisiones por ventas. Fidelity y Vanguard no cobran comisiones por ventas en ninguno de sus fondos. Los fondos de Merrill Lynch generalmente obtienen una calificación Morningstar inferior.

Por ejemplo, los fondos de inversión estadounidenses obtienen tres puntos sobre cinco, mientras Fidelity obtiene 3,5 y Vanguard 3,7. Los gastos anuales asociados a los fondos de Merrill son 1,21%, los de Fidelity 0,73% y los de Vanguard 0,22%.

A lo largo de la década pasada, los asesores financieros independientes animaron a los inversores a alejarse de fondos que cobrasen comisiones por ventas o anuales, poniendo las cosas difíciles a fondos como los de Merrill. Estudios anuales realizados por la Investment Company Institute (ICI) –asociación de instituciones de inversión colectiva estadounidense- muestran que efectivamente los inversores se han centrado en fondos con comisiones bajas.

El ICI afirma que entre el año 2000 y 2004, el flujo de caja neto anual de fondos con comisiones por ventas pasó de US$ 80.000 millones a US$ 38.000 millones, mientras los fondos sin dichas comisiones crecían de US$ 96.000 millones a US$ 136.000 millones.

Otro problema con las empresas que ofrecen todo tipo de servicios financieros es que no han sido tan atractivas para los inversores como sus defensores esperaban.

"Mucha gente no quiere confiarle todo a la misma persona", sostiene Siegel. "Les gusta una segunda opinión … Para muchas personas los supermercados financieros están bien, pero muchos otros prefieren distribuir algo su dinero".

Siegel señala que los primeros supermercados de alimentación proporcionaron comodidad y precios bajos para los mismos productos que podían adquirirse en establecimientos especializados. Pero los supermercados financieros a menudo no ofrecen los mismos productos que se pueden adquirir en otras partes, y los costes son frecuentemente más altos que los de los competidores".

Es más, la comodidad que ofrecen los supermercados financieros no es todo lo que hay que valorar, añade Siegel. Con Internet se han facilitado las compras. Y aunque los defensores de los supermercados financieros han subrayado el valor de tener toda la información financiera condensada en un único informe mensual, ahora los programas de software financiero pueden hacer eso automáticamente recopilando toda la información online. Algunas empresas de fondos de carácter independiente, como Vanguard, ofrecen en la actualidad informes que incluyen información sobre las cuentas de otras empresas, eliminando cualquier ventaja que los supermercados financieros pudieran haber disfrutado.

Conflictos de intereses

Muchas grandes empresas como Merrill tenían la esperanza de que, ofreciendo una amplia variedad de productos y servicios al por menor, pudiesen atraer al "dinero perezoso" en manos de los inversores que siguen las recomendaciones de la empresa sin rechistar, sostiene Siegel. De este modo las empresas podrían dirigir a los clientes hacia sus propios fondos y otros productos de su propiedad.

Pero luego vinieron los escándalos de conflictos de intereses de los últimos años. En 2002, Merrill pagaba US$ 100 millones en multas después de que los reguladores descubriesen que los analistas de la empresa habían recomendado acciones que en realidad no eran tan buenas. En otras empresas, como Morgan Stanley, se descubría que los brokers recomendaban fondos de la propia empresa en lugar de otros fondos mejores, a menudo porque recibían altas comisiones por las ventas de fondos de la casa.

Estos y otros conflictos sensibilizaron a los inversores ante el tema de conflicto de intereses, reduciendo el atractivo que tenían los fondos propios de las grandes empresas de corretaje, señala Herrring. Antes de los escándalos "se pensaba que ser capaz de utilizar las redes de brokers propias para vender fondos de inversión propiedad de la empresa constituía una enorme ventaja. Pero en cuanto la Securities and Exchange Commission cuestionó los sistemas de incentivos establecidos para motivar a los brokers, las redes propias de brokers dejaron de ser un activo para convertirse en un pasivo. Es más, a los clientes les empezó a preocupar la posibilidad de estar recibiendo consejos sesgados".

Las empresas también se dieron cuenta de que los asesores de determinada firma de corretaje eran poco proclives a recomendar fondos que llevasen nombres de empresas rivales, explicaba Metrick; asimismo Siegel señalaba que cada vez son más los inversores que acuden a aquellos asesores independientes que los mantienen lejos de los fondos de la propia gestora y les recomiendan fondos independientes. Así, las grandes empresas de servicios financieros han perdido interés en algunos de los elementos fundamentales del "supermercado financiero", como es la gestión de activos.

El pasado junio Citigroup, originariamente uno de los máximos defensores del "modelo supermercado", vendía su negocio de gestión de activos a Legg Manson a cambio de su negocio de corretaje. (Unos meses antes Citigroup había vendido su unidad Travelers de seguros de vida). Recientemente Morgan Stanley intentaba vender su negocio de gestión de activos a BlackRock en un acuerdo que no llegó a buen puerto. El pasado año American Express escindía su negocio de fondos.

El acuerdo entre Merrill y BlackRock es un intento de matar dos pájaros de un tiro. En lugar de deshacerse totalmente de las operaciones de gestión de activos, tal y como Citigroup hizo, Merrill seguirá teniendo presencia en dicho negocio a través de su participación de casi el 50% en BlackRock.

Merrill confía en que BlackRock puede mejorar los resultados de la gestión de activos, y que cambiando el nombre de los fondos puede desaparecer toda preocupación de los inversores por temas de conflictos de intereses. El riesgo existe y la apuesta de Merrill es muy alta. Los inversores que conocen de la existencia de la participación de Merrill en BlackRock podrían tener el mismo viejo conflicto si los brokers de Merrill recomiendan los fondos de BlackRock.

Los inversores desde luego podrían acudir a determinado fondo por sí mismos, o a través de asesores no afiliados a Merrill. Pero no está muy claro que BlackRock pueda atraer a estos inversores.

"El potencial problema", dice Herring, "es que Merrill Lynch es una marca minorista bien conocida pero BlackRock no. BlackRock tiene una excelente reputación en el mercado mayorista, en especial sus productos de renta fija, pero será muy complicado aprovechar dicha reputación para crear una marca en el mercado minorista".

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