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"No odio a mi país. Yo lo amo. Por eso hago lo que hago"

Para los Oscar de este año, George Clooney postula por partida doble. Como mejor director en "Good night and good luck" y como mejor actor secundario en "Syriana". Dos cintas en las que deja traslucir su lado opuesto al de sex symbol. Ese que habla de un tipo político, que mira con escepticismo a las autoridades, que es cercano a los liberales y enemigo acérrimo del presidente Bush. Este es el Clooney de la trinchera.

Desde que tiene 25 años, George Clooney anda trayendo en su bolso la Constitución de los Estados Unidos. Un documento necesario para quien no se le escapa nada a la hora de defender lo que piensa. La idea la sacó de un libro de Fred Friendly, productor de la CBS en los años '50, donde cuenta que lleva la Carta Fundamental a todos lados.

Un dato que es algo más que anecdótico, si se considera que hoy, a los 44 años, el actor encarna a Friendly en "Good night and good luck", película por la que postula al Oscar como mejor director.

La cinta muestra cuando, en la década de los '50, el periodista Eduard Murrow encara al senador Joseph Mc Carthy -famoso por su "caza de brujas" contra los comunistas- y con ello marca el inicio del fin de su carrera política. De esta forma, Clooney hace una crítica acérrima a la cultura del miedo. Y, de paso, hace ver al espectador que reprobar a la autoridad no es malo. Aunque ha hecho películas románticas y comedias negras, este actor considerado uno de los sex symbols de Hollywood está en una época en la que prefiere provocar. "Todo tiene su momento y su lugar, y ahora me apetece hablar de algo más en mis películas", ha dicho.

Así también lo hace en "Syriana", cinta en la que interpreta a un agente de la CIA (postula al Oscar como mejor actor secundario) y que critica la intervención de USA en las políticas petroleras de Medio Oriente. A Clooney no le gusta callarse. No lo hace en sus filmes y mucho menos fuera de la pantalla. Saca las garras para hablar de la gestión de Bush, la invasión a Irak o la corrupción. Pero deja claro que él no quiere ser un Ronald Reagan, un actor que se transforma en político, pues su cruzada es la de un ciudadano más. Lo ha reconocido con humor: "He bebido demasiado y tomado demasiadas drogas. Sería un político horrible".

Camino al cielo

Clooney creció en la época de gloria de la televisión estadounidense. Y la vivió de cerca. Su padre, Nick Clooney, era un reconocido periodista y animador de Cincinnati. George lo acompañaba a los estudios y en algunas ocasiones subía al escenario, inundándolo de humor.

Pero fue el periodismo de su padre el que le forjó su visión de la vida. Nick le hacía leer los diarios con una postura crítica y ver películas como "Todos los hombres del Presidente". Creció viendo a su padre pelear con políticos y tomando cartas en el asunto cuando algo no le parecía apropiado. Al principio, esa actitud paterna le molestaba. Pero con el tiempo, la fue adoptando. "Mi padre me enseñó que uno tiene que jugársela por lo que es correcto. Y ahora estoy muy feliz de que lo haya hecho".

A los 13 años trabajó en la campaña política de un gobernador y peleaba por lo que quería. Aunque no siempre lo lograba: cuando salió del colegio, quería ser jugador de béisbol profesional, pero no fue aceptado por el Cincinnati Reds. Luego tuvo una breve pasada por Periodismo. Hasta que su tío, el actor José Ferrer, llegó a Kentucky y lo animó con la actuación.

Ferrer fue a hacer una película en la que Clooney hizo un papel pequeño. La cinta nunca se terminó, pero convenció a George de que debía seguir en eso. A su padre no le gustaba la idea, pero él no se dio por vencido. Vendía zapatos de mujer para poder irse a Hollywood. Una vez allá, estudió en el Beverly Hills Playhouse, al tiempo que era el chofer de su tía Rosemary y vivía en el clóset de un amigo.

La oportunidad llegaría en 1984, cuando la serie "ER" lo convirtió en una cara reconocible. Empezaron las ofertas cinematográficas, aunque de bajo perfil y nada exitosas. En 1991, incluso, Ridley Scott lo rechazó para el papel que finalmente hizo Brad Pitt en "Thelma & Louise". Recién cuando protagonizó la nueva "ER", en 1994, logró conquistar a las grandes productoras. Los primeros en creerle fueron Quentin Tarantino y Robert Rodríguez, quienes lo incluyeron en "Del crepúsculo al amanecer".

Liberal innato

Luego de pasar por películas de corte romántico ( "Un día muy especial") y otras de acción ( "Batman y Robin"), Clooney comenzó su ascenso. En 1998, luego de filmar "Un romance peligroso", se asoció con Steven Soderbergh y formaron la productora Section Eight.

Después de eso, y más llamadas de los directores, se empezaría a ver al Clooney más político. "He tomado las batallas de mi padre. Peleo las batallas que él peleó", ha dicho, y con toda razón. Porque, de a poco, empezó a participar en películas que tenían el mensaje que él quería entregar.

En "The peacemaker" se habla de las políticas norteamericanas en temas nucleares. En "Tres reyes", interpreta a un ambicioso soldado a fines de la guerra del Golfo, que pone de manifiesto la ligereza con que los uniformados se tomaron esa guerra, primando su afán capitalista sobre el deber patriótico.

Después de "Tres reyes", a finales de los '90, Clooney abandonó "ER". Las propuestas cinematográficas no le dejaban tiempo para la TV. Coincidió, además, con la llegada de George W. Bush al poder. El actor tomó una postura totalmente anti-gobierno. "El problema es que elegimos un mánager y lo que necesitamos es un líder. Enfrentémoslo: Bush es sólo un débil", señaló.

Clooney es un liberal innato, con un fanatismo que llega hasta los lugares más privados: en el baño de su casa tiene una foto de una visita que hizo Jimmy Carter al set de "ER". Estuvo, por supuesto, contra la guerra en Irak, lo cual le hizo ganarse una portada en una revista donde aparece junto a Michael Moore, Sean Penn y Tim Robbins bajo una franja que dice "Traidores". A Clooney no le importa.

Son las reglas del juego: hace unos días señaló que "si crees en la libertad de prensa, no puedes demandar tu derecho a decir lo que piensas y no aceptar lo mismo de los que se oponen a ti".

Pero no se quedó de brazos cruzados: hizo unas pancartas con personajes públicos que se oponían a la guerra -Jimmy Carter, Nelson Mandela y otros- y las envió a los medios de manera anónima. Porque su manera de protestar es siempre de bajo perfil. Lo que a él le interesa es armar discusión y ser delicado para opinar, por lo cual no se siente cercano a Moore. "Yo no voy y digo 'mira lo que están haciendo estos idiotas'".

Pero Clooney es político en todo el sentido de la palabra. Luego de la caída de las Torres Gemelas, participó en "La gran estafa" para recaudar fondos para los familiares de los damnificados. Además, tuvo problemas con el presentador de programas políticos Bill O'Reilly, quien dijo que los fondos de la cruzada organizada para esa causa habían sido mal utilizados por la Fundación 11 de Septiembre.

Con esa excusa, invitó a su programa a Clooney y otras personalidades del espectáculo. El actor se negó a ir, pues consideró que O'Reilly los estaba usando para levantar su show y no para debatir sobre el dinero. Incluso, mandó una carta a los medios explicando su malestar.

Eran libertades que Clooney ya se podía tomar, pues tenía un espacio hecho en Hollywood. Ya se había ganado un Globo de Oro al Mejor Actor por "Oh Brother, Where Art you?", de los hermanos Cohen, con quienes siguió trabajando además de Soderbergh y Rodríguez.

Un año después, en 2002, debutó como director, con "Confesiones de una mente peligrosa", una cinta de bajo presupuesto, elogiada por la crítica e ignorada por los espectadores.

La película está basada en la "autobiografía no autorizada" de Chuck Barris, el conocido productor de concursos de TV de los 60, quien habría sido también agente de la CIA. Aunque no se sabe si la historia es totalmente verídica, Clooney se decidió a filmarla con una mirada irónica a la CIA. Aunque en principio Clooney no la iba a dirigir -sólo actuaría-, decidió tomar el guión de Charlie Kauffman cuando el anterior director lo dejó. "Nunca quise dirigir. No pensé que tenía los conocimientos para hacerlo. Pero había un excelente guión que no se había realizado".

Entre el amor y el odio

Su postura contra Bush ante la guerra de Irak le significó el odio de muchos. Incluso fue ridiculizado en la serie de animación "Team American".

Ello pasaría inadvertido si no fuera porque sus creadores son los mismos de "South Park", donde Clooney prestó su voz. En esos días, el director disparaba contra republicanos y demócratas. Repetía que él no veía una conexión entre los atentados de Al Qaeda y Saddam Hussein y que le molestaba que los demócratas dijeran apoyar la guerra y se excusaran luego preguntando "¿Hemos sido engañados?". "No, no han sido engañados. Ustedes tienen miedo de ser tildados de antipatrióticos", les encaraba.

Tal franqueza le ha traído algunas limitaciones. El 2004 su padre se presentó a un cargo estatal en Kentucky, pero él no pudo ayudarlo, pues sentía que su imagen de hollywoodense anti Bush lo podría perjudicar. Así también pasó cuando John Kerry le pidió que lo apoyara en su campaña para las presidenciales de ese año. Le contestó que no, "pues nos tacharán de liberales y me parece peligroso ponerse a hablar de ello".

Sus provocativas declaraciones lo han perjudicado también en proyectos cinematográficos. Él mismo ha dicho que algunos productores y directores ya no quieren trabajar con él, pero que eso "no es nada comparado con lo que ocurrió a muchos miembros de la comunidad durante la caza de brujas".

Ése es justamente el tema que lo tiene ocupado hoy y que trata en su segunda película como director, "Good night and good luck", que se estrena el próximo jueves en Chile. El mensaje de la cinta es claro: todos tienen derecho a cuestionar a la autoridad, sin miedo a sentirse antipatriotas.

Si bien "Good night and good luck" es una película situada en los 50 y filmada en blanco y negro, tiene mucho de actual. Enfatiza en el tema del miedo que crean los gobiernos para limitar la libertad personal. Clooney ha dicho que algunos puntos de la Ley Patriótica proclamada por Bush -que estipula que se puede revisar la casa de una persona sin notificarla- "parecen deslizarse hacia experiencias que este país vivió en la era de McCarthy".

Lo que a Clooney le importa es generar discusión: "Yo no le digo a nadie 'esto es lo que debes pensar'. Sólo hago preguntas". Para interiorizar a los actores con la época del filme, todos los días de rodaje les pasaba un recorte del diario de 1953. La pasión por el tema de Eduard Murrow lo llevó a tanto, que estuvo dispuesto a que su sueldo fuera de sólo tres dólares para que la película saliera adelante. Y no quiso buscar un actor para que hiciera el papel de McCarthy.

Consideraba que para eso debía contratar "un payaso, porque eso era él", así que sólo usó imágenes de archivo.

Clooney quiere que aumenten las películas provocadoras. Quizás por eso se decidió a participar en "Syriana", de Stephen Gaghan, donde interpreta a un veterano de la CIA traicionado por la propia agencia de seguridad. Para darle más credibilidad al personaje, engordó 15 kilos en 30 días.

Una vez más, Clooney se incorporó a una cinta para generar debate. Aunque esta vez prefiere decir que "no es tanto un ataque directo a Bush, sino una reflexión sobre más de seis décadas de políticas fallidas en Oriente". De todas formas, les costó conseguir financiamiento, pues ningún estudio se creía eso de que el discurso no apuntaba hacia Bush.

No está en sus planes abandonar la trinchera: en julio fue a la reunión del G-8 en Escocia, anda trayendo una pulsera blanca que simboliza su participación en la campaña de la ONU contra el hambre y donó un millón de dólares a las víctimas de Katrina. Porque al final, Clooney -más allá de las arengas- lo que busca es ayudar. Y no duda en dejarlo bien claro: "Yo no odio a mi país. Yo lo amo. Por eso hago lo que hago, y digo lo que digo".

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