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CFK en el Reino de los Indecisos, y Macri apela a los independientes

El comicio 2019 requiere de una preparación meticulosa, con un esmerado trabajo de subnichos, todo consecuencia de la paridad que establece el escenario de 3 tercios, que persiste hace tiempo. Nadie cree que habrá un triunfo rotundo, sin necesidad de balotaje. También es conocido que falta mucho por recorrer aún. Sin embargo, aquí hay algunos datos imprescindibles.

Hace mucho tiempo en nuestro país se habla de la grieta. Y en algo tienen razón aquellos que impulsaron este concepto: la sociedad argentina vive tensionada por grandes diferencias ideológicas. Aunque, a decir verdad, no es tan cierto que los argentinos estén divididos en dos bandos. La cuestión es mucho más compleja como ocurre con cualquier aspecto que se relacione con las ciencias sociales y vale la pena tenerla en cuenta como punto de partida del análisis del escenario electoral que se avecina.

Desde que estallaron las lealtades tradicionales del voto, allá por el fin de la convertibilidad, un contrato social que había contenido a la economía por alrededor de diez años, los argentinos comenzaron a organizar su voto alrededor de la aceptación o rechazo de la gestión que comenzó Néstor Kirchner en mayo de 2003. En tal sentido, la sociedad se dividió en tres segmentos:

* los oficialistas (apoyaban la gestión K),

* los independientes y

* los opositores.

El peso de estos segmentos fue variando a lo largo de la gestión K. Desde el punto de vista electoral, el kirchnerismo consiguió su punto más alto en las elecciones presidenciales de 2011, alcanzando el 54% de los votos.

En las presidenciales del 2015, la campaña de Cambiemos fue estructurando su crecimiento en dos etapas:

* primero convirtiendo a Mauricio Macri en el principal referente del entonces voto opositor;

* luego, frente al ballotage, supo seducir a la mayor parte de los independientes, y así imponerse a Daniel Scioli.

En la actualidad

* los oficialistas, quienes en definitiva apoyan a ultranza a la gestión de Macri, representan al 22.4%,

* los independientes al 27,4% y

* el segmento opositor ha crecido notablemente a lo largo de los últimos doce meses hasta llegar al 50% de los argentinos.

Si se tiene en cuenta esta segmentación, es lógico que el primer dato que se desprende es que, tomando la intención de voto como un indicador predictivo, se detecta una tendencia que favorece a la oposición.

La proporción promedio es 50 a 30, un guarismo que favorece de manera notable al voto opositor y que deja al descubierto el malhumor social que impera por estos tiempos en nuestro país.

El oficialismo queda concentrado en su núcleo duro y la presencia de independientes tendenciosos que lo acompañaron en 2015 y que, a pesar de su enojo con la economía, lo siguen apoyando. Esto explica que la imagen de Macri se ubique en torno al 35% y la aprobación de su gestión baje a 30%.

Hacia el interior del voto opositor, el peronismo (incluyendo a sus dos espacios) retoma el histórico piso del 45%, con una neta preponderancia del espacio representado por dos marcas: Unidad Ciudadana y el histórico Frente para la Victoria, dado que logran más del 32% de la intención de voto por partido, superando de manera notoria el Peronismo Federal, hoy representado por la marca Alternativa Federal, un conjunto de dirigentes y gobernadores, entre los que sobresalen Sergio Massa (dicho sea de paso, el mejor representante de tal espacio, aunque bastante por debajo de Cristina), Juan Manuel Urtubey, Roberto Lavagna y Miguel Ángel Pichetto.

Cuando se ponen nombres propios de candidatos a la intención de voto, CFK lidera, ya que ella recupera prácticamente la totalidad del potencial de la marca. Supera por dos puntos y medio a Mauricio Macri representando a Cambiemos.

Es cierto que aún queda un largo camino que recorrer, que estas son las primeras fotografías anticipadas, pero el dato es fuerte: si las elecciones fuesen el próximo domingo CFK se impondría en la primera vuelta, aunque hasta el momento no le alcanza para superar la barrera del ballottage.

Y esto es así ya que Mauricio Macri, recibe el impacto de la economía en su imagen negativa y esto influye notablemente en la intención de voto y no logra recuperar la posibilidad que le brinda su propia marca.

La conformación de un frente electoral opositor es una opción muy concreta que, además, seduce a la mayor parte de los argentinos.

Sin embargo, hasta el momento, tal frente peronista opositor no se ha materializado y la posibilidad de segunda vuelta no hay que descartarla.

Frente a cada escenario (siempre midiendo a Macri contra un candidato opositor de extracción peronista), la gente se divide por tercios. Con sutiles diferencias y variaciones según el candidato medido: un tercio para Macri, otro tercio para el candidato opositor y un último tercio para los indecisos.

CFK, al menos en esta fotografía, es la única que se impone a Macri por apenas un punto y Sergio Massa pierde por una diferencia similar. Como puede notarse, ambos escenarios en zona de empate técnico.

Por lo visto, la llave del eventual ballottage descansa en los indecisos, quienes son los que, en definitiva, dicen que votarán en blanco o no contestan.

Si se tiene en cuenta el único ballottage realizado en 2015 en nuestro país, fueron muchos menos los que terminaron votando en blanco y, finalmente, concurrieron a las urnas muchos de los que, en un principio, planteaban no votar, dado que tenían imagen negativa de ambos candidatos.

Estos indecisos representan un valor porcentual significativo, que le adiciona más incertidumbre. Falta un largo camino por recorrer y proponerse modelizar un resultado es, al menos, temerario.

En cambio, se pueden pensar en hipótesis y aproximaciones. El insumo de base, en este caso, consiste en cruzar a los indecisos por la variable actitudinal y analizar los segmentos que en mayor medida prevalecen cuando se habla del escenario de segunda vuelta más polarizado que es entre CFK y Macri.

El Presidente llega a la segunda vuelta con el apoyo abierto del segmento de los oficialistas. Hoy por hoy son pocos y no le alcanza; dependerá sustancialmente de su poder de seducción hacia el interior del segmento de los independientes. En 2015 lo logró, en la actualidad ellos están muy enojados con la economía.

Cristina también tiene potencialidad de crecimiento y su desafío será seducir a los opositores que hasta el momento no optan por ella. Son muchos opositores que se acumulan en el grupo de indecisos y allí descansa la esperanza de la exPresidenta.

Mientras tanto, hay que mencionar que ella ha mejorado sus chances electorales en el correr del último mes, incluso ha comenzado a mejorar entre los independientes.

Es más que evidente que el posible enfrentamiento entre ambos es promesa del mayor nivel de polarización. Se caracterizan por tener un techo similar en la imagen negativa y si este escenario se produce es el que más tensión poseerá.

Sergio Massa es otro candidato que aún mantiene vivas las expectativas de superar a Macri, aunque en esta oportunidad esté en zona de empate técnico, apenas un punto por debajo. Dependerá del comportamiento de los independientes. En la elección de medio término en la provincia de Buenos Aires en 2017 le jugaron una mala pasada: la ancha avenida del medio finalizó convertida en una calle angosta.

Quedan muchas preguntas en el tintero: ¿Cristina será candidata? ¿Daniel Scioli se incluirá entre las alternativas? Obviamente, se abren oportunidades para otros dirigentes de su propio espacio, como ser Agustín Rossi o de peronistas más clásicos como Felipe Solá, que busca posicionarse como el candidato que mejor interpreta la oportunidad de potenciar el consenso opositor si Cristina no es candidata.

Como puede verse, pistas hay. Son tan solo hipótesis que con el correr del tiempo se irán definiendo. Hasta hoy es muy difícil arriesgar un resultado y, por lógica, nadie tiene nada asegurado.

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