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Macri 2019: La autoherencia como propuesta anti CFK

El informe de la Secretaría de Finanzas contiene una mala y una buena noticia. La 1ra. es que deuda pública ocupa en el 3er trimestre el 95,4% del PBI, que podría llegar al 100% si se cuentan los cupones PBI que vencen. La buena sería que el 40% no sólo no se pagará nunca (por corresponder a transferencias contables desde ANSeS, BCRA y otros organismos que difícilmente reclamen su cobro), sino que, al estar en pesos, las devaluaciones e inflación las erosionan. En las reservas internacionales también se cuentan las contribuciones de los mismos jugadores estatales, lo cual permite llegar a los US$56.000 millones registrados. Lo contante y sonante es que los intereses presupuestados para 2019 ascienden a unos US$15.000 millones y forman parte del gasto primario, que sí debe ser pagado. Para hacerle lugar, en lo que va de la Administración Macri la tijera fiscal cortó las erogaciones del 24% a 21,7% del PBI, pero la carga financiera a afrontar pasó del 1,3% a 2,9% del PBI. Los resultados muestran que no fue para desarrollar la economía, situar la inflación en el nivel de un país latinoamericano normal (que no sea Venezuela), ni para atacar el déficit de infraestructura, mejorar los ingresos de la población o los índices de pobreza. El riesgo-país es un compendio del desaguisado por el que Cambiemos pide otro mandato para arreglar.

La deuda con que cierra el balance del 3er año del mandato nacional obtenido en las urnas asciende a US$ 307.656 millones, por los que en 2018 se pagaron $ 397.960 millones de intereses y para 2019 se presupuestaron $596.000 millones, casi el 15% del gasto público.  

Para hacer lugar a ese equivalente a US$15.000 millones en las cuentas acordadas con el Fondo Monetario Internacional, el gobierno se sacó de encima una parte de los subsidios a la energía y al transporte convirtiéndola en tarifazos, al tiempo que redujo los pagos de obra pública y las erogaciones en personal, así como el aprovisionamiento del Estado.

Logró bajar 2,3 puntos del PBI netos, ya que por otro lado aumentó en 1 punto del PBI las prestaciones sociales y en 0,2 puntos las transferencias corrientes a provincias.

Sin embargo, la postal de un final de año a toda orquesta reflejaría:

-a la costa atlántica y cataratas colmadas de argentinos que antes se iban al exterior,

-al puñado de compatriotas que reservaron mesa de Año Nuevo en Punta del Este a $12 mil el cubierto,

-al comercio online, que creció 66% en el marco de la caída de más de 3 puntos en el consumo general (del que representan menos del 5%) y

-a la Administración Macri, finalmente, que celebra haber sobrecumplido las metas fiscales primarias comprometidas con el Fondo Monetario Internacional y se gratifica aumentando sus sueldos 25%.

El endeudamiento acumulado y la carga financiera que representa para el erario público no tienen correlato en haber domado la inflación, desarrollado la economía, atacado el déficit de infraestructura, repartido en salarios, incentivos al consumo, o en mejoras en la competitividad. Inclusive, entre 2015 y 2018 los ingresos nacionales cayeron en 1,1 p.p. del PBI.

El economista cordobés, Nadin Argañaraz, calcula que los intereses han subido 1,6 p.p. del PBI entre 2015 y 2018, y que de representar 1,3% del PBI saltaron a 2,9%, en tanto que el gasto primario que integran bajó de 24% a 21,7% del PBI.  

De modo que, por cada 1% que en estos 3 últimos años cedió el gasto primario total, el peso de los intereses de la deuda subió 0,7% y por ende ocupa un mayor espacio.

Tanto la ponderación de la deuda verdadera como de las reservas internacionales contiene algunos subterfugios contables, que la recurrencia de los administradores en echar el guante a los fondos de los jubilados suele refrescar, como acaba de suceder con la letra intransferible a un año que le canjeó compulsivamente el Tesoro para cerrar sus números.

Junto al Banco Central y otros organismos, terminan siendo acreedores de casi el 40% del monto total adeudado: son US$ 120.705 millones que nunca se cancelarán, por lo que en la práctica representan frazadas cortas, que destapan los pies para cubrir la cabeza.

El tributo ANSES

Lo dice el informe de la Secretaría de Finanzas, que encabeza Santiago Bausili, y lo analiza Ismael Bermúdez en un artículo que publica en Clarín, que la devaluación inclusive desvalorizó en 12 meses esa deuda con ANSeS y demás organismos públicos, en U$S 21.864 millones, debido a que tienen una mayor proporción de sus activos en pesos.

Como contraste, el endeudamiento con los fondos privados aumentó en U$S 8.388 millones y con los organismos internacionales en 15.424 millones, en especial por el primer desembolso del FMI.

En el Fondo, el BID o el Banco Mundial se concentra el 14% de la deuda, US$ 43.219 millones, y en el sector privado, US$ 143.733 millones, es decir,  44,6%, entre los diversos instrumentos financieros como Bonos y Letras.

A lo que podría agregarse el cupón PBI, que asciende a U$S 320.955 millones.

Anida en la interacción entre el comportamiento expansivo de la deuda, los intereses y el achicamiento de la economía el superelevado riesgo país con que se califica a la Argentina.

La secuencia de la negociación con el FMI lo dice todo: en el primer lance de junio, el organismo estimaba que la deuda pública podría subir en el año de 57,1 al 64,5% del PBI, para luego ir declinando, pero aún así, admitía que en un “escenario adverso” podía cerrar a fin de año en el 68,6% del PBI.

Llegó diciembre y el Fondo aplicó un pass through de la devaluación precedente que terminó elevando las previsiones al 78% de un PBI también licuado en dólares, ya que a fin de 2017 equivalía a US$ 540.000 millones y, en setiembre, el informe de Finanzas lo sitúa en US$ 322.500 millones, 40% menos en moneda fuerte.

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