En gran parte de las culturas antiguas, se celebraban festivales conmemorativos de los solsticios. Recordemos también que en la mitología de muchas culturas, el Sol era un dios, venerado a lo largo de la historia de muchas civilizaciones, como la egipcia, la mesopotámica, la mexica, la china, la japonesa, la griega, o en religiones como la hinduista, apunta Wikipedia. Se considera que el culto al Sol pudo ser el origen del henoteísmo (creencia religiosa que reconoce la existencia de varios dioses, pero considera que solo uno de ellos debe ser adorado) y posteriormente, del monoteísmo.
Muchas de estas celebraciones tienen lugar en junio, que es cuando sucede el solsticio de verano en el hemisferio norte, pero es interesante repasar algunas de ellas para observar aspectos que nos pueden servir para entender cómo podemos aprovechar mejor la energía del día más largo del año, que en el caso del hemisferio sur, toca en diciembre.
En la Antigua China, la ceremonia de solsticio de verano celebraba la tierra, lo femenino y las fuerzas del yin. En cambio el solsticio de invierno celebraba el cielo, la masculinidad y las fuerzas yang.
En Europa, las antiguas tribus germánicas, eslavas y celtas, celebraban el solsticio de verano con hogueras. Era la noche de festivales del fuego y de la magia del amor, de oráculos para el amor y la adivinación. Tenía que ver con los amantes y las predicciones, apunta Wikipedia.
Las parejas de amantes saltaban a través de las llamas ya que se creía que los cultivos crecerían tan alto como lo que las parejas fuesen capaces de saltar. A través del poder del fuego, al calor de la fogata las doncellas se enteraban acerca de su futuro marido, con lo que espíritus y demonios serían expulsados de la relación venidera.
Otra de las funciones de las hogueras era generar magia simpática, dando un impulso a la energía del sol para que se mantuviera potente en el resto de la temporada de crecimiento y así garantizar una cosecha abundante.
La idea de la "magia simpática" parece implicar que el momento en que más abunda la luz en el año, puede ser aprovechado para cuando nos toquen los días (o momento anímicos) más oscuros.
Es importante aprovechar este día de máxima energía, donde el Sol, fuente absoluta de vida, está más cerca nuestro, para llenarnos de calor interno, que nos ayude a soportar los momentos más fríos. Mucho en la vida depende de saber administrar lo que tenemos en las épocas de abundancia, ya que en las épocas de sequía no hay mucho que podamos hacer. Por eso, esta época de abundante luz, abundante energía y abundante calor, donde priman la esperanza, la risa y el abrazo, es bueno saber administrar estos recursos para no agotarlos, y que la llama quede encendida dentro nuestro para darnos calor interno en esos momentos del año en que lo necesitaremos, allá por esos días grises, fríos y lluviosos de julio/agosto.