Lo cierto es que la primera parte fue pésima, mal jugada, con muchas imprecisiones hasta la llegada del gol de Darío Benedetto. No obstante, en la segunda etapa, el elenco de la ‘Banda Roja’ logró una mejora notoria que le permitió forzar el duelo a la prórroga y aprovechar el hombre de más por la expulsión en el ‘Xeneize’ de Wilmar Barrios. Así, el equipo de Núñez pudo ganarle a su eterno rival y alzarse con la Libertadores, uno de sus máximos anhelos de esta temporada.
En la primera parte, los dos equipos mostraron mucho desorden dentro del campo de juego y no lograban asegurar la posesión de la pelota aunque, en esos minutos iniciales, el ‘Millonario’ estuvo cerca de ponerse en ventaja por parte de Gonzalo ‘Pity’ Martínez luego de un rechazo de Benedetto que rápidamente detuvo el arquero Esteban Andrada.
Más allá de esta situación de peligro, Boca al igual que River, lució perdido y no lograba hacer pie dentro de la cancha. Por otro lado, el ‘Xeneize’ estuvo apunto de abrir el marcador con una jugada de Lucas Olaza y de Cristián Pavón que Jonatan Maidana despejó mal y casi convierte gol en contra. De ahí, Pablo Pérez descargó un tremendo remate de ‘tijera’ luego de un rebote en el área que el guardavalla riverplatense, Franco Armani controló en la puerta de su arco.
Con el correr de los minutos, el partido era cada vez más pobre porque Boca jugaba muy tranquilo y River seguía sin reaccionar a causa de los nervios. Posteriormente, el ‘Millonario’ estuvo demasiado lento en los avances al campo rival pero no encontraba variantes en la ofensiva.
Recién a los 20’, de manera momentánea, el encuentro tomó un poco de temperatura por las situaciones que generaron Carlos Izquierdoz, Sebastián Villa y Cristián Pavón que forzaron la intervención de Armani.
Al margen del paupérrimo espectáculo, el árbitro uruguayo Andrés Cunha dio la mala nota por sus polémicos fallos ya que no recurrió al VAR, como debía, y se mostró demasiado permisivo. En el cierre y casi sin proponérselo, el ‘Pipa’ Benedetto definió de manera exquisita al arco de Armani y puso el 0-1 para Boca.
En tanto, en la segunda etapa, River estuvo mucho más recuperado y despierto a diferencia de la etapa inicial, salió decidido a llevarse la victoria.
Pese al buen inicio, el partido seguía sin generar emociones lo que derivó que Guillermo Barros Schelotto y Biscay hicieran mover el banco de suplentes.
Por consiguiente, el cambió le asentó bien al 'Millonario' que con un contragolpe de Lucas Pratto convirtió el empate 1-1, a los 23’.
Con la igualdad, el encuentro se tornó dramático de ida y vuelta porque el ‘Xeneize’ estaba desesperado por romper la paridad por parte de Nahitán Nández, uno de los hombres más desequilibrantes en el plantel boquense, Lucas Olaza y Villa que desperdiciaron sus posibilidades.
En el epílogo, Pablo Pérez se retiró enojado del campo de juego en lugar de Fernando Gago por tener una tarjeta amarilla; pero no todo terminó ahí, debido a que el ‘Millonario’ se dedicó a hostigar a Boca a pelotazo ‘limpio’.
Finalmente, todo terminó empatado y el pleito debió definirse en el alargue. En el primer tiempo, el ‘Xeneize’ parecía estar recuperado porque tenía más actitud de lastimar aunque todo se derrumbó por la expulsión injusta del colombiano Barrios por cometerle una falta Exequiel Palacios sin intención.
Por eso, el ‘Xeneize’ quedó condicionado por el hombre de menos y debió aguantar los embates del ‘Millonario’ que jugó mucho mejor y estuvo bien posicionado en la cancha.
En la segunda y última parte del alargue, con Boca ya entregado y desesperado por forzar una hipotética definición por penales que no llegó, Juan Fernando Quintero, a los 3’ y ‘Pity’ Martínez, a los 17’, sellaron la victoria y la cuarta Copa Libertadores para River.
El ‘Millonario’, que dejó de lado otros compromisos y sin hacer grandes movimientos en este último mercado de pases, pudo materializar merecidamente uno de sus máximos objetivos de esta temporada. Por otra parte, Boca, que reforzó todo su plantel, también dejó compromisos de lado y hasta buscó un arquero, se quedó con las manos vacías y sin festejo de fin de año.