Sabe muy bien entre lo que se pueda firmar en el alambicado lenguaje de la papelería protocolar y lo que pase de la mesa chica de poderosos lobbies como el de la Federación Industrial Paulista existe una grieta tan profunda, que desaconseja al poder entrante arriesgar los porotos del estreno.
Por otroa parte, el horno no está para bollos con la situación argentina, con lo cual no vale la pena apurarse.
El canciller Jorge Faurie, un especialista de carrera en las formalidades de la diplomacia, viajó ayer a Brasilia acompañado por el ministro de la Producción, Dante Sica, y el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Horacio Reyser, para abordar con el local Aloysio Nunes Ferreira, el uruguayo Rodolfo Nin Novoa y el paraguayo Luis Alberto Castiglioni las alternativas para avanzar en un acuerdo por el libre comercio con la Unión Europea.
Pero la presencia en la comitiva de los funcionarios operativos del área comercial obedeció más a la expectativa por la charla preliminar que concertó con el que será su par desde Itamaraty, Ernesto Fraga Araújo, con quien ya se cruzaron entre 1992 y 1994 en el propio Mercosur, en representación ambos de sus respectivas cancillerías.
Dias pasados, en Buenos Aires, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, había puesto reparos para el apoyo de su país al tratado en trámite del Mercosur con la Unión Europea supeditando las negociaciones a la posición que finalmente adopte Bolsonaro (por ahora en la negativa como Trump) sobre el Acuerdo de París contra el Cambio Climático, que intenta mitigar los efectos de los gases contaminantes, al que sí adhirió Argentina.
Y la futura ministra de Agricultura, Tereza Correa, de despachó con otra amenaza: que podrían abandonar el Mercosur si las normas del bloque (integrado junto con Argentina, pero también con Paraguay y Uruguay, mientras que Venezuela está suspendida) no son modificadas a favor de los intereses de los productores rurales brasileños.
Esperando a Bolsonaro
Sica fue pragmático: más allá de las declaraciones poselectorales de los brasileños a la prensa, que manifestó no estaban contextualizadas, “nosotros lo seguimos teniendo como prioridad, porque logró una mayor integración social y cultural, pero claramente hay que modernizarlo y ponerlo a la altura de las circunstancias, no sólo de los cambios que se están dando en el mercado, sino en el mundo”, afirmó.
Recordó que Argentina retoma la presidencia protempore del Mercosur el 18 de diciembre y la ejerce por un semestre “y pretendemos una agenda muy dinámica y que tienda a esta modernización. Queremos dar los instrumentos necesarios para adecuarse a estos cambios a nivel internacional que se estuvieron discutiendo en el G20”.
De todos modos, aclaró que “hay que esperar que Bolsonaro asuma y designe las autoridades, así nos podremos oficialmente sentarnos a la mesa a negociar en base a las conversaciones que hemos mantenido en la transición y vemos en lìnea con nuestros requerimientos”.
Pasando en limpio, por ahora no se puede contar demasiado con el futuro del Mercosur, ya que es incierto cómo quedarían los costos y aranceles tras una eventual reconversión.
“Esto no termina con el arancel externo común ni tampoco con el Mercosur. Precisamente, hace tiempo que venimos con la discusión de que necesitamos revisar esa estructura arancelaria”, advirtió Sica.
Que no hayamos tenido clima de multilateralismo obedece a que “comerciamos con muy pocos países, porque nuestra economía es una de las más cerradas”.
Pero recordó que existen distintas modalidades de negociación, que permiten tanto el Tratado de Asunción como el de Ouro Preto (1994), y un ejemplo es la relación comercial con México, en la que cada uno de los socios del bloque tiene sus propios acuerdos comerciales. “Esa flexibilización permitiría realizar acuerdos individuales, con la posibilidad de que luego se extiendan a otros socios del bloque. No hay que sacralizar el mecanismo de negociación conjunta”, señaló.
Según el ministro de la Producción, el país tiene por delante otras asignaturas pendientes, como adecuar la competitividad: con nuevas reglas laborales no parlamentarias que la favorezcan, lo mismo con la estructura impositiva y el mercado de capitales, para poder insertar la economía nacional en el mundo.
“Se puede avanzar desde la protección de nuestro aparato productivo, dar tiempo a los sectores de que todas las medidas que tomamos lo vayan madurando para poder insertarse: textil, calzado, en nichos como el diseño, la calidad, la presencia, permite ganar mercados en el exterior para mantener su nivel de actividad”, desgranó.
El funcionario, que accedió a la cartera de la Producción ampliada luego de 2 años y medio de pálida gestión a cargo del amigo personal de Macri, Francisco “Pancho” Cabrera, a quien terminaron desplazando condecorado, prefiere resaltar que el país ya abordó el tren de las exportaciones: las no agropecuarias crecieron 15% en 6 meses por un apalancamiento más fuerte con tipo de cambio y desregulaciones, entre las que mencionó la habilitación a fin de año de la ventanilla única de comercio exterior que simplificará los trámites para exportar.
Reconoció que falta avanzar en competitividad laboral, estructura impositiva, eficiencia portuaria, conectividad digital.
Antes que nada, aunque no lo menciona, la condición sería que quede atrás el revés macroeconómico que venía acumulando la Administración Macri, lo cual hasta el presente no tiene ningún horizonte claro, como lo denota la rigidez del riesgo-país.
A comienzos de semana, en el Centro de Estudios para la Innovación, la Productividad y el Desarrollo (CEIPyD), creado recientemente por el Instituto de Investigación y Educación Económica (I+E), y que dirige Ariel Coremberg, profesor de crecimiento económico en la Universidad de Buenos Aires y de Economía Argentina de la Universidad de San Andrés, se analizó el supuesto día después de la tormenta económica que atraviesa al país
Está contenido en un estudio referido al volumen de exportaciones que necesitaría Argentina para lograr una tasa de crecimiento sostenida en el tiempo y similar a la de Australia, y que garantice, al mismo tiempo, el equilibrio de la balanza comercial.
La conclusión expresada por Coremberg fue que “para crecer y alcanzar en una generación el nivel de ingreso per cápita de Australia sin problemas de balanza de pagos, el país necesita duplicar la tasa de crecimiento y triplicar el crecimiento del volumen de exportaciones”.
Lo escuchaban el titular de la Cámara Argentina de Exportadores, Enrique Mantilla, el ex candidato a Presidente Ricardo López Murphy, y uno de los ejecutores del Plan Austral de Raúl Alfonsín, Roberto Frenkel, entre otros.
Los principales puntos abordados fueron:
-Argentina necesita resolver de una vez y para siempre su continua inestabilidad macroeconómica y lograr sostener el crecimiento económico en bases sólidas de capacidad de exportación, sector público eficiente y sostenible y focalizar en la formación de capital humano de su sistema de innovación público y privado.
-Argentina nunca logró crecer más de 7 años seguidos desde comienzos del siglo XX. Un síntoma de la inestabilidad inflacionaria permanente es que desde mediados de ese siglo la duración promedio de la gestión de los ministros de economía ha caído notablemente, a un ritmo promedio de 1 ministro por año, y con similar tendencia en la duración del presidente del BCRA.
-Para crecer y desarrollarse, la economía argentina debería ahorrar e invertir entre 5 y 7 puntos del PBI por encima de su tasa de inversión histórica (20% del PBI). Los niveles actuales son similares a los de 2002 (12%), es decir, 8 puntos por debajo de la media histórica (es decir, una magnitud equivalente al déficit financiero del sector público consolidado).
-La productividad de la economía argentina se estancó durante las últimas 4 décadas: los niveles actuales son similares a los de 1974. Para sostener el crecimiento de largo plazo resulta imprescindible un dinamismo importante de la productividad del conjunto de los factores productivos.
-Las exportaciones juegan un rol clave en la sostenibilidad externa del crecimiento económico. Es el componente macroeconómico que permite generar divisas genuinas para repagar la deuda externa, reduciendo las necesidades de financiamiento externo, así como también solventar las importaciones necesarias para crecer. Asimismo, más exportaciones implican no sólo mayor ingreso de divisas, sino más productividad porque las empresas deben adecuar sus procesos de gestión y de producción (con incorporación de tecnología) a las exigencias de los mercados internacionales.
-Si Argentina quisiera crecer y desarrollarse como Australia, sería necesario duplicar el crecimiento del volumen de exportaciones respecto de la dinámica que tuvieron durante el auge de los precios de los commodities.
-Si el objetivo fuese alcanzar el ingreso per cápita de Australia en una generación, entonces la exigencia sobre la capacidad de exportación de la economía argentina sería mayor aún: el volumen de exportaciones debería triplicarse.
-El desafío es relevante porque retomar la senda del crecimiento sostenible y relevante implicaría también un aumento significativo de las importaciones. Lograr, al mismo tiempo, el equilibrio en la balanza comercial para evitar la histórica sucesión de ciclos stop and go supone un esfuerzo adicional considerable.
-Más crecimiento con equilibrio externo implica estabilidad macroeconómica. La devaluación del tipo de cambio puede generar algún incentivo en el corto plazo, pero en un contexto inflacionario e inestable, sus beneficios se erosionan con el veloz traslado a precios y costos de la suba en el tipo de cambio.
-Para generar un mayor crecimiento con equilibrio externo resulta necesario incentivar las exportaciones y las inversiones en sectores exportables.
-Políticas de Desarrollo productivo no son sustitutos de la estabilidad y consistencia macroeconómica. Sino se soluciona definitivamente los desequilibrios macroeconómicos, los supuestos beneficios de las Políticas de Desarrollo Productivo no tendrán el efecto esperado de dinamizar exportaciones e inversiones.
-Políticas macroeconómicas que incentiven el ahorro, la inversión y la productividad en un contexto de baja inflación, estabilidad institucional, una estrategia de inserción en el comercio internacional estable en el tiempo para ganar escala y mercados, y políticas públicas activas para diversificar producción y exportaciones son las claves para ganar competitividad y aumentar las cantidades exportadas sin recurrir a devaluaciones abruptas y sin afectar el poder adquisitivo del salario.