Se trata, subrayó, del “mayor ajuste de la historia argentina que ejecuta un gobierno supuestamente promercado”, si bien recordó en tal sentido los casos de Alvaro Alsogaray, cuando era ministro de Economía de Arturo Frondizi, con el impuesto a la producción agropecuaria, en 1962, que le costó que la Rural lo echara, y de Adalbert Krieger Vasena, ministro del general Juan Carlos Onganía, en el 67, que había sido la primera vez que se pusieron retenciones”.
La imaginación de la Administración Macri para exprimir al contribuyente no tiene fronteras, y hasta en medio de una permanente caída del consumo, la AFIP se las compuso para mejorar la recaudación del IVA en un 51,3%. Se fueron suprimiendo devoluciones y exenciones, se estrecharon las categorías en el monotributo para ascender a autónomos a los que estaban en las más altas y convertirlos en responsables inscriptos del IVA y se reclamaron presunciones de venta.
Serviciales de la deuda
En la letra grande del plan contingente acordado con el Fondo Monetario Internacional sobresale el lugar que tuvo que hacérsele al pago de los intereses del endeudamiento, que ascienden a $750 mil millones, o sea, el 30% del gasto público total.
Donde la tijera de los ajustadores estuvo impiadosa fue en los dominios del titular de Transporte, Guillermo Dietrich: le podaron gastos de capital, es decir, toda obra pública que no se pueda inaugurar antes de las elecciones y si pensaba compensarla con las obras por PPP (Programas de Participación Pública-privada), empezando por las viales, entre los cuadernos de Centeno y las súpertasas de Sandleris alejan a los constructores adjudicatarios de acceso al financiamiento.
Guillo, de artífice de la Infraestructura que era hace un año, se ha ido mutando en un ministro sin ministerio, al quedar huérfano de obras y transporte.
También la garlopa rebanó los planes de obras en la Ciudad y la provincia de Buenos Aires, lo cual despoja de fundamentals conducentes a los 2 alfiles del Pro, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta.
A la gobernadora también le terminan escatimando los $19.000 millones del fondo del conurbano y la acorralan contra los ya enervados contribuyentes inmobiliarios para poder aplicar algún descuento en ingresos brutos y resarcir las cuentas.
Al alcalde porteño, asimismo, le dejan la ciudad rota con obras a medio hacer y de incierto final que interrumpen calles y veredas, convirtiéndolas en un fastidioso obstáculo fijo que añade presión a las desventuras del tránsito que ya se abastecen regularmente los piquetes.
Un caso paradigmático de la pérdida que significa encarar proyectos que no se pueden cumplir es que se hayan frenado las obras del desvío de la autopista Illia para empalmar con el Paseo del Bajo, lo que implica anular el tramo que atraviesa la villa 31 en la bajada a la avenida 9 de Julio. Estaban en un 30% realizadas, pese al cuestionamiento de la necesidad de hacerla, y así y todo la Ciudad quedó endeudada en US$194 millones, según denunció Gabriel Solano, del Frente de Izquierda.
El otro peludo de regalo que recibieron la mandataria bonaerense y su colega de CABA son los subsidios al transporte que les transfirió Nación. El costo que no alcance a cubrir el boleto de los pasajeros que entran y salen del conurbano, así como los interurbanos, tendrá que salir de las tesorerías de Parque Patricios y La Plata.
La cesión no le causa ninguna gracia a los habitantes (electores) que residen más allá y más acá de la avenida General Paz y del Riachuelo, quienes ya bastante sienten abrumadas sus finanzas por los tarifazos que cobran Edenor, Edesur, Edelap, Metrogás, Gas Natural Fenosa, AySA y Aguas Bonaerenses, de los que se han tenido que ir haciendo cargo y a los que ahora se les agregan los del servicio de autotransporte de pasajeros y trenes.