Decorá tu propia alma en lugar de esperar que alguien te traiga flores
Hay un texto llamado "Uno aprende", que se le suele atribuir a Jorge Luis Borges pero está muy cuestionado que sea de él, que resume algunos aprendizajes básicos de la vida. Entre ellos, hay uno que dice: "Uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores."
También en estas fiestas, si estás solo, podés tomar algunas decisiones previas que te ayudarán a disfrutar ese momento. Preguntatelo antes de las fiestas: ¿Cómo y dónde me sentiría mejor pasándolas? Si es en un restorán, elegí uno que tenga la comida y el ambiente que te encanten, y encaralo como un regalo que te estás dando a vos mismo.
El resto del mundo puede tener planes mucho mejores o mucho peores, pero ese día vos te vas a dar el regalo de ir a cenar al restorán que te gusta. Darte este mimo te hará dar cuenta que estar solo no necesariamente tiene que ser desolador si te sabés acompañar a vos mismo.
Sentir celos/envida de las personas que están acompañadas es humano; no te juzgues
Si en el restorán sentís celos o envidia de las personas que están acompañadas, no te juzgues a vos mismo. No digas "no debería estar sintiendo esto". Aceptá lo que sentís y no le des demasiado peso. Después de todo sos humano y es normal que anheles la compañía. Tené fé de que un día vos también vas a tener compañía. Mientras tanto, disfrutá tu tiempo con vos mismo.
Aprovechá para observar y prestar atención a cosas que no podrías si estuvieras acompañado. ¿Cómo es el mundo a tu alrededor? ¿Cómo son el resto de las personas? ¿Cómo viven las fiestas? ¿Qué les da alegría? ¿Qué los entristece? ¿Cómo están vestidas? ¿Cómo huelen? Si algo te da gracia, reíte. Si algo te da alegría, estremecete. Si algo te da tristeza, permitite llorar.
Lo importante es que las emociones fluyan, que si hay un momento triste, la tristeza no se te quede pegada. Aceptala, saludala, dejá que pase. Si no tenés la posibildad de ir a un restorán o te gusta más estar en tu casa, decorala. Aunque sea con detalles mínimos. Algo muy importante: intentá hacerte un regalo.
Estar solo es una circunstancia, no un destino. No hay nada malo en vos que te haga pasar las fiestas solo. Aprendé a apreciar tu belleza y valor. Entonces, regalate algo lindo.
Ponete en posición de dar
Otra idea es ponerte en una posición de dar. Podés estar solo, pero siempre va a haber gente que la está pasando peor que vos en estas fiestas. Que está pasando hambre o depresión- Siempre y cuando note vayas a contagiar de este sentimiento (en cual caso no serviría porque no podrías ayudar al otro ni a vos mismo), intentá darles una mano.
A veces solo una pequeña charla, unas palabras de aliento, pueden ayudar al otro. Y a vos también, porque te ponen en la posición de dar, y eso te cambia. Te hace sentir potente, que vos podés hacer una diferencia en el mundo.
Si aparece una invitación, aunque no sea la de tus sueños, adaptate: Permití que la vida te sorprenda
Quizás alguien te invite a pasar las fiestas a su casa pero no sea la invitación de tus sueños. Es decir, no sea tu opción más deseada pero es la que hay. Considerá ir. Preguntate, ¿la voy a pasar bien o estoy yendo solo para escapar de mí mismo? ¿Prefiero estar allí que solo? Si la respuesta es sí, andá.
Una vez tomada la decisión, tomá conciencia de que deberás adaptarte a un plan que quizás no era el que más querías pero que puede darte sorpresas. Permitite sorprenderte. A veces de lo peor, puede salir lo mejor.
Si todo lo demás falla, tomate un vino y olvidate
Si todo lo demás falla, emborrachate (dentro de los límites que no te pongan en peligro). Muchas culturas utilizan el alcohol para atravesar los ritos de pasaje. Cuando un año termina y empieza otro, es un pasaje. Nos conecta con lo finito del tiempo, y por eso a veces nos deprime. Hay algo de eso que no tiene solución, que no tiene una respuesta correcta. Un año se termina y no hay nada que podamos hacer para cambiarlo. No somos los directores del mundo, no podemos detener el reloj. Hay tanto sobre lo que no tenemos control, que hay un momento en el que solamente nos queda resignarnos y entregarnos a esta realidad. Quizás, beber un poco de alcohol te ayude en este proceso. A relajarte y reírte un poco de lo inevitable, de aquello que no podemos cambiar.
La soledad no es un destino, todo cambia: Dejá que te mueva el deseo y celebrá la oportunidad
Así como no somos los directores del mundo, tampoco somos sujetos pasivos incapaces de actuar. Hay acciones concretas que sí podemos hacer para sentirnos mejor en estas fiestas, a pesar de que hay circunstancias que quizás no elegimos, como estar solos. Sí podemos acompañarnos a nosotros mismos de la mejor manera posible. Darnos un poco de amor.
Incluso, si tenés la posibilidad de tomarte un micro e irte a Brasil y te dan ganas, no dejes de hacerlo. Es solo un ejemplo. Si se te ocurre una idea fuera de lo común y te da ganas, hacelo. Dejá que te mueva el deseo. No dejes que la soledad se te vuelva una idea fija, no lo sientas como un destino. Todo en la vida es dinámico, cambia todo el tiempo. Viví. Deseá. Celebrá la oportunidad de ser parte del mundo, de tener la posibilidad única y milagrosa de aportar tu grano de arena a la historia humana, aún desde tu humilde lugar.