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Cómo influye el pene en el cambio climático o las fake news en el mundo académico

El año pasado, los académicos James Lindsay, Helen Pluckrose y Peter Boghossian enviaron documentos falsos a varias revistas académicas elaborados con metodologías de mala calidad, afirmaciones no justificadas, entre otros, pero argumentos llamativos, provocadores, con datos que, incluso, de ser cierto, podrían haber sido interesantes. Consiguieron publicar y/o que sean admitidos el 80% de los mismos, y lograron elevar, otra vez, el debate sobre las fake news y las responsabilidades...
 
El fenómeno de las noticias falsas o fake news es un problema que prolifera en Internet y en las redes sociales generando gran confusión y desconcierto, con objetivos peligrosos como el engaño o la manipulación.
 
Es algo que preocupa, y mucho, a los usuarios, a los periodistas que son los que deben hacer más para distinguir lo cierto y lo falso en internet, a las empresas tecnológicas y también a los gobiernos.
 
Más aún porque la gran mayoría tiene, o dice tener, dificultades para distinguir entre informaciones falsas y noticias verdaderas, y muchos reconocen incluso haberse creído alguna vez una noticia falsa... y no sólo le pasa a los usuarios. 
 
Este fenómeno sacudió el mundo académico luego de que James Lindsay, Peter Boghossian y Helen Pluckrose fabricaran más de 20 artículos científicos falsos con la intención de "estudiar, comprender y exponer la realidad de los 'estudios de agravios', que están corrompiendo la investigación académica"
 
Según sus propias palabras, los autores generaron papers con "metodologías de muy mala calidad", "afirmaciones no justificadas" y "análisis cualitativos motivados ideológicamente". Muchos, con argumentos llamativos, provocadores o ridículos (“entrenar a hombres como perros”, “encadenar estudiantes durante la clase” o “tratar la masturbación privada como una forma de violencia sexual contra las mujeres”), muchos de los cuáles tenían datos que podían ser interesantes para terceros... de haber sido ciertos, según cuenta el periodista Javier Jiménez en el sitio 'Xataca.com'.
 
Los autores enviaron los textos a revistas del campo y consiguieron:
 
- publicar 4,
 
- que admitan 3 más para revisión,
 
- que 7 se encuentren en proceso de revisión editorial en estos momentos 
 
Sólo 6 fueron rechazados. Así, en total, el 80% de ellos fueron admitidos para ser revisados.
 
En junio, uno de sus trabajos publicados en el 'Journal of Feminist Geography' llamó la atención de los medios y algunos ya sospecharon que podía tratarse de una farsa. Ya en julio, tras tratar de identificar correctamente a la inexistente autora, el paper fue retirado.
 
No fue el único caso, Jiménez recordó el caso de Alan Sokal, un prestigioso físico de la Universidad de Nueva York, que en 1996 consiguió publicar un artículo deliberadamente delirante en la revista de estudios culturales 'Social Text'. Fue un escándalo internacional y puso en cuestión el estado de los mecanismos académicos en el ámbito de los estudios culturales.
 
También recuerda al caso (más reciente) del "pene conceptual como constructo social" que ocurrió en mayo de 2017. De hecho, dos de los autores de aquella "farsa en los estudios de género" están también en este de los "estudios de agravios".
 
"Nuestra recomendación empieza pidiendo a todas las universidades que comiencen una revisión exhaustiva de estas áreas de estudio (estudios de género, teoría crítica de la raza, teoría poscolonial y otros campos “teóricos” en humanidades y en ciencias sociales, especialmente sociología y antropología) con el fin de separar las disciplinas y los estudiosos que producen conocimiento de los generadores de sofística constructivista", afirman.
 
En el 'Washington Post', los autores explicaban que esperaban tener problemas laborales y temían convertirse en "parias académicos" por esto. Sin embargo, como decían también en la entrevista, "para nosotros, el riesgo de permitir que este tipo de investigaciones sesgadas continúen influyendo en la educación, los medios de comunicación, las políticas y la cultura es mucho mayor que cualquier cosa que nos suceda por haberlo hecho".
 
Lo cierto es que estas farsa, estos 'hoax', como se los llama en inglés, se han convertido en una herramienta cada vez más común, no hay que olvidar que este tipo de prácticas van contra las normas básicas de la ética de la publicación científica.
 
 

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