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Una reivindicación de las Cerealitas por no tener paquete engañoso

Las galletitas de Mondelez International son uno de los pocos productos cuyo paquete viene relleno hasta el tope -algo que debería ser la norma pero no lo es-. Como consumidores, nos hemos acostumbrado a que nos vendan los productos envasados de manera que nos parece que traerán una determinada cantidad, cuando en realidad al abrirlos nos encontramos con la mitad de lo esperado. La otra mitad es aire.

Cerealitas

Si tomamos un paquete de galletitas Cerealitas, una cosa nos llamará la atención (y no debería): el paquete está relleno de galletitas hasta su tope. Esto no debería ser algo raro pero lo es, porque como consumidores estamos acostumbrados a que nos engañen con los paquetes, que vienen rellenos mitad con el producto adquirido y mitad con aire, en demasiados casos.

Cuando elegimos comprar un alimento, en muchas ocasiones lo hacemos porque nos llama la atención el diseño y la presentación atractiva del envase. Pero, ¿qué pasa cuando sentimos que estamos siendo engañados sobre la cantidad de producto que hay dentro? El envase que nos seduce para que compremos un producto, ¿puede ser también un medio para hacernos creer que obtendremos una cantidad que no obtendremos realmente?

No se trata sólo de los comestibles, también desodorantes, cremas corporales o para el cabello, y otros productos de necesidad básica, pueden tener un paquete engañoso.

La pregunta es: ¿hasta dónde puede llegar una estrategia publicitaria? ¿Se puede engañar al consumidor haciéndole creer que recibirá una determinada cantidad de producto (en base a lo que promete el tamaño del paquete) y ofrecer en los hechos mucho menos? ¿No es esto una forma de distorsión que viola el bienestar de los consumidores así como la competencia entre las empresas?

Qué dice la ley

El artículo 5º de la Ley de Lealtad Comercial nº 22.802 dice que está "prohibido consignar en la presentación, folletos, envases, etiquetas y envoltorios, palabras, frases, descripciones, marcas o cualquier otro signo que pueda inducir a error, engaño o confusión, respecto de la naturaleza, origen, calidad, pureza, mezcla o cantidad de los frutos o productos, de sus propiedades, características, usos, condiciones de comercialización o técnicas de producción" (Infoleg).

Una de estas formas de engaño puede ser presentando un paquete grande en exceso para un producto, o bien reduciendo la cantidad de producto que trae pero sin modificar el paquete. Pero también ha habido casos de diferencias entre el contenido neto declarado y el efectivo de un paquete.

Según el portal de la Asociación de Defensa del Consumidor, Protectora, "la tolerancia entre el contenido neto declarado de un envase y el efectivo es: 3% en envases de hasta 5 kilos o litros. 2% en envases entre 5 y 20 litros o kilos. 1% en envases mayores a 20 kilos o litros."

Antecedentes

Ya en el año 2005 había habido un escándalo cuando se detectaron engaños en el peso de miles de paquetes de alimentos. En ese entonces, publicó Clarín, inspectores bonaerenses comprobaron que muchos envases de productos de consumo básico como azúcar, harina y arroz, contenían hasta 100 gramos menos de lo informado a los consumidores. En menos de 6 meses el Gobierno de la provincia de Buenos Aires había secuestrado 192.000 kilos de azúcar porque el contenido de los paquetes era inferior al peso informado en el rótulo.

Los productos en los que se adultera el contenido neto con mayor frecuencia, decía Fernando Carro en 2005 -en ese entonces era director de Lealtad Comercial de la Nación- a Clarín, son los porotos, el azúcar, los aerosoles, los insecticidas, los champúes, la harina, los vinos, el atún en aceite o al agua, el pan dulce, la polenta, las colonias y el arroz.

En ese entonces se pedía a los suprmercados que pusieran balanzas exclusivas para clientes, que tendrían así el control de saber qué cantidad de producto están de hecho adquiriendo. Algo que hasta el momento no pasó.

En 2016, una emprendadora que se dedica a preparar cumpleaños temáticos infantiles, Graciana, denunciaba que las marcas de golosinas estaban achicando el contenido para reducir la suba de precio de la unidad. “Todo viene en envase más chico, con menos cantidad, con menos sabor, ya no saben de dónde achicar más las cosas”, decía la diseñadora -quien vende unas planchas para imprimir con los diseños ajustados a determinadas golosinas, entre otros objetos temáticos- a Laura González del diario La Voz del Interior.

Graciana denunciaba en ese entonces que desde que se dedicaba a este rubro, había tenido que ajustar ya 2 veces los diseños: la Rhodesia, por ejemplo, "le bailaba" y tuvo que angostarla.  “Dentro de poco, se va a parecer a un chocolatín”, se quejaba. La empresa que la fabrica salió en 2016 a aclarar que había achicado el packaging del producto pero que no se había modificado el tamaño (pesaba lo mismo).

 

González explica que el fenómeno del 'downsizing' (achicamiento) es recurrente desde hace tiempo en la industria argentina. Una estrategia para reducir el contenido de un producto y así reducir la suba en el precio de la unidad. "En materia de consumo, es una manera encubierta de cobrar más y se paga caro porque el consumidor advierte que está siendo engañado: nadie le avisa", escribió González.

En 2001, los ejemplos de 'downsizing' abundaron en Argentina, y la práctica se volvió a repetir durante los últimos años debido a la inflación. "Los productos se achican: pesan menos, traen menos gramos o menos unidades. Y aunque el argumento que esgrimen las empresas es que el consumidor prefiere envases chicos para consumir lo que necesita día a día, lo cierto es que la práctica constituye una inflación oculta", publicó en 2016 el portal Red43.

Por ese entonces, Héctor Polino, presidente de Consumidores Libres, dijo a Ámbito Financiero que la maniobra "se trata de publicidad engañosa". “Yo lo vengo denunciando hace varios años, pero ahora se ven incrementados los casos”, explicó. “No se debe comparar precios sino calidad y cantidad del artículo que se está adquiriendo. No hay dudas de que se trata de un aumento encubierto”, agregó.

El caso Toblerone

Uno de los caoss emblemáticos fue el del Toblerone, también de Mondelez International (misma compañía detrás de las Cerealitas). La presentación del chocolate suizo fue reducida de 170 a 150 gramos. Esta reducción se logró espaciando más los triángulos que caracterizan al chocolate. Tras desatarse el escándalo en las redes sociales, la empresa tuvo que salir a dar explicaciones. Argumentó que el chocolate se había encarecido luego de que se debilitara la libra tras el Brexit. El producto sufrió el cimbronazo del rechazo de sus consumidores: sus ventas bajaron sustancialmente.

Pero cuando hablamos de paquetes engañosos, hay casos que superan todo lo conocido. Aquí, algunos de los ejemplos más notables:

 

1. Los creadores de este chocolate decidieron colocar las frutas en un sitio extremadamente estratégico:

2. Este producto es libre de gluten, afirma el paquete. Este producto contiene gluten, afirma más abajo.

 

3. Contiene 100% de jugo, dice el paquete. Contiene 27% de jugo, dice más abajo. 

 

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