Collia aclaró que en todos estos casos, antes de efectuar la intervención “el equipo médico debe corroborar que exista un vínculo familiar entre ambos tal como lo establecen las leyes en nuestro país y que la donación se esté efectuando sin que el donante se vea presionado para hacerlo”.
Lorenzo Toselli, el cirujano a cargo de trasplante, dijo que estas operaciones suelen hacerse con un donante cadavérico y, hasta ahora, en el sector público sólo se había hecho con donantes vivos cuando los receptores eran niños, porque sólo requieren una porción pequeña de hígado.
Por otra parte, “más de la mitad de los posibles donantes de hígado que se estudian terminan no siendo útiles o compatibles para el receptor, porque este órgano tiene que reunir una serie de características indispensables para no poner en riesgo la vida del donante ni la del receptor”, explicó el especialista.
Toselli también aclaró que “conviene que sea un varón, porque generalmente tiene un hígado de mayor volumen que la mujer. Además, el órgano no tiene que tener grasa y debe poseer rasgos vasculares específicos. Por otra parte, el donante no debe ser hipertenso ni padecer virus hepáticos”.
La técnica
Según el especialista,
“lo que permite hacer este trasplante con un donante vivo es la capacidad del hígado de regenerarse a sí mismo. Tanto al joven como a la madre se le regenerará el hígado casi hasta su volumen original”.
El trasplante se llevó a cabo en dos quirófanos contiguos. Por un lado, a la mujer se le realizó una hepatoctomía, que consiste en extraerle parte del hígado dañado para lo que se deben emplear bisturíes ultrasónicos.
Al mismo tiempo a su hijo se le extrajo el lóbulo hepático derecho y, acto seguido, los cirujanos se lo implantaron a la madre mediante un minucioso procedimiento que implica conectar todos los vasos sanguíneos que atraviesan el hígado.
“Sin hígado es imposible la vida porque este órgano es la fábrica del cuerpo”, aseveró Toselli, y agregó que entre sus más de 250 funciones figuran la producción de proteínas a partir de los alimentos, la generación de factores de coagulación, el metabolismo de las grasas, hidratos de carbono y del agua.
También juega un rol clave en la formación de los músculos del cuerpo y en la producción de bilis, que ayuda a eliminar los desechos y a descomponer las grasas durante la digestión.