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¿Qué nos pasó? En junio 1998, el IPC fue 0,2%; en junio 2018, 3,7%

País insólito han construído los argentinos, más allá de banderías políticas (un 'cliché' porque ¿cuándo fue una sociedad de ideologías?): alguna vez estuvieron muy cerca de la estabilidad y la despreciaron, y ahora festejan que el BCRA renueva sus Letras a "sólo" el 46,5%. Todo insano, muy delirante.

 

La variación mensual del IPC (Índice de Precios al Consumo) del mes de junio de 1998 fue del 0,2%, de acuerdo a lo que informó en aquel tiempo el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.

La tasa de variación anual del IPC en Argentina en junio de 1998 fue del 1,1%, 1 décima inferior a la del mes anterior.

Según los datos de la época, hubo que destacar la subida del 0,5% de los precios de Alimentos y Bebidas No Alcohólicas, hasta situarse su tasa interanual en 2,6%, que contrastaba con el descenso de los precios de Vestido y Calzado del -0,2%, y una variación interanual del -2,3%.

De acuerdo a cierta fruslería de Beatriz Sarlo, la herencia del gobierno de Mauricio Macri será peor que la de Carlos Menem. Ella tuvo su cuarto de hora en la Argentina de la grieta, por su oposición a los K, pero el comentario obliga a reubicarla en su rol de profesora de Literatura Argentina: la inflación de Macri es agobiadora pero para Sarlo, al igual que la mayoría de sus pares, la inflación no es tan grave, es posible convivir con ella. Ni siquiera perciben el rol de la inflación en la generación de pobreza, de desigualdad y de conflicto social.

La inflación y el déficit fiscal son las materias que siempre aplazan a los políticos argentinos, desde hace mucho tiempo. En parte, ambos problemas provienen del deseo de gastar más de lo que tienen, y el dispendio proviene de su incapacidad para exhibir su condición, y generar políticas sin tener que recurrir al clientelismo en sus diferentes formas:

> millonario, en el caso de los empresarios amigos;

> residual en el caso de las clases media-baja y baja.

En todo caso, el denominador común entre Macri, Menem e inclusive Cristina Fernández de Kirchner ha sido el afán por subestimar la importancia del equilibrio fiscal.

Los 3 recurrieron al endeudamiento para enjugar sus cuentas: CFK al doméstico, Menem y Macri al externo.

Y los 3 además han fracasado en el desarrollo del ahorro doméstico: en el país que ellos propusieron nunca lograron un mercado de capitales propio, y los argentinos siguieron eligiendo ahorrar en el extranjero.

La Convertibilidad cayó cuestionada por una paridad fija, que no era una condición para la Convertibilidad pero se había convertido ya en ancla de los precios, y el desequilibrio fiscal.

También CFK apeló a la paridad cambiaria como ancla antiinflacionaria, aunque así y todo nunca consiguió un 0,2% mensual; y Macri también lo hizo pero le explotó bastante antes que a los otros.

Desde el punto de vista de la inflación, el déficit fiscal y el gasto público improductivo, no hay grieta entre Macri y CFK. Y Juan Manuel Urtubey debería cuidarse bastante porque Salta es 1 de las 4 peores provincias en performance fiscal.

Volviendo a aquel 1998 -no fue hace tanto, apenas 20 años-, tuvo un 1er. semestre de crecimiento al 7% interanual, logrando absorber muchos de los problemas financieros mundiales explotados con la crisis asiática de 1997.

Pero el "default" ruso, y la incertidumbre que entonces llegó a la región en un escenario de debilidad fiscal, provocó un duro revés, y recesión: durante el 2do. semestre la tasa de crecimiento fue de 1,3% interanual y el desempleo se disparó a 13,2%: altísimo.  

En octubre de 1998, el 18,2% de los hogares del aglomerado Gran Buenos Aires estaba debajo de la línea de pobreza.

Cuidado: en 2018, de acuerdo al Observatorio de la Deuda Social de la UCA, el 39,7% de los niños y adolescentes viven debajo de la línea de pobreza; un porcentaje muy por encima del 25,7% de pobres en toda la población.

Probablemente a esto se haya referido Sarlo, pero es un análisis ramplón de lo que ha ocurrido.

En aquel 1998, la Argentina tuvo que encaminarse -tal como en 2018- hacia el FMI, el Banco Mundial y el BID, los surtidores ya conocidos del dinero de emergencia. Y la consecuencia fueron reformas tributarias, ampliando la base imponible del IVA, un impuesto mínimo presunto sobre las ganancias de las sociedades basado en los activos de las empresas, etc.

Luego, la devaluación de Brasil, en enero de 1999, terminaría por complicarlo todo. Pero es interesante regresar a mediados de 1998: no había distorsión de precios relativos, y la economía argentina mostraba una marcada estabilidad de precios. 

Las mínimas variaciones producidas en los precios minoristas fueron incluso inferiores a las tasas de inflación de USA.

Tanto los precios mayoristas como los precios combinados registraron una importante deflación en 1998. Se profundizó así la convergencia con los niveles de inflación internacionales.

El IPC (0,7%), fue el 3er. registro anual más bajo de las 4 décadas anteriores.

Si bien había tendencias deflacionarias en todo el mundo, en la Argentina fue superior a las experimentadas por USA, la Unión Europea e incluso Japón. 

Puede especularse muchísimo pero la serie estadística demuestra que alguna vez estuvimos cerca. Era mejor corregir lo que estaba mal que destruirlo todo. 3 años después, sólo quedó en pie la infraestructura heredada de los '90: energía eléctrica, telecomunicaciones, y hasta se había conseguido el autobastecimiento de petróleo y gas. Y 20 años después, se intenta que la inflación anual se ubique por debajo del techo comprometido al FMI: 32% anual.

No fue una guerra, fue un suicidio. El autoboicot pareciera resultar una propiedad del Ser Argentino, y así hemos llegado al 3,7% mensual de variación de precios minorista, con firmes sospechas de que lo peor está por llegar. Es tan bizarro el presente argentino -y esto va más allá de los gobiernos, es la sociedad en su conjunto- que se festeja una tasa de interés del 46,5% en las Letras del Banco Central, autoridad monetaria que tiene como gran objetivo llegar al 33% de tasa de interés para fin de año. ¡¡`33% sería un éxito!!

Y todavía la mayoría de los argentinos, comenzando por sus líderes, no han aprehendido los conceptos claves: no gastar más de lo que se tiene, equilibrio fiscal, deuda pública moderada, un Estado que pueda financiar una estructura recaudatoria menos voraz. De lo contrario, seguirá más de lo mismo, y no Cambiaremos jamás. El Estado fallido es un concepto que debería comenzar a estudiarse en los colegios secundarios, a ver si todavía estamos a tiempo.

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