Ahora la bombardeada mansión se utiliza como campo de paintball, dónde los turistas además de conocer parte de la historia contemporánea de una de las organizaciones ilícitas más importantes y poderozas del mundo, pagan 170.000 pesos colombianos, unos US$ 50, por una ronda de policías contra narcos.
La propiedad que se encuentra en estado de abandono, cuenta con un bar que mantiene a los huéspedes alimentados e hidratados.
Un visitante londinés, quien recorrió la finca en un caluroso día, calificó de "irónico" el uso actual que se le da a la propiedad. "Creo que es bastante irónico que se lo esté utilizando; me imagino que es bastante similar a lo que estaba sucediendo cuando Pablo tuvo que huir", dijo.
Las marcas de balas y los escombros del bombardeo aún son visibles, mientras la naturaleza recupera parte de las estructuras que aún quedan en pie.
Además, se evidencian en las estructuras agujeros labrados por las manos de varios buscadores de tesoros que anhelaban encontrar parte de la fortuna del capo.
Según Carlos Ramírez, un visitante que creció en Colombia durante las décadas de los 80 y 90, nadie encontró ni un solo dólar perteneciente al "Rey de la cocaína".
"Mucha gente entraría y comenzaría a perforar las paredes para ver si podían encontrar dinero, es muy típico en propiedades de este tipo. Pero incluso ahora, todavía se puede ver lo magnífica que fue la mansión", explicó Ramírez.
Al explorar las instalaciones, se pueden observar grandes salas, terrazas y balcones; Mientras que la parte posterior y el área de la piscina, que contaba con playa y asador, hacen imaginar el tipo de reuniones que allí se celebraban.
Aunque ahora pertenece al Estado colombiano, se lleva a cabo una disputa legal sobre la propiedad, en curso, interpuesta por el excuidador de Pablo.
"El mayordomo de esa época está luchando por ello y dice que ha trabajado allí durante 20 años, por lo que afirma que tiene derecho a ello", agregó Ramírez.
Tal era la riqueza de Escobar que, según su hermano y contador, Roberto Escobar, gastaban US$ 2,500 en bandas elásticas cada mes solo para mantener el dinero en efectivo.
Después de la muerte de su padre, Manuela Escobar huiría de Colombia con su madre en 1995 y eventualmente se instalaría en Argentina.