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"Sería una buena noticia para Domingo F. Sarmiento"

La escuela secundaria atraviesa una larga transición que precisa redefiniciones multidisciplinarias. Sin duda la no concreción de las definiciones prorroga la transición y extiende el problema de la formación de los jóvenes que viven en Argentina. El debate ha provocado, inclusive, un capítulo acerca de la inserción de los egresados secundarios en la enseñanza universitaria (con un espíritu restrictivo, justo al cumplirse los 100 años del 'Manifiesto Liminar' que redactó Deodoro Roca y se conoció el 21/06/1918, disparando la Reforma Universitaria en la Universidad Nacional de Córdoba). Aquí va un texto muy interesante, en días de muchos conflictos, más sobre los salarios que sobre los contenidos de la enseñanza, pero en un marco de interrogantes acerca de la relación entre las necesidades que impone el siglo 21 y las posibilidades de la estructura educativa argentina:

En pleno siglo XXI, resulta casi una verdad de perogrullo sostener que el aumento del nivel educativo en un individuo redunda en beneficios para el conjunto de la sociedad. Esta idea tiene un fuerte arraigo en la sociedad argentina y tiene como icono indiscutido a Domingo F. Sarmiento.

La creación de escuelas primarias y de bibliotecas populares tenía por claro objetivo incrementar el nivel educativo de la población en su conjunto.

Pero cabe destacar que los sectores más carenciados económica y culturalmente, es decir “los pobres”, han sido especial objeto de las políticas educativas en la Argentina. La obligatoriedad de la educación ha ido creciendo sostenidamente a lo largo de los últimos cien años hasta alcanzar parte del nivel inicial, el nivel primario completo y la secundaria completa.

Es interesante destacar que lo que originalmente fue una obligación para los ciudadanos, fue trocando en un derecho de los mismos hacia los primeros años de este siglo XXI. Nadie mejor que “los pobres” han comprendido que la única salida digna de la pobreza es llegar lo más lejos posible en el sistema educativo.

Un ejemplo claro es la escuela secundaria, cuya obligatoriedad se convirtió en ley en 2006, pero que los sectores populares ya la tenían por obligatoria de hecho. El acceso, permanencia y egreso de los alumnos de menores ingresos en la escuela secundaria viene creciendo a ritmo constante desde hace tiempo. Esto ha significado un desafío importante para las autoridades, para los especialistas y para los docentes.

La escuela media no fue pensada originalmente para los sectores populares, sino para los hijos de ciertos sectores de clase media alta, que a fines del siglo XIX y principios del XX estaban destinados a convertirse en profesionales universitarios y dirigentes políticos.

Hoy la escuela secundaria atraviesa un momento de transición durante el cual deben realizarse los cambios necesarios para atender a la educación media de toda la población. Esto último es algo a lo que pocos países en el mundo se han animado.

En este contexto, pretender resultados comparables con países nórdicos, es un poco pretensioso. Sin embargo, el análisis de los resultados de las antiguas pruebas ONE y de las actuales APRENDER, muestran pequeños progresos en distintas áreas aún cuando en otras se vean estancamientos.

El nivel secundario viene creciendo en cantidad de alumnos y en cantidad de egresados. Esto, lógicamente, trae como consecuencia un aumento de los potenciales alumnos para el nivel universitario. Quién egresa de la escuela media, quiere ir a la universidad.

Si comparamos datos de 1998 con los de 2014 (UNESCO / SITEAL) podremos observar que el porcentaje de egresados del nivel de educación superior/universitario proveniente de los sectores de más bajos ingresos se ha triplicado. Esto quiere decir que “los pobres” no solo acceden al nivel universitario sino que también se gradúan. Sin duda esto sería una muy buena noticia para Sarmiento.

Una deuda pendiente aún, es la calidad de la educación que reciben los sectores más empobrecidos. En esto hay muchas personas comprometidas (autoridades, especialistas, docentes) para garantizar que “los pobres” reciban una educación de calidad. No obstante quisiera, recordando a J.C. Tedesco, que también debemos preocuparnos por la calidad de la educación que reciben “los ricos”.

Una buena educación para los sectores más acomodados de la sociedad debería incluir la idea de la solidaridad, del compartir con los que menos tienen, de sentirse parte de la sociedad en la que viven. En fin, la idea de una sociedad más justa.

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