En 2016, Chile aprobó una Ley de Etiquetado de los Alimentos que obligó a rotular los alimentos envasados que contengan alto contenido de calorías, azúcares o grasas saturadas. Estos rotulados incluyen advertencias en la forma de octógonos de color negro con letras blancas con carteles del tipo: 'Alto en azúcares', 'Alto en grasas saturadas', 'Alto en sodio', 'Alto en Calorías'.
En Argentina, la industria alimentaria y el Gobierno firmaron un convenio para avanzar en el tema del rotulado, explica La Nación. Las empresas locales prefieren un sistema más parecido al de Gran Bretaña que el utilizado en Chile, menos riguroso: un especie de semáforo nutricional que alerta sobre excesos de sodio, grasas saturadas y azúcares. Mientras tanto, el ministerio de Salud argentino quiere estándares más duros.
Los críticos del modelo chileno aducen que no educa al consumidor y tiende a la demonización de ciertos alimentos. Las etiquetas no deberían incluir palabras o representaciones que podrían inducir al consumidor a temer el consumo de ciertos alimentos. También existe oposición al establecimiento de medidas fiscales (impuestos o subsidios) que apunten a modificar los hábitos de consumo con el objetivo de prevenir o combatir el sobrepeso, la obesidad y la diabetes, apuntando que no está demostrado científicamente la relación directa entre estas enfermedades y el consumo de algún producto alimenticio en particular.
Esto también es algo de lo que se habla en el mundo: la posibilidad de subir impuestos a alimentos altos en azúcar, sodio y grasas.
Uno de los puntos clave del debate es si la información nutricional presente en los rotulados debe responder a porciones o al envase entero.
“El etiquetado argentino –dijo Sebastián Laspiur, consultor médico de la Organización Panamericana de la Salud al diario Clarín- no declara azúcares en la tabla nutricional. Es un etiquetado complejo de leer, porque se refiere a porciones y no al envase. Aunque los consumidores sean expertos, resulta difícil de interpretar.”
“Se está iniciando una agenda interesante. Somos optimistas en que la discusión se instale en Argentina y pueda progresar. Como ejemplo, hubo grandes avances en Chile y Ecuador, que implementaron etiquetados frontales”, agregó Laspiur.
Y según la nutricionista Victoria Tiscornia, investigadora de alimentación de la Federación Interamericana del Corazón (FIC) dijo al diario: “El derecho a la alimentación y la información adecuada están siendo vulnerados en la Argentina. Debe haber una regulación de etiquetado integral. El azúcar es un componente crítico, por eso es importante desagregarlo de los carbohidratos totales”.
El tema está en agenda. En octubre de 2017, el Gobierno argentino reglamentó la modificación artículo 235 del Código Alimentario Argentino sobre el etiquetado de alimentos, para obligar a las empresas a rotular correctamente los productos y declarar si contiene algún alérgeno alimentario o un derivado del mismo, publicó en ese momento el portal de la Sociedad de Pediatría de Rosario, en un comunicado del Comité de Alergia e Inmunología. El listado incluye los siguientes alimentos: trigo, centeno, cebada, avena o sus cepas híbridas, crustáceos, huevos, pescado, maní, soja, leche, frutas secas y dióxido de azufre y sulfitos presentes en concentraciones iguales o mayores a 10 ppm.
Hasta el momento, sin embargo, los consumidores no recibimos la información sobre lo que comemos y bebemos de manera clara y visible, verdadera y verificada, como debería ser.