Estos datos fueron suministrados por la Sociedad Rural de Jesús María, quienes estimaron además condiciones climáticas favorables para la producción de maíz durante el año pasado, a pesar de ciertas desventajas de precios en comparación con su rival directo.
El escenario para la producción maicera se vuelve propicio, si tenemos en cuenta además el fuerte avance de MAIZAR (Asociación Maíz y Sorgo Argentino) con el Ministerio de Agroindustria, en materia de biotecnología, manejo de cultivo y mejoramiento genético.
Gracias a esto, se lograron mayor productividad (aumento de cantidad cosechada por unidad de superficie), y menores costos productivos.
Tengamos en cuenta además, que sería erróneo caer en la mera elección de un cultivo u otro en virtud de “cuál da más”, o cuál está mejor pago en el mercado local o extranjero. El éxito productivo en el sector agrícola estará garantizado si, además de las variables económicas, se consideran las cuestiones agronómicas.
Imaginemos, por ejemplo, que somos propietarios de la unidad de explotación agrícola del primer párrafo y elegimos sembrar trigo. Sembramos en otoño/invierno, y cosechamos en primavera/verano obteniendo rindes deseados. Llegó ahora el momento de preparar el colchón de siembra para el siguiente cultivo, el de verano, nuestra duda existencial.
Si nos decidimos por la combinación trigo/maíz, debemos tener en cuenta que la aparición de malezas durante la siembra maicera será mayor que si optamos por soja. Esto se debe principalmente, a la poca compatibilidad del maíz (por cuestiones genéticas propias de la semilla) con el rastrojo del trigo.
Si, además, consideramos la aparición de plagas, la situación es similar al análisis de malezas. La rotación trigo/maíz (familia de gramíneas), genera un escenario favorable para la continuación de plagas provenientes del trigo, propias de las gramíneas, mientras que si hiciéramos soja (oleaginosa), eso no ocurriría.
En conclusión, no existe una linealidad al momento de evaluar qué cultivo es el adecuado. Esto puede fluctuar de acuerdo a los precios internacionales, a costos, márgenes brutos, o cualquier otra cuestión económica.
Paradójicamente, mientras intentamos responder qué cultivo resulta más rentable, los efectos provocados por el fenómeno Niña al inicio de este año generaron sequías que dispararon los precios de los granos de maíz y soja, hubo reducción fortísima de sus rindes y hasta significó una caída previsional del PBI del 0,7% (Ecolatina, en base a la Bolsa de Cereales de Buenos Aires).
Por esto, es necesario comprender al sector agrícola en su totalidad. Entender que a diferencia de cualquier otra actividad, tiene cuestiones climáticas, edáficas y agronómicas, muchas de ellas imposibles de controlar en su totalidad, capaces de determinar el éxito o fracaso productivo, indistintamente del cultivo que se haya elegido.