Esta situación hizo (por obligación o decisión) que el camino elegido sea de avances graduales en diversos temas de agenda que siguen siendo los mismos en 2016 que en 2018: responsabilidad fiscal, reducir costos laborales y no laborales, mejorar la productividad y la competitividad, desarrollar infraestructura y, sobre todo, avanzar para cumplir el mandato autoimpuesto por el gobierno: reducir la pobreza, combatir el narcotráfico y unir a los argentinos.
Sin una gran mesa de acuerdos para encarar políticas de Estado, la evolución de la dinámica parlamentaria durante todo el año 2016 fue particularmente positiva para Cambiemos. Con mucho ruido político y mediático y con algunas excepciones (como el tratamiento de la ley anti despidos que concluyó con un veto presidencial o la reforma política con el cambio de la forma de votación) el gobierno pudo avanzar, siempre de manera gradual, con parte de la agenda pautada.
Durante el año 2017, dos palabras buscaron dar marco a las supuestas necesidades políticas del gobierno. Ya no se discutía el shock o el gradualismo, pero comenzó a pensarse una nueva forma de encontrar mayor lucidez y sintonía en la dinámica parlamentaria: la necesidad de un Pacto de la Moncloa nacional. Consenso y unidad fueron palabras que comenzaron a circular ante un panorama que necesariamente iba a complejizarse en función del calendario electoral. Cambiemos tampoco apostó a este proyecto mayoritariamente buscado por opositores a los que el gobierno le costaba seguir catalogando dentro del grupo de los “dialoguistas”.
Paralelamente nace, entonces, la idea de avanzar sobre grandes reformas. La necesidad de buscar acuerdos puntuales, con apoyos variables en ambas cámaras en función de cada tema: “reforma laboral”, “reforma impositiva”, “reforma fiscal”, “reforma previsional”, “reforma institucional”, “reforma judicial”. Palabras grandilocuentes que dejaron luego sabor a poco y culminaron con las modificaciones en las jubilaciones que le costaron al oficialismo una caída de cerca de 10 puntos de imagen.
Los mercados exigen cambios a mayor velocidad y parte de la oposición demanda lo contrario. Esta encerrona gubernamental será para el Presidente algo con lo que lidiar cotidianamente, ya que debe aplicar austeridad fiscal sin cortar beneficios sociales y reducir la dependencia de los subsidios sin perder apoyo en el Gran Buenos Aires. Este proceso se dará con una economía en crecimiento moderado y con realidades sumamente disímiles según el sector que se observe.
La dinámica parlamentaria que comienza en marzo encuentra a un oficialismo fortalecido en ambas cámaras, con el espaldarazo de la victoria electoral de octubre pasado y un peronismo que continúa sin rumbo claro. Asimismo, 2018 aparece como clave para avanzar sobre temas que difícilmente puedan ser resueltos en cuanto comience el año electoral (que probablemente tendrá una interesante dinámica de elecciones provinciales desdobladas). De todas maneras, todo parece indicar que las grandes reformas que el gobierno debe realizar no serán parte del vocabulario que explique el año. Por el contrario, serán los pequeños acuerdos específicos, muchísima negociación y elección de batallas los ejes que moldearán este proceso. Gradualismo en estado puro. Mayor poder y menor capacidad para utilizarlo. Paradojas de un país fuera de serie.