El gobierno de Cambiemos argumentó que el índice de inflación con el que se calculó durante el kirchnerismo el pago del cupón indexado por el alza de precios era absolutamente correcto. Más allá de que este argumentación falaz le puede terminar jugando en contra en el largo plazo al propio gobierno, los bonistas damnificados estaban perfectamente en condiciones de haber acudido a servicios de comunicación de primer nivel que los ayudaran - como lo hiciera Glassman con los fondos buitre. No les hubiese costado demasiado conseguir la atención de la opinión pública y los medios explicando que el gobierno del presidente Mauricio Macri no podía desconocer que los índices oficiales de inflación de los últimos 8 años fueron falsificados por el Indec Intervenido patoterilmente por el gobierno kirchnerista.
Hubiese podido apelar a la moral de que Cambiemos no imite en eso al kirchnerismo. Pero podría haberle hecho ver al gobierno del presidente Macri que asumir que Cristina Kirchner mentía con la inflación le hubiese servido para exponer el verdadero “corazón” de ese relato mentiroso: que los “K” mentían con todas sus estadísticas. Un beneficio inmediato: Cambiemos podría haber explicado mucho mejor la necesidad de cambiar el cálculo de indexación jubilatoria -debido a que ya no se miente más la inflación- y quizás hubiese evitado que la oposición se aprovechara de la medida para generarle grandes costos en imagen al presidente Macri. Más aun: al gobierno de Cambiemos le hubiese servido de oportunidad para mostrar una de las peores “bombas de tiempo” que le dejó el kirchnerismo y sobre las que incomprensiblemente le cuesta tanto hablar.
Los bonistas locales invocaron los índices de precios de la Ciudad de Buenos Aires -gobernada en ese momento por el alcalde Mauricio Macri- así como los cálculos de inflación que publicaban alternativamente otras provincias y el propio Congreso haciendo una compulsa entre economistas independientes.
Sin embargo la justicia silenciosamente falló en contra de estos bonistas aduciendo que la inflación publicada por el gobierno kirchnerista “era correcta y estaba perfectamente bien medida”, tal como sostiene ahora la Casa Rosada y en contra de toda evidencia, ya que se sospecha de que los índices reales de inflación duplicaban o triplicaban los publicados por el manipulado INDEC.
A la luz de este fracaso de los bonistas argentinos luce muy exitoso el trabajo de asuntos públicos de Glassman en Washington. (...)".
De acuerdo a Bloomberg, para Singer, DCI montó una campaña contra la Argentina que se extendió a lo largo de un década. Parte de esa campaña incluyó un trabajo durante 4 años por el que la firma percibió al menos US$16 millones, de acuerdo documentos fiscales que citó la agencia.
Según la publicación, el trabajo de DCI "era remodelar la opinió oficial" de Singer en USA y Europa. "Aquí Singer tenía una gran desventaja: la Presidente argentina lo había retratado como un inversor "buitre" que buscaba ganancias de la miseria de los pobres", recuerda.
DCI trabajó para quitar el foco sobre Singer, relata Bloomberg. La creación de la ATFA pretendía mostrar la existencias de aliados más allá de Wall Street. Sin embargo, no está claro que todos sus miembros conocieran de su pertenencia al grupo. "Al menos 3 asociaciones dicen ahora que nunca asintieron integrar la ATFA", dice Bloomberg.
Otro momento memorable de la colaboración de DCI fue una rata inflable gigante como forma de protesta frente a una reunión de Consejo de las Américas en Washington. "Soy la rata en el G20" rezaba la pancarta de la rata junto a una bandera argentina.
Al frente de esta campaña estuvo el exfuncionario del Departamento de Estado, experiodista e influencer James K. Glassman, quien en uno de los capítulos más controvertidos de la historia atestiguó ante el parlamento estadounidense sobre el default de la Argentina sin explicitar que estaba trabajando para uno de los fondos que estaba litigando contra ésta. A Bloomberg, Glassman le dijo que mantiene su testimonio.
De acuerdo a su perfil en Wikipedia, Glassman es actualmente y desde 2009 director ejecutivo y uno de los fundadores del George W. Bush Institute. Es tal vez mejor conocido por haber co-escrito el libro 'Dow 36,000' (1999) en el que predijo que el Dow Jones triplicaría su valuación hasta los 36.000 puntos para 2005.
Singer finalmente consiguió el fallo en la justicia que le reconoció el pago de la totalidad de lo adeudado más intereses. El pago se hizo efectivo tras la asunción de Mauricio Macri, que consiguió un acuerdo con los bonistas que no ingresaron al canje de deuda.