En un año de mucha volatilidad financiera global, sumado a una conflictividad social interna, a causa de una inflación proyectada cercana a la de 2017 y a la caída del poder adquisitivo de los asalariados y jubilados, el Ejecutivo sabe que son momentos de fragilidad, y se encuentra atento a cualquier manifestación que ponga en duda lo que consideran es la gobernabilidad.
Por ese motivo, algunos analistas políticos sugieren que la desigual pelea con el líder camionero hoy es funcional al gobierno para recuperar la imagen que se perdió en estos meses.
Y también fue el fundamento de la veloz reacción ante los dichos de un ex juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, quien puso en duda la finalización temprana del mandato presidencial.
La reacción furibunda fue contraria a lo ocurrido cuando en la misma semana el diario estadounidense The Wall Street Journal, alertó sobre los riesgos del Presidente para completar su mandato, y nadie salió a contestarle tal como sí ocurrió con el ex juez de la Corte y defensor habitual de la ex mandataria hoy senadora nacional.
Ni siquiera se rebatió en el terreno de las ideas al matutino tan influyente en los mercados de deuda global.
A favor de la Administración presente habría que recordar que el diario estadounidense atacó en ediciones anteriores al gobierno argentino a causa de la supuesta dependencia del ministro de Energía y Minería respecto de la petrolera angloholandesa en la que desarrolló su carrera profesional.
Es más: el WSJ llegó a decir que la política energética se dictaba desde La Haya, sede central de la petrolera Shell, demostrando una vez más que aún cuando los ingleses sean socios estratégicos de los estadounidenses, cuando de intereses se trata, los parentescos se diluyen.
Es cierto que en cuestiones geopolíticas mantienen fluidos contactos. Todos lo saben y por eso echó a rodar el rumor que fueron los ingleses quienes detectaron la implosión del submarino ARA San Juan pero para evitar malas interpretaciones le informaron a los estadounidenses, quienes a la vez informaron al gobierno argentino, desvirtuando interpretaciones infundadas sobre un ataque inglés al submarino.
El articulo del WSJ coincide, casualmente, con la información que se difundió sobre el rol del ministro de Finanzas en una compañía 'off shore', acerca de lo que ya alertamos desde esta columna. Así queda en evidencia que los 'carpetazos' no son un invento argentino y la oportunidad de la publicación no se maneja a control remoto. La información difundida muchas veces es un mensaje, con intereses económicos incluidos.
Igualmente el gobierno sabe que 2018 será muy difícil y que el marketing optimista, tiene sus limites. El mundo globalizado, y enfrentado entre las principales potencias económicas, no coincide con las necesidades argentinas de inversiones que absorban la mano de obra de la población más vulnerable, hoy subsidiada con planes sociales.
En tanto, la clase media luce con crecientes sofocones en su poder adquisitivo a causa de los aumentos de los servicios públicos y privados, además del precio de los combustibles. Estos problemas no se solucionan en una planilla de Excel sino con gente con mayor experiencia en la 'cosa pública', como por ejemplo hoy lo hacen extrapartidarios ubicados tanto en la AFIP como en el INdEC.