El médico que efectuó, en 1947, el 1er estudio clínico del trastorno, que consta de 47 páginas, donde se reseñan experimentos clásicos, fue Joachim Bodamer.
En gran medida el hecho de que el número de personas que padecen prosopagnosia es una proporción mínima de la población, no despertó el interés de los laboratorios ni de los institutos de investigación médica. El conocimiento de ella se conservó en la categoría de las curiosidades clínicas hasta finales de la década de 1990.
La “ceguera facial” se origina por un problema en la parte del cerebro destinada a reconocer rostros. Su forma más común es la congénita (es decir, desde el nacimiento), pero también puede adquirirse en algún momento de la vida tras una lesión cerebral, un accidente cerebrovascular o un traumatismo craneoencefálico, entre otras causas. Quienes la padecen, entre ellos el actor Brad Pitt, tienen dificultades para reconocer a las personas por sus caras.
“Hay muchas personas que me odian porque creen que les falto al respeto”, aseguró hace un tiempo el astro de Hollywood en una entrevista. “Hubo un año en el que dije voy a preguntarle a la gente ¿dónde nos conocimos? pero todo empeoró. Las personas todavía se ofendían más… entienden esto como, 'sos un ególatra, vanidoso'. Pero es un misterio para mí, simplemente no puedo recordar un rostro”,se sinceró Pitt.
En el Reino Unido, Sarah Bate, profesora asociada de Psicología de la Universidad de Bournemouth, está desarrollando programas de entrenamiento para ayudar a las personas con este trastorno. El impacto, advierte, puede ser grave si no es detectado. "Particularmente en los niños influye en su bienestar social y emocional y en el desarrollo educativo. Puede que nunca haya una cura, pero estamos interesados en la detección temprana, porque tenemos la oportunidad de mejorar las habilidades de reconocimiento facial desde la niñez”.
"Aprendés otras formas de detectar quiénes son las personas, por sus voces, sus peinados y cosas similares. Incluso tuve un problema con mi ex marido cuando lo vi años después de que nos divorciamos”, cuenta a The Guardian, Mary, de 52 años, a la que le detectaron prosopagnosia en la infancia. Su tarea al frente de una casa de té también se ve complicada por el trastorno. “Si los clientes se cambian de mesas o vienen a pagar a la caja no sé quiénes son. Es difícil, la gente piensa que sos grosero”.
Las personas con este tipo de problema suelen consultar a un oftalmólogo, ya que piensan que su dificultad deriva de un problema en sus ojos. Bate sostiene que, si bien el diagnóstico es más probable en quienes adquieren la condición tras sufrir una lesión cerebral, la ceguera visual puede pasar desapercibida en aquellos que nacen con ella.
"Los adultos mayores que conocí desarrollaron elaboradas estrategias compensatorias para reconocer a las personas y nunca se dieron cuenta de que una cara era tan informativa para los demás", concluyó.