Nepotismo, República y epidemia de decencia
La Constitución Nacional dice en el artículo 16 que “…todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad…”.

La Constitución Nacional dice en el artículo 16 que “…todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad…”.
Acreditada la idoneidad personal no habría obstáculo para ser admitido como “empleado” del Estado, se tenga o no relación de parentesco con el Presidente de la Nación, Ministros, Secretarios de Estado o funcionarios de cualquier otro rango.
Más aún: sería injusto privar el acceso al empleo público por tener grado de parentesco con funcionarios, seria discriminatorio.
El “nepotismo” como dice la Real Academia Española, es una desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o empleos públicos. El vicio del nepotismo tiene dos causas, la primera sería que el parentesco se convierte en el motivo de la designación, el segundo que no se tiene en cuenta la idoneidad comparando con otros posibles postulantes y un efecto antirrepublicano ya que se discrimina a favor del parentesco, la garantía de “igualdad ante la ley”.
En definitiva estas actitudes nepotistas constituyen un exceso reprochable.
Una prohibición genérica para designar parientes directos no parece una norma adecuada dado que implica una presunción “…en contra de…”, también es un exceso.
La cuestión seria al revés como ponderar y sancionar el ejercicio de la función por parte de un funcionario que aprovecha su jerarquía e influencia para emplear a familiares, aunque acrediten idoneidad en perjuicio de otras personas que en igualdad de condiciones no pueden acceder por carecer de influencias.
Este tardío “brote de decencia republicana” acredita un rancio estado cultural que hasta ahora toleró esos excesos nepotistas conocidos por todos, incluso en este gobierno.
En un gobierno cuyo “leitmotiv” fue el “cambio cultural” este nepotismo no debió haber existido, salvo casos que lo justifiquen respetando la garantía de “igualdad ante la ley”. Pero existió hasta ahora.
De todos modos pienso que debemos rescatar que este gobierno, reconoce sus culpas, la norma que prohíbe contratar parientes que anunció el Presidente, tiene ese mérito. Evitó culpar a los otros.
Ese reconocimiento, quizás desmesurado en la forma y tardío ya que llega luego de dos años de gobienro, acredita que hay hábitos adquiridos que diferencian las actitudes según el color político y llegaríamos a la conclusión que el nepotismo “K” era perverso y el nepotismo de “Cambiemos” es virtuoso, es lo que Giovanni Sartori llamó “cultura del epíteto”.
Asimismo agregaría que reconocer la culpa, no debe significar una incriminación sino más bien un proceso de reconocimiento de algo que hicimos mal que pudo haber causado un mal a otros. Como dicen los psicólogos, la culpa no debe convertirse en padecimiento y sufrimiento, eso es masoquismo.
Hay virtudes que se tienen o no, la prudencia, la caridad, la honestidad no se pueden exhibir en proporciones, por ejemplo, soy prudente en un 45,3%, caritativo en un 65,8 y honesto en un 77,3.
Para estas virtudes no existe el “más o menos”.
El verdadero respeto y virtud republicana en estas cuestiones consiste en garantizar la igualdad ante la ley y la idoneidad para acceder al empleo público.
Para los liberales se llama “igualdad de oportunidades”.