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Recordando 1992: Del sepelio del austral al peso convertible

El 01/01/1992 comenzó a circular el peso convertible en reemplazo del austral. Sin duda que la reforma monetaria propuesta por Raúl Alfonsín, expresada a través de la moneda Austral, fue una de las experiencias más creativas de la historia económica argentina. Sin embargo fracasó porque la inflación, consecuencia del grave desajuste fiscal, la destrozó tal como más tarde le ocurriría a Carlos Menem con el regimen de Convertibilidad. El desequilibrio fiscal fue la terrible herencia de Cristina Fernán de Kirchner y resulta el talón de Aquiles de Mauricio Macri.

 

La Argentina ha visto tantas monedas pasar por sus manos que ya la "identidad" es algo un tanto incierto. ¿Recuerdan el "Peso Argentino"?

Entre 1881 y 1969, durante 88 años, la moneda vigente en el país fue el Peso Moneda Nacional (m$n).

Sin embargo, durante la denonimada "Revolución Argentina", se emitió una nueva moneda que por un tiempo funcionó en forma simultánea a la anterior, el Peso Ley 18.888 ($Ley), que se extendió entre 1970 y 1983 -apenas 13 años... -. Cada peso ley equivalía a m$n 100.

En 1983 llegó una nueva unidad monetaria, con el regreso de la democracia luego del 'Proceso de Reorganización Nacional': el Peso Argentino ($a), creado mediante el Decreto N°2.270 y estuvo en vigencia hasta 1985. Cada Peso Argentino a su vez equivalía a $Ley 10.000.

Así llegó Raúl Alfonsín a la Presidencia del país, prometiendo que con la democracia se alimenta y se educa.

El concepto es correcto pero requiere responsabilidad del gobernante: para que la democracia consiga la dignidad del individuo y la correcta distribución de la riqueza, hay que incorporarle algunos otros conceptos: uno es el de responsabilidad fiscal, otro es el de meritocracia. En general, a la sociedad argentina -de la que los políticos son una expresión- les falta ambos.

En 1984, la inflación anual comenzó a proyectarse en el 700%, aún cuando las exportaciones aumentarían a US$ 8.500 millones contra US$ 5.000 millones de importaciones.

Bernardo Grinspun fue el 1er. ministro de Economía de la gestión alfonsinista. Grinspun era un militante de la UCR y su designación ejemplificaba la incompresión que tenía Alfonsín de los problemas de la economía, y su apego al 'amiguismo' como mecanismo de selección de equipo. Mauricio Macri, que cogobierna hoy día con la UCR, debería considerar el pasado en forma más reflexiva.

Alfonsín, además, tal como la mayoría de los políticos argentinos, menosprecia el impacto de la inflación. A él se le atribuye la ridícula frase "Un poco de inflación no hace mal".

Con Grinspun, la inflación era como un tren en movimiento y cada vez ganaba más velocidad. La inflación incrementaba la dependencia del Fondo Monetario Internacional para resolver un difícil escenario financiero externo heredado de los fracasados militares.

En el marco de la difícil situación social que provocaba la elevada inflación, Alfonsín creó e implementó el PAN (Programa Alimentario Nacional), una suerte de 'asistencia' para distribuir paquetes de alimentos básicos a los más necesitados: 2 kg de harina, leche en polvo, 2 kg de azúcar, 2 litros de aceite, 3 kg de fideos, 2 kg de arroz, 1/2 kg de ternera en lata, lentejas y porotos.

Es importante recordarlo cuando se le reprocha exclusivamente al peronismo la creación del asistencialismo para permitir la popularidad de un Presidente que no resuelve los problemas de fondo.

El proyecto del PAN hasta fue convertido en ley el 15/03/1984, después de sufrir modificaciones en ambas cámaras legislativas.

En los 31 días de diciembre de 1984 el índice de precios aumentó 20%, y el asunto se complicaba. En febrero de 1985, Juan Vital Sourrouille reemplazó a Grinspun.

Sin duda que Sourrouille era uno de los mejores economistas disponibles, y con capacidad de convocatoria y liderazgo de un equipo idóneo. Ahí aparece la cuestión complementaria de la meritocracia: para que obtenga beneficios hay que respaldarla. Las exigencias de los políticos a menudo dinamitan los planes económicos con una burda excusa: la paz social, tal como si la elevada inflación, que provoca baja inversión, nula creación de empleo registrado y ausencia de ahorro doméstica, no fuese un atentado fortísimo contra la paz social.

Sourrouille era el secretario de Planificación, en jurisdicción de Presidencia de la Nación, y desembarcó en el Palacio de Hacienda convencido de que había que trabajar en una estrategia novedosa de estabilización que terminó llamándose el "Plan Austral".

La 'filtración' del "Plan Austral" fue un enorme acierto periodístico del diario Ámbito Financiero, pero también la expresión de algún enojo interno que había en la UCR contra Sourrouille, al punto de sabotear a su propio Presidente.

Consecuencia de la 'filtración' periodística, Sourrouille tuvo que anticipar su cronograma y el plan fue anunciado el 14/06/1985. El Gobierno se comprometió a no realizar nuevas emisiones monetarias y a congelar las tarifas de servicios públicos, precios y salarios al día 12/06/1985: la hipótesis de algunos, aunque no de todos, era mantener una nueva estructura de precios relativos mientras se realizaban reformas estructurales que le concedieran solidez al nuevo esquema.

Para esto se eliminaron todas las monedas anteriores y se creó el Austral (₳). La nueva moneda, con billetes de: 1, 5, 10, 50, 100, 500, 1.000, 5.000, 10.000, 50.000, 100.000, 500.000 ARA y monedas 1/2, 1, 5, 10 y 50 centavos.

El Austral era equivalente a $a 1.000 (Peso Argentino), pero fracasó muy rápido porque resultó imposible controlar el gasto público de las provincias y de las empresas públicas.

En tanto, Saúl Ubaldini, al frente de la CGT ya reunificada, ejerció una presión permanente con una sucedión de paros generales y movilizaciones.

Por algún motivo desconocido, desde el inicio, Héctor Magnetto decidió que el por entonces influyente diario Clarín estaría en contra del Austral.

Para colmo, el mercado internacional registraba una brusca caída de los precios de granos y oleaginosas, lo que se extendió durante 1986 y 1987. El fracaso del Plan Austral condujo a la derrota electoral de 1987, donde se sepultaron las ambiciones de Alfonsín de una reforma constitucional que le diera otro mandato consecutivo. Entonces se ejecutó el "Plan Primavera", cuyo fracaso llevó a la renuncia de Sourrouille, forzada por Eduardo César Angeloz -candidato presidencial de la UCR para 1989, el arribo a Economía del anciano Juan Carlos Pugliese, y luego de Jesús Rodríguez, el caos y la hiperinflación: Alfonsín terminó renunciando el 08/07/1989 para que asumiera en forma anticipada el ya electo presidente Carlos Menem, quien había ganado las elecciones presidenciales del 14/05/1989.

Por ese entonces, el austral se llegó a depreciar un 5.000% con respecto al dólar. Los precios que en enero se habían incrementado en un 9%, en mayo treparon hasta el 80% y la cotización del dólar se octuplicó.

De todos modos, el Austral fue el origen -como concepto de reforma monetaria- del ensayo que haría Carlos Menem e implementó Domingo Cavallo (aunque no era una idea inicial ni de él ni de su equipo) llamado Plan de Convertibilidad: el peso convertible ($) reemplazó al austral a una tasa de cambio de $A 10.000 por US$ 1 =$1.

El Plan de Convertibilidad fue anunciado el 06/04/1991. Pero la sustitución efectiva del austral por el peso fue fijada para el 01/01/1992 con la implementación del $, ya fijado en el famoso "1 a 1", un gravísimo error conceptual que sí decidió Cavallo.

La reforma monetaria era la convertibilidad pero en vez de explicarle a la población los desafíos que esto implicaba, se buscó seducirla con un tipo de cambio fijo que sólo era un anclaje antiinflacionario que condicionaba el futuro cuando todas las monedas del mundo son de paridad flotante. La única forma de mantener la convertibilidad era con un superávit fiscal que no estaba en los planes ni de Menem ni de Cavallo ni del peronismo.

Alfonsín y Sourrouille presentan el Plan Austral, 1985

Tato Bores y el Austral

Reemplazo del Austral por el Peso

El 1 a 1 duró de 1992 al 2002, apenas 1 década.

Entre diciembre de 2015 y diciembre de 2017, el peso sufrió una devaluación superior al 100% pasando de $9,83 ​a $19,15 por cada dólar estadounidense. La circulación de billetes de $1.000 es un mensaje importante acerca de la inflación que, otra vez, impera en la Argentina.

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