Las 9 raras tradiciones de los latinos para Fin de Año
Las fiestas de Fin de Año son este fin de semana. El domingo 31 de diciembre a las 12:00m un ciclo se cierra y se abre la oportunidad de ser mejores los próximos 365 días por venir.

Las fiestas de Fin de Año son este fin de semana. El domingo 31 de diciembre a las 12:00m un ciclo se cierra y se abre la oportunidad de ser mejores los próximos 365 días por venir.
Antes de darnos el abrazo en familia y brindar por lo bueno que nos dejó 2017 y esperando que el 2018 nos depare cosas mejores, hay ciertos rituales, para algunos tradiciones "raras", que hacemos los latinoamericanos bajo la superstición de un año venturoso, y algunos argentinos no escapamos de eso.
Usar ropa interior de colores no habituales, cargar con una maleta a la calle aunque no se haga ningún viaje, o quemar objetos que se relacionen con el pasado, son algunas de las costumbres para despedir el año viejo en nuestro continente, antes de que suenen las 12 campanadas.
En ciertas partes de la región se usan prendas de ropa interior de color amarillo, en otras roja, y en Argentina, Brasil y Uruguay, la tonalidad es más bien rosa. En algunos países se pide que sea nueva y en otros que esté puesta al revés.
Tanto el color rosa como el amarillo y el rojo son considerados de buena fortuna.
Si ve a una persona llevar una maleta en sus manos la víspera de Año Nuevo, es posible que el viaje no ocurra en ese momento sino meses más tarde. Esa costumbre es utilizada en algunos países de América Latina para favorecer los viajes en el nuevo año.
En algunas mesas latinoamericanas no pueden faltar las lentejas en la celebración del Año Nuevo. Esta posiblemente sea una tradición de origen europeo, que se lleva a cabo para representar la prosperidad y la abundancia. En Venezuela la gente acostumbra a llenar los bolsillos de lentejas para que les traiga mucho dinero el próximo año.
En Ecuador, la noche de Año Nuevo, se quema el año viejo, al que se encarna en tradicionales muñecos o monigotes hechos con ropa vieja, aserrín y papel, en representación de las cosas buenas y malas que transcurrieron durante el año que termina.
Se toman en cuenta aspectos de interés político, social o del mundo del espectáculo, que fueron relevantes. De igual manera, los hombres jóvenes se disfrazan de viudas y salen a la calle en llanto para recolectar dinero para el próximo año.
Esta tradición también se lleva a cabo en algunos lugares de México, Perú, Nicaragua y Honduras, entre otros países.
En buena parte de las mesas no faltan los racimos de uvas, que tradicionalmente se comen una a una con cada campanada que anuncia que el nuevo año está por llegar. Esta usanza tiene origen español y, al igual que las otras costumbres, busca llamar la buena fortuna y la prosperidad.
Cada uva representa un deseo por cada mes del año entrante, para un total de 12.
Por raro que parezca, en Uruguay se acostumbra tirar a la calle un balde lleno de agua para limpiar el camino del año que comienza. En otros países de la región también se hace un limpieza general en la casa y se encienden algunas esencias para “alejar las malas energías”.
En Bolivia el nuevo año comienza el 24 de enero, en la llamada fiesta de las Alasitas, donde se invoca al dios Ekeko para pedir que los deseos, que son colocados en el cuerpo del muñeco que lo representa, se conviertan en realidad.
Por muy extraño y hasta tétrico que parezca, el cementerio municipal de Talca, 260 kilómetros al sur de Santiago de Chile, se llena de visitantes la noche de Año Nuevo. Esta costumbre, que también se sigue en otras ciudades chilenas como Iquique y Valparaíso, comenzó como una incursión clandestina de los deudos para estar con sus difuntos, y ya se lleva a cabo oficialmente en algunos camposantos.
En Brasil se estila en ciertos lugares vestirse de blanco en honor a Yemayá, diosa de la fertilidad en la mitología yoruba, proveniente de África. Además, se saltan siete olas a la medianoche como forma de rendir homenaje a esa deidad africana y para tener un venturoso año nuevo.