Quedan dos posibilidades, una es que estos medios se caigan. Y otra es que alguien se haga cargo.
Sobre esto hay complicaciones legales, hay jueces federales que intervienen, bienes inhibidos... En cuanto a los medios, es bastante obvio el interés de Daniel Vila y de Jorge Fontevechia. Ellos pretenden quedarse con los medios sin pagar nada, a cambio de hacerse cargo el pasivo con la AFIP.
Con independencia de cómo termine esta discusión está pasando algo peor, que es en qué ha derivado esta discusión. Ayer Federico Andahazi planteaba en el programa de Luis Majul que uno no puede ser de Corea del Centro; tenés que ser de Corea del Norte o Corea del Sur. Y que esta pobre chica que leyó una especie de texto en un teléfono, en una escena bastante bizarra, era una sicaria de Sietecase.
Ernesto Tenembaum que estaba allí y miraba la escena bastante asombrado, dijo: '¿Cómo sicaria? Será alguien que no piensa como vos'.
Me da la impresión que en esta discusión empieza a haber de parte de algunas personas de la envergadura intelectural de Federico Andahazi o del nivel de Luis Majul, gente que empieza con una cuestión bastante macartista. Esta mañana en El Cronista, Luis Majul objeta el punto de vista intermedio de Jorge Fontevechia cuando trata ciertos temas.
Me da la impresión que lo peor que nos puede pasar a los periodistas es caer en esta horrible costumbre de volverte policía político y empezar a señalar a tal porque piensa de tal modo.
Cada uno piensa como le parece.
Yo depende el día y frente a cuál tema se me ocurre tener posiciones más o menos cortantes sobre ciertos asuntos.
La otra cuestión que me impresionó un poco es que empieza a haber una cierta caza de brujas. Una cosa espantosa que atenta contra el espíritu de la libertad que tiene el periodismo como esencia en su laburo.
Cada uno tiene el derecho a decir lo que le parezca.
La tercera cuestión que no me gusta es el macartismo. El macartismo es una cosa de la que los periodistas somos víctimas, nunca victimarios.
Alfredo (Leuco) es un cabrón y expresó de mal modo lo que Lanata, Joaquín o el propio Bravo, habían dicho de un modo más apropiado.
Esta secuela, esta segunda instancia que empezó con este debate de a ver a cuál Corea pertenece cada uno, me resulta muy inapropiada porque violenta la esencia de la libertad. No me gusta ni la caza de brujas, ni la policía política, ni el macartismo. Aún proveniendo de mis más queridos amigos".