Macri, los medios y la marcha de la victoria

En estas cuestiones no es correcto hablar de Cambiemos, al menos mientras existan, juntos pero no revueltos, la UCR y la CC-ARI: el PRO se encuentra convencido de que ganó los comicios del 22/10 por la fuerza propia.
Hay quienes opinan, en cambio, que la construcción del triunfo fue el resultado de un marketing apropiado, para cuya elaboración Cambiemos obtuvo el apoyo de otras fuerzas socioculturales concurrentes.
El debate no es novedoso, y ya había ocurrido en 2015, cuando Cambiemos consideró que nadie tenía acreencias sobre su victoria, e imaginó que el freno al kirchnerismo fue sólo la consecuencia de su propia acción.
Entonces, cuando muchos medios de comunicación, en forma corporativa, llegaron a solicitar el reconocimiento de su aporte para el triunfo, Marcos Peña los desafío levantando el sofisma de las redes sociales, mientras Mauricio Macri les advertía a varios propietarios de medios convencionales que había llegado el día de mermar el monto de la propaganda gubernamental asignada.
La manipulación de la publicidad oficial es un tema de larga data, y en los días K hasta intervino la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En los tiempos de Cambiemos se prometieron modificaciones para organizar un esquema pero, tal como sucedió con otros temas, no se cumplió.
Probablemente todo este barullo no se trataba 'de los medios' sino de que Macri/Peña cuestionaban la situación imprevista de tener que compartir un triunfo que su vanidad exigía propio, tan indivisible como indelegable, y a un extremo tal que una diferencia de apenas 678.774 votos en un balotaje fue presentada como si fuese una victoria en 1ra. vuelta por mayoría absoluta.
Con el transcurso de 2016, cuando llegaron las primeras dificultades, ocasionadas porque la meteorología fracasó y no hubo 'lluvia de inversiones', luciendo un rostro adusto, casi de aversión, Macri envió a Peña a buscar a los medios de comunicación convencionales con el argumento de que los K no estaban derrotados, la patria estaba en peligro y había que aglutinarse para el combate definitivo.
En noviembre de 2017 hay ambiente de 'Déjà vu', o alguna otra paramnesia, y la Casa Rosada vuelve a advertir a los medios de comunicación: en 2018 habrá una fuerte reducción de la propaganda gubernamental, en forma generalizada y permanente.
En esta ocasión, la amenaza considera que hay pleno convencimiento de que gracias a las urnas el poder fue multiplicado y esta vez sí no se aceptan acreedores.
Por cierto: sería muy interesante que efectivamente suceda la amenaza de Macri/Peña para conocer si es correcta esta conclusión. Nada es mejor que la certeza, conocimiento que pareciera escasear ante la abundancia de presunciones.
Sin embargo, en todo este tema hay varios malentendidos. El principal de ellos: es falso suponer que la corporación de los medios de comunicación consideró el gobierno como un bien ganancial o algo semejante. Por ese motivo sorprende la suerte de extorsión que parecería propiciar la Casa Rosada con su amenaza.
Luego, provoca hartazgo la ignorancia gubernamental acerca del impacto de la comunicación en la promoción y venta de cualquier producto, incluyendo uno sociocultural llamado 'Gobierno de Cambiemos'. Y sorprende, otra vez, que la Casa Rosada considere que su inversión en 'trolls' activos en las redes sociales es suficiente para garantizar el recorrido 2018, motivo por el que habría llegado el momento de domesticar a los medios de comunicación en el marco de la 'nueva Argentina' votada el 22/10.
Tampoco en esta ocasión se trata de un ahorro fiscal sino de alimentar o no el ego con la ilusión de que la victoria fue verdadera, absoluta y propia. La quimera proviene de una Administración que tembló con los 'Panama Papers', transpiró con el 'caso Odebrecht', se enojó con los 'Paradise Papers', etc. etc., eventos imprevistos que actualizaron las teorías sobre lo fugaz de la invulnerabilidad.
En verdad, lo que está en discusión se refiere a si la supuesta 'nueva Argentina' es el resultado de una acción colectiva o de una decisión individual. Obviamente, todo esto deriva en un debate acerca de la geometría de la sociedad: si es piramidal o rectangular u octogonal, etc. En concreto: se está hablando de hegemonía sí o hegemonía no.
En lugar de tanta tontería, Macri/Peña deberían invertir mejor su tiempo logrando inversiones directas de verdad, que no las consiguen; realizando alguna de las reformas estructurales pendientes, que están en veremos; reduciendo la imbatible inflación 'núcleo'; frenando el endeudamiento público brutal... gestionando en vez de suponer que todo pasa por una disputa sobre la génesis y estructura de la comunicación sociopolítica.
Los Kirchner eran más primarios: compraban los medios y las opiniones, o bien los declaraban enemigos públicos e iban contra ellos. Pero esto no les resultó suficiente cuando se articuló enfrente un abanico sociocultural que integraron, entre otros, muchos periodistas y medios, decididos a darles batalla.
Por lo tanto todas estas especulaciones que abundan en la Sala de Periodistas de Casa Rosada cuando Macri está de viaje por el exterior, deberían cesar. No ayudan elaborar los escenarios que precisa un país que es constitucionalmente presidencialista pero también necesitado de corrientes de empatía que provoquen consensos más allá del día-a-día.