Amado Boudou y la posverdad
La vez pasada un viejo político, hoy retirado, me dijo “Antes había certezas”. Le respondí: "Ahora, tenemos la posverdad”.

La vez pasada un viejo político, hoy retirado, me dijo “Antes había certezas”. Le respondí: "Ahora, tenemos la posverdad”.
La “posverdad” es marketing muy perverso, que hace esfumar la realidad, para que todo pueda ser o cierto o falso, dicho en otras palabras, lo que pienso o creo, es la realidad, aunque no exista, porque mañana puede ser realizada, puede ser verdad.
Podríamos decir que la posverdad le da vida a la fantasía, o que las verdades de hecho son relativas y una prueba de ello es el modo en que se narra la historia.
Entre nosotros, el revisionismo puso en duda una parte de nuestra historia que Ernesto Palacio llamó “la historia falsificada”.
Sin embargo esta cuestión de la “posverdad” nos lleva a la contingencia de qué es lo que puede suceder o no suceder, como lo define la RAE.
Hay sectores sociales que están imponiendo este concepto de la posverdad y, para ello, es suficiente la generación de la duda.
En el 'caso Amado Boudou', que en verdad tiene que ver con la suerte procesal que podría correr Kristina en un futuro cercano, ya se comenzó a instalar, con argumentos racionales, una contingencia política, que más o menos resumiríamos en esta idea: “¿Y si Boudou fuera declarado inocente al final de su proceso?”.
Esta duda es una verdad de razón, porque durante un proceso judicial, pueden morir o desparecer testigos, dañarse documentación o una serie de hechos imposibles de presagiar, que impidan probar hechos que ocurrieron.
Veamos la paradoja que encierra todo proceso judicial, la “posverdad” de antaño puede configurar en el futuro, una causa legítima de inocencia y por tanto de absolución.
La detención de Amado Boudou convirtió en espectáculo televisivo un hecho privado, o un acto judicial en un episodio propio de “pan y circo”.
Nuestra Constitución Nacional dispone que las “cárceles de la nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquella exija hará responsable al Juez que la autorice”.
En el 'caso Boudou', no tengo duda que como persona procesada, fue mortificado con saña al hacerse pública los detalles de su detención y en ello la responsabilidad se extiende no sólo a quienes autorizaron o toleraron, la difusión de ese acto judicial, sino a los medios que se solazaron con su exhibición hasta el cansancio.
Hay un Juez que según la Constitución es responsable de lo ocurrido. Esperemos que el órgano pertinente de control judicial determine si esa responsabilidad genera culpa y eventual mal desempeño.
A su vez, llama la atención que el Juez nada haya hecho para impedir la divulgación de esas escenas que constituyen un castigo adicional, no previsto en la ley al Señor Boudou.
El caso Boudou da lugar a otra paradoja que es que un sector de la sociedad ha considerado su detención, la forma en que se realizo y divulgó en una suerte de efectividad del funcionamiento de una genuina “justicia legítima”, bajo el argumento e su real independencia y realmente hace doler que hasta sectores que se consideran liberales hayan justificado tal proceder.
No sé si soy liberal, neo liberal o pos liberal, lo único que pretendo es hacer culto a la institucionalidad republicana que en la Argentina no admite ninguna prerrogativa, garantiza la presunción de inocencia y que nadie puede ser penado sin ley anterior al hecho.
Precisamente los populistas y quienes pretendieron y pretenden “ir por todo” ahora se refugian en las ideas liberales, para defenderse de lo que consideran persecución.
La verdad sea dicha hay bastante de eso, por lo menos en las formas.
Hay columnistas de prestigio que ya anticipan ciertos actos procesales futuros, condenatorios, me pregunto ¿no es otra posverdad…?
Ahora si hubo corrupción, hay también participes necesarios sin cuya intervención no habría existido la korrupción y hasta ahora ninguna ha sido citado por los jueces competentes.
Lo más emblemático es el juicio de los futuros, si fue realmente un negocio fraudulento, originado en una decisión política, opinable por cierto, ¿por qué se mantuvo su validez, que ningún Juz cuestionó?
Cabe deducir que los contratos han sido legítimos, que hubo “favorecidos”, que responsabilidad penal puede existir en las personas actualmente procesadas.
Y esta no es una posverdad…