Costo que se suma a hoteles y arriendo de vehículos para el traslado por las calles de Sao Paulo, todo coordinado con la cancillería de ese país, elevaría aún más el monto de un supuesto viaje improvisado y que no tuvo una misión diplomática ni de Estado, sino la aventura de seguir a la selección chilena, destacó el portal BioBioChile.
Si la presidenta Bachelet hubiese decidido viajar en vuelo comercial con costo a su patrimonio personal, un viaje de una aerolínea como LATAM directo Santiago – Sao Paulo, le hubiese costado unos US$683, por comprarlo de un momento a otro. Si por razones de comodidad hubiese decidido pasar a “primera clase” el valor del billete aéreo hubiese aumentado a US$2.274.
Más allá de la polémica por el viaje, el portal chileno El Líbero analizó las especulaciones políticas de Bachelet alrededor del partido Chile-Brasil con varios especialistas. El académico de la Universidad de Talca, Mauricio Morales, señaló que era “un tremendo riesgo, porque las encuestas están mostrando que es una candidata poco popular, por lo que si ella se ve asociada a una derrota importante de la selección, a una no clasificación, la imagen de yeta puede aumentar”.
Pero advirtió que si la selección clasificaba, si bien cambia un poco el panorama en cuanto al ánimo de los chilenos “no creo que mejore la aprobación de la Presidenta. De hecho, los problemas que tiene ahora el gobierno van más allá de la Selección”, esto, porque “tienen un incendio, particularmente por el tema mapuche y en especial por el tema de (Mahmud) Aleuy”.
Por su parte, el académico de la UAI, Max Colodro, dijo que el viaje “es una decisión que confirma que la Presidenta no está pensando en el gobierno, sino que está preocupada de su imagen internacional. Eso se vio reflejado en la crisis que hubo en el equipo económico primero, y en la crisis con Aleuy después. Es una Presidenta que está pensando más bien en la imagen que va a dejar su gobierno y ella en particular” y agregó que “en ese sentido, el aparecer vinculada al eventual logro de la clasificación es una apuesta que desde el punto de vista deportivo es bastante riesgosa, ya que hay un riesgo de que finalmente se asocie su presencia en Brasil a un mal resultado, pero de alguna manera, ella también está dispuesta a acompañar a la Selección en esta circunstancia porque tiene puestos los ojos en, no me atrevería a decir legado, pero sí en la imagen que va a dejar a largo plazo, en las anécdotas que van a rodear su término de gobierno”.
En ese sentido, Colodro concluyó: “si ella estuviera preocupada de que su capital político sirve y de que es un activo para poder ir sacando adelante los problemas de gestión que tiene el gobierno, no tomaría esta decisión, porque muestra una cierta distancia emocional y afectiva de temas que son más propios de gestión del gobierno”.
Para el decano de la facultad de Ciencia Política y Administración Pública de la Universidad Central, Marco Moreno, “no es buena idea mezclar las instituciones republicanas como la Presidencia de la República, con actividades de este tipo, no solamente en el caso de ella, sino que no es bueno que los presidentes o presidentas se involucren en este tipo de actividades que ponen en un mal pie o sacan del pedestal en que tenemos a las instituciones de la República”. En ese sentido agrega que “en un contexto electoral, a 40 días o a cinco domingos de la elección presidencial, no parece muy razonable que ella exponga su capital político a un resultado que parece muy incierto. Además que hacer un viaje y ausentarse del país, no me parece que la situación de eliminatorias lo amerite… no es la final del mundial”.
El académico de la UDP, Patricio Navia, opinó que “da igual (que vaya). No tiene mucho que perder. Si pierde, sigue abajo. Si Chile clasifica, se llena de gloria”.
A esto Morales agrega que la decisión en sí misma de ir a Brasil, por parte de los asesores de la Mandataria “se asume cuando ya no hay nada más que perder. Los gobiernos hacen este tipo de jugadas cuando queda poco tiempo, cuando la aprobación presidencial -si bien ha subido-, no ha explotado, y por ende los gobiernos empiezan a afirmarse de cualquier cosa, con el fin de mejorar su imagen pública”.
Pero recordó que “ni siquiera cuando la selección ganó la Copa América la Presidenta Bachelet aumentó su aprobación”.