-En 2016 la inflación se desbocó a 40& anual. En 2017 cerraremos en un 22%, importante baja aunque resignando el objetivo del Banco Central de que los precios crecerían a entre 12% y 17%. Diría que hemos regresado a los niveles de inflación de 2015, con una marcada declinación en los meses recientes pero me parece de muy difícil cumplimiento el 10% anual que está proponiendo el proyecto de Presupuesto 2018.
-Uno de los problemas más importantes de la economía de los Kirchner era el desajuste progresivo pero permanente de la estructura de precios relativos. Por lo tanto, el desafío para la Administración Macri era recuperar una estructura correcta de precios relativos. Hay quienes sostienen que esto no ha ocurrido. ¿Ud. qué opina?
-Es cierto que había una enorme distorsión de precios relativos que debía corregirse. Y hubo algunos avances en lo que atañe a la corrección de variables. Inicialmente ocurrieron algunas decisiones de impacto abrupto pero luego hubo una voz de mando desde la Casa Rosada y pasamos al gradualismo permanente. Diría que, desde entonces, en el Gobierno prevalece una melodía de moda: "Despacito / Despacito". Creo que el problema se observa más en los precios de los alimentos que siempre llevan a reclamos salariales. En definitiva, tenemos un dólar con un atraso de 22% a 23%. O sea que tenemos un dólar 2015. Es cierto que la inflación mensual hoy es inferior a la de diciembre 2015 pero también es cierto que hubo una redistribución de riqueza a favor de las exportaciones tradicionales, pero no para los exportadores no tradicionales, por lo tanto la estructura de precios relativos está mejor para unos que para otros.
-Muchos rumores sobre una reforma impositiva en preparación...
-La realidad se impone más allá de los rumores. Siempre se levanta la bandera de los impuestos distorsivos pero se terminan priorizando los impuestos que se perciben con relativa facilidad y tienen una evasión baja. Lamentablemente esos impuestos son los que se aplican sobre el consumo. Todos hablan de lo malo que resulta el impuesto al cheque pero no se puede quitar porque casi no tiene evasión. Lo mismo pasa en el caso del impuesto sobre la transferencia de combustibles. Yo creo que habría que comenzar por una reducción del Impuesto al Valor Agregado porque una baja en la alícuota incentiva el cumplimiento. Mantenerlo en 21% incrementa la evasión. En cuanto al impuesto a la renta financiera -origen de un debate interno en la Administración acerca de si desalienta o no el ahorro- yo aconsejaría huir de los anuncios grandilocuentes.
-¿Qué hacemos con la coparticipación federal de impuestos?
-Es un tema de larga data. Los convencionales constituyentes de 1994 fijaron 1996 como el plazo tope para un nuevo régimen de coparticipación. Y ya llegamos a 2017 sin haber cumplido el mandato porque es muy complejo desde la política, la economía y las relaciones interprovinciales, sin ignorar al conurbano bonaerense. Es necesario determinar los servicios que prestará la Nación y los servicios que prestarán las provincias y cómo se pagará cada uno. ¿Las transferencias de servicios educativos y hospitalarios fueron con recursos o sin recursos suficientes? Luego todo el tema de los Anticipos del Tesoro Nacional, totalmente discrecionales. Y lo del gasto público, que habría que comenzar a evaluarlo por su calidad antes que por su volumen. Suecia tiene una presión tributaria equivalente a 40 puntos porcentuales del PBI pero la calidad de las prestaciones permite que provoca beneficios no salariales valorados por los ciudadanos. Si tuviéramos una calidad en la asignación del gasto público nuestro, el debate sería otro porque el gasto funcionaría como ingreso real para la mayoría. Y creo que los comienzos son sencillos, casi modestos aunque de gran impacto. Fue el caso del metrobus, una idea de ordenamiento del tránsito con una inversión limitada que, sin embargo, tuvo un gran impacto.
-La reforma laboral es un tema importante para los empresarios, quienes miran mucho la que está avanzando en Brasil, sin considerar avatares tales como que su promotor, el presidente Michel Temer, sigue bajo riesgo de despido por corrupción, y que en todos los escenarios Luiz Inácio Lula da Silva sería el ganador de las próximas elecciones presidenciales, y la derogaría al menos parcialmente.
-Las relaciones del Ejecutivo Nacional con los sindicatos de trabajadores no es la misma en la Argentina que en Brasil, y esto es un condicionante manifiesto para toda reforma. La idea de la Administración Macri sería mantenerse en la negociación sector por sector tal como ocurrió con la industria petrolera. No hay margen para una reforma laboral similar a la de los años '90 porque no provocó muchos empleos nuevos sino una reducción de costos pero hoy día hay otras posibilidades de reducción de costos. En cualquier caso yo pondría más la lupa en un tema muy fuerte que se viene y que no tiene a nadie trabajando al respecto: la masiva incorporación de la automatización de procesos y utilización de robots, lo que eliminará miles de puestos de trabajo para humanos. No es ciencia ficción sino un futuro muy cercano, a caballo del proceso de inversión, y es un proceso irreversible: Si bajo los costos de producción pero no tengo consumidores para esos productos ¿cuál es el beneficio?