
"Durante la interpelación al ministro de gobierno de Chubut, Pablo Durán, el diputado de otro sector peronista, Javier Tourinian, le preguntó:
–¿Por qué los gendarmes ingresaron al territorio de la comunidad si el delito no era federal y no había ninguna orden de allanamiento para que intervinieran en esa zona, quién lo ordenó?
En vez de contestar, Durán recurrió a un argumento ad hominem:
–Y el 21 de junio de 2012 ¿quién le autorizó a Gendarmería Nacional a entrar a Cerro Dragón?
Entonces Tourinian era el Ministro de Gobierno. Cerro Dragón es el mayor yacimiento petrolero del país. Los 400 trabajadores que lo ocupaban y provocaron graves daños en las maquinarias fueron desalojados por Gendamería y la policía provincial. De regreso, el ómnibus de los gendarmes chocó con un camión y hubo una decena de muertos y medio centenar de heridos. La presidente CFK prometió que no volvería a enviar gendarmes para intervenir en conflictos provinciales.
El ministro Durán se acercó así a un punto central: la misión del jefe de gabinete del Ministerio de Seguridad, Pablo Noceti, en los hechos que culminaron con la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Asistentes al diálogo del 31 de julio en Bariloche entre el funcionario nacional, los ministros de Chubut y Río Negro, los jefes de Gendarmería, Policía de Seguridad Aeroportuaria, Prefectura Naval y ambas policías provinciales coinciden con lo que Noceti afirmó públicamente al terminar la reunión, en dos reportajes concedidos a radio Nacional de Bariloche y a la FM Sol. Allí dijo que estaba dirigiendo los operativos de individualización y captura de los mapuche de la RAM. Explicó que no era necesaria una orden judicial porque se trataba de hechos de flagrancia. Agregó que se les aplicaría el artículo 213 bis del Código Penal, que reprime hasta con ocho años de prisión la mera pertenencia a una agrupación cuyo objeto principal o accesorio sea “imponer sus ideas o combatir las ajenas por la fuerza o el temor”. Ese artículo fue introducido en el Código Penal en 1974 por el presidente Juan Perón como parte de su confrontación con la organización declarada ilegal en primer lugar y con la organización declarada ilegal en segundo lugar, según la jerga de la época.
(...) –Si como afirman, Pablo Noceti no era parte del operativo y la ruta estaba cortada por la policía de Chubut ¿quién lo dejó pasar y por qué? –insistió Tourinian.
–No puedo responder porque no soy el abogado de Noceti.
Ante la reiteración de Tourinian, Durán dijo:
–No le puedo contestar porque no soy el juez federal Guido Otranto. (...)".
Del otro lado de la Grieta, Nicolás Wiñazki, en el diario Clarín:
"El viernes empezó la búsqueda de algún indicio sobre Santiago Maldonado con un operativo de más de cien policías, prefectos, un helicóptero y drones que rastrean parte del río Chubut. Es un trabajo complejo pero acotado ahora a una zona específica. Esa corriente de agua cruza durante 800 kilómetros a la provincia a la que le dio el nombre. Y desemboca hacia el mar en la Bahía Engaño. Es un dato geográfico. No judicial. El Río Chubut es un lugar crucial para el caso Maldonado desde el inicio mismo de la causa que lleva adelante el juez federal subrogante de Esquel, Guido Otranto. El magistrado tiene a cargo la investigación que tiene como objetivo encontrar lo más rápido posible al joven.
Nadie aportó a la Justicia, aún, con precisión de prueba jurídica sólida, indicios que puedan ayudar a saber algo sobre él: lo último que se podría haber reconstruído sobre su vida con cierta firmeza judicial se retrotrae el 31 de julio pasado. Y no lo ubica a Maldonado dentro del predio del Lof de Cushamen surcado por el Río Chubut. Allí vive una comunidad mapuche radicalizada. Clarín accedió a documentación que forma parte del expediente de Otranto. Es una causa impulsada por un pedido de hábeas corpus. Desde el inicio mismo de la pesquisa se señaló a un sector del río Chubut, cercano a la comunidad mapuche del Lof Cushamen, como el sitio en la que se perdieron los últimos potenciales rastros de Maldonado. Lo dejó asentado por escrito el Defensor Oficial de Esquel, Pedro Machado. También lo admitió la propia Gendarmería. Según la fuerza, el 1 de agosto integrantes del escuadrón de El Bolsón persiguieron a quienes los habían agredido de modo violento tras desalojar un corte de ruta: un informe oficial afirma que esas personas escaparon “nadando” por el río. Ese informe no menciona a Maldonado.
A estos datos se agrega además la declaración de un buzo de Prefectura que se sumergió en esas aguas heladas, Juan Carlos Mussin, que dijo bajo juramento a Otranto que exploró un “punto dato” de las aguas del Chubut que había sido “indicado por la comunidad mapuche de la desapareción” (De Maldonado). A pesar de eso, no tuvo la tranquilidad suficiente para hacer su trabajo bien. Contó que los mismos aborígenes le exigieron que se vaya porque esas aguas eran, para ellos, “sagradas”. Mussin declaró como testigo frente a Otranto el 14 de agosto. Había buscado a Maldonado en el río once días antes.
Desde el viernes pasado, el rastrillaje sobre el Chubut es liderado por fuerzas nacionales. (...)".
Interesante la reflexión de Roberto Caballero, en Tiempo Argentino, que aunque resulte K ya se sabe que Urgente24 abandonó la grieta famosa el 10/12/2015:
"¿Cómo era el periodismo?" La pregunta me inquietó. Atiné a responder, con cierto reflejo de periodista veterano, con una repregunta: "¿Cómo era el periodismo que se hacía antes?" El estudiante de Comunicación, apenas por encima de los 20 años, insistió con naturalidad: "El periodismo, ¿cómo era el periodismo?". Lo suyo era auténtica curiosidad por el estado de un oficio destinado a recoger y comunicar información de interés público. Había inquietud arqueológica en la indagación, pero no sólo eso. Preguntaba qué quedaban de sus protocolos, de sus jerarquizaciones operativas, de sus imperativos éticos en medio del incesante tráfico hacia todas las direcciones de datos que disputan el sentido de la verdad sobre los hechos en igualdad de condiciones con el rumor, la gacetilla oficial, la mera sensación, el puro entretenimiento y hasta el simple deseo, lanzados a través de múltiples plataformas o aplicaciones.
Los periodistas siempre supimos que el periodismo era un oficio en crisis. Pero hasta el día de la pregunta inquietante ("¿cómo era el periodismo?"), para mí, como para muchos colegas, todavía existía. Era individualizable. Resistía sin mucha explicación el azote tecnodeterminista. Es más, muchos suponíamos que las nuevas plataformas podían llegar, incluso, hasta a potenciarlo. Es duro admitir que una pregunta simple destile olor a cala sobre un trabajo construido alrededor de preguntas igualmente básicas: qué, quién, cómo, cuándo y por qué.
Esas preguntas, aplicadas en el contexto de la desaparición forzosa de Santiago Maldonado, son doblemente valiosas y sumamente dolorosas para los periodistas que amamos el oficio. Porque aunque cierto periodismo haya jugado un papel importante en la visibilización del caso y en su incorporación a la agenda de temas nacionales, poco pudo profundizar en su esclarecimiento. La injerencia oficial, a través de operaciones de ocultamiento y acción psicológica, en alianza con una comunicación mercantilizada, cada vez más concentrada y alejada de las prácticas deontológicas tradicionales, nos introdujo de lleno en la etapa del posperiodismo.
El posperiodismo podría ser descripto como una disciplina que busca implantar –por exceso de volumen de emisión, tráfico agitado en redes o ambas cosas a la vez– un relato predominante compuesto por una serie de datos indebidamente merituados, donde conviven lo cierto con lo incierto, lo potencial con lo probado y lo ajustado a la realidad con la temeridad prejuiciosa. Que no pretende iluminar nada sobre un hecho –como sí lo intenta el periodismo, por definición– sino alimentar un estado de frustración informativa mentirosamente saciado por nuevas y atormentadoras oleadas de versiones cada vez más espectaculares y menos reveladoras. (...)".
Testigos aseguran haber llevado en su auto a Santiago Maldonado hace algunos días
Mariano Spezzapria en el diario El Día, de La Plata:
"El Gobierno tuvo una reacción tardía con el caso Maldonado. Los principales funcionarios creyeron inicialmente que las denuncias estaban fogoneadas por el kirchnerismo en el contexto electoral, pero perdieron de vista la dimensión simbólica del asunto. Esto es, lo que implica la desaparición para una sociedad como la argentina. Algo que excede la mera pelea entre facciones políticas.
“No hablamos antes porque estaba medido que le importaba al 35% de los consultados en las encuestas”, se justificaron en los equipos de comunicación gubernamentales, en referencia a que el impacto del hecho estaba acotado a la oposición más dura. Pero la “contención de daños” que ensayó la Casa Rosada empezó a sufrir filtraciones que la obligaron a recalibrar la situación.
El presidente Mauricio Macri habló finalmente sobre Maldonado y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, fue corrida del centro de la escena luego de que –tras un estudio de ADN- se cayera la principal hipótesis de la funcionaria, que argumentaba que el artesano había sido herido por un puestero de la estancia Benetton durante un violento asalto de un grupo de mapuches.
Sin embargo, lo que terminó de encender luces de alarma en el oficialismo fueron los resultados de otras encuestas según las cuales al menos 7 de cada 10 consultados había escuchado algo sobre la desaparición de Maldonado. Eso quería decir que el tema ya no era parte de la comidilla del “Círculo rojo”, es decir de la pequeña parte más informada de la sociedad, sino que se masificó.
Entonces el intérprete de los sondeos gubernamentales, Jaime Durán Barba, un cultor de la evidencia empírica que define la comunicación política como una ciencia, se preguntó: “¿Toda esa gente que tontamente acusa a Mauricio de haber cometido un atentado perverso, lo hace porque razona? No razonan, piensan que como es rico, debe haber matado a alguien”.
La entrada en escena del asesor presidencial debe interpretarse como una defensa del accionar del Gobierno –o de su quietud inicial- ante cuestionamientos que se extendieron dentro del propio espacio oficialista. Ayer mismo se sumó Hernán Iglesias Illa: “Algún gendarme suelto pudo haber golpeado a Maldonado”, dijo el funcionario de la Jefatura de Gabinete.
Es que no había pasado inadvertida la crítica del radical Ernesto Sanz –uno de los fundadores de Cambiemos- al “error de comunicación o manejo” que atribuyó al Gobierno en este asunto. Fuera de los límites de la política, tampoco cayó bien en la Casa Rosada que Mirtha Legrand se manifestara con críticas al respecto, lo que motivó un llamado de la Bullrich a la diva.
La actuación de la ministra de Seguridad comenzará a ser evaluada mañana (lunes 11/09) por la comisión respectiva del Congreso, que preside Sergio Massa, aunque la funcionaria anticipó que no asistirá al encuentro. El que sí debería brindar explicaciones es el director nacional de la Gendarmería, Gerardo Otero, que también fue citado por el cuerpo legislativo a raíz del caso Maldonado.
La defensa de Bullrich y del Gobierno a la Gendarmería tiene su razón de ser y va más allá de la desaparición del joven artesano. De hecho, es la fuerza en la que se apoya la ministra de Seguridad para el combate contra el narcotráfico y el despeje de los cortes de ruta en todo el país. Habría que recordar, además, que los gendarmes se sublevaron en pleno gobierno kirchnnerista.
El encumbramiento de la Gendarmería bajo el Gobierno de Cambiemos es directamente proporcional a la caída en desgracia de las policías Federal y Bonaerense, en cuyas estructuras se había apoyado el kirchnerismo con los resultados conocidos. La PF, por caso, fue subsumida en la Policía de la Ciudad en la capital. Y aquí en la Provincia fueron desplazados miles de policías.
La Gendarmería, en cambio, se convirtió en la preferida del Gobierno. Por eso no debe extrañar que ahora que está objetada por el caso Maldonado, reciba algún pase de factura proveniente de “fuego amigo”. Tanto, que se filtró un falso informe de inteligencia atribuido a la Policía Federal en el que se dio por sentado que gendarmes de Esquel desaparecieron al artesano. (...)".
Asís en Animales Sueltos "a Santiago Maldonado los torturaron a 10 grados bajo cero"
Esto lo corrobora Horacio Aizpeolea en el diario Los Andes, de Mendoza:
" La última mención pública de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, sobre el caso Maldonado, fue un escueto tuit del 28 de agosto pasado. “Lo chequeamos. No es”. Bullrich respondía así a la versión que por aquellos días ubicaba a Santiago Maldonado en Salta. Entonces su exposición pública era altísima, al punto de cenar con Mirtha Legrand el 26 de agosto.
Desde aquel tuit hasta hoy, día 40 de la desaparición del joven de 28 años, la ministra se mantuvo en silencio sobre el tema. Con Maldonado ocupando titulares en el mundo, con una comisión de la ONU y con la Corte Interamericana de Derechos Humanos pidiendo al Estado argentino que actúe en consonancia con una desaparición forzada, con la oposición política clamando su renuncia, el gobierno decidió sacar a Bullrich del centro de la escena para dar más protagonismo a otros actores (como el ministro Garavano y el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj).
También se pidió ‘espíritu de cuerpo’: “El respaldo a Bullrich es total”, dijo el presidente Macri y así debe ser expresado por todo el gabinete. A mediados de la semana que pasó, los diputados nacionales de Cambiemos se sumaron expresando su apoyo a la ministra. A poco más de un mes de las elecciones legislativas, el Gobierno no quiere ofrecer fisuras internas.
Hace unos días se reunieron el presidente Macri, los ministros Garavano y Bullrich, más Avruj y un par de diputados nacionales. Cinco semanas demandó al caso Maldonado llegar al máximo nivel de la Casa Rosada. ¿Faltaron reflejos? El radical y cofundador de Cambiemos, Ernesto Sanz, esbozó: “Acá hubo error de comunicación o de manejo”. Agregó que se “debería haber tenido un nivel de involucramiento mucho más fuerte desde un primer momento de la Casa Rosada”. Lo dijo en buen tono.
El Gobierno contaba con una información clave cuando Macri se reunió con sus ministros: se había caído la pista promovida por la propia Bullrich ante una comisión del Senado (el 16 de agosto), que indicaba que Maldonado había sido herido por un puestero de los predios del grupo Benetton, el 21 de julio, en un supuesto ataque del RAM (Resistencia Ancestral Mapuche). El cotejo sanguíneo dio negativo. La versión pasaba a integrar una infame lista de pistas falsas.
Acaso como una admisión de ese “error de manejo” señalado por Sanz, el secretario Avruj fue enviado a Esquel, Chubut, para tomar contacto con la causa judicial.
Un participante de la cumbre en la Casa Rosada confió a este diario la posición del Gobierno: defensa cerrada de Bullrich y señalamiento al kirchnerismo (por sobre otros opositores) y al RAM como actores interesados en el tema.
“Hay una mano fundamental del kirchnerismo. Embarran la causa y no ayudan a nada”, dijo Avruj anteayer, en sintonía con lo acordado. “Hay un amplio respaldo a la gestión de Patricia Bullrich. Creemos que trabaja de buena fe”, agregó.
Avruj también señaló a Matías Santana como integrante del RAM. Santana declaró en la causa haber visto con sus binoculares cómo los gendarmes se llevaban a Maldonado en el operativo del 1 de agosto en la comunidad mapuche Pu Lof (paraje de Cushamen, noroeste de Chubut). Pero Santana lo niega, al igual que los integrantes de la comunidad Pu Lof.
“El Gobierno banca a Bullrich y nos parece apresurado cargar la culpa contra la Gendarmería”, comentó a este diario un ministro. Este funcionario justificó con fines prácticos la defensa de Gendarmería por parte de la ministra: “No puede ir contra una fuerza clave en la lucha contra el narcotráfico, a la que se necesita”. (...)".
Para cerrar, es bueno volver a lo de Verbitsky:
"(...) Mientras el gobierno cambiaba de táctica ante las críticas a su actitud por la desaparición forzada de Santiago Maldonado, el superior del juez Guido Otranto buscaba pistas sobre su paradero lejos de su sede. Javier Leal de Ibarra preside la Cámara Federal de Comodoro Rivadavia. Hombre de confianza del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, también fue elegido como presidente de la Junta de Presidentes de Cámaras Nacionales y Federales. Más importante aún, Lorenzetti lo designó para dirigir junto con Martín Irurzun la Dirección de Captación de Comunicaciones del Poder Judicial.
¿Ese superorganismo de inteligencia le habrá indicado que Flushing Meadows era el lugar preciso para estar en el momento apropiado? Por su gesto (de remera azul en el centro de la foto) sus averiguaciones fueron positivas."