Según Choe Sang-Hun y David E. Sanger del Times, el ensayo misilístico fue un desafío directo a Trump. Hace una semana, en un acto en Arizona, el Presidente de USA sugirió que su amenaza "fuego y furia" contra Corea del Norte -si esta ponía en peligro a su país- estaba comenzando a dar frutos. Kim Jong-un, dijo Trump, estaba "comenzando a respetarnos". También el secretario de Estado, Rex Tillerson, había citado una pausa en las pruebas norcoreanas, diciendo que estaba "complacido de ver que el régimen de Pyongyang ha ciertamente demostrado algún nivel de moderación que no se había visto en el pasado." Esto, según el secretario de Estado, podía ser un "camino" al diálogo.
Solamente un par de días después, los norcoreanos lanzaron 3 misiles de corto rango, aguando la fiesta. 2 de ellos viajaron 155 millas antes de caer, lo suficiente como para alcanzar bases militares de Corea del Sur y USA, incluyendo aquellas que están a 60 millas al sur de Seúl. En esa dirección desafiante, un artículo en el periódico oficial norcoreano, Rodong Sinmun, dice: "USA debe entender claramente a su rival. Sus amenazas pueden funcionar con algunos países, y algunos otros han cedido a los engaños de USA. La República Popular Democrática de Corea se mantiene inalterable en su postura de no incluir su disuasivo nuclear en la mesa de negociaciones ni retroceder ni siquiera una pulgada en el camino de reforzar la fuerza nuclear, salvo que la política hostil de USA y las amenazas nucleares contra ella se terminan definitvamente."