México, en cambio, anunció que llega a la mesa de negociaciones con la mira puesta en “preservar y fortalecer” lo alcanzado, dijo Guajardo. Pero no todos los sectores coincidirían con su representante: "En México, los académicos y una mayoría de los sectores más vulnerables (el campo, los trabajadores, la empresa mediana y pequeña) casi repiten las mismas palabras de Lighthizer", explica el portal Sin Embargo.
Canadá, por otro lado, pondrá la protección del ambiente en el centro de los debates, y ha anunciado que buscará agregar normas sobre los derechos de los pueblos autóctonos y la protección de la fuerza laboral. Otro de sus objetivos será recortar la burocracia.
Quartz explica que los 3 países procuran concluir rápido la renegociación para que no afecte la elección presidencial de México a mitad del año que viene, y las de medio término que habrá en USA unos meses después. Pero las posiciones de Canadá y México sobre el Nafta sugieren que presionaran fuerte en algunos asuntos que podrían hacer frente a la agenda de USA, por lo que las charlas podrían durar más que lo anticipado.
"Las tres partes han establecido un ambicioso calendario para las negociaciones con el objetivo de terminar las conversaciones a principios del próximo año -apuntan Shawn Donnan y Jude Webber del diario Financial Times, en una traducción presentada por El Financiero-. La razón principal de ese apremio es la política. Las elecciones mexicanas en julio de 2018 y las elecciones estadounidenses de mitad de mandato en noviembre de ese año juegan un papel preponderante. En particular, los funcionarios de USA y México están preocupados por las encuestas que muestran al populista de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, liderando la carrera presidencial. Si las negociaciones del TLCAN se retrasan, los funcionarios mexicanos temen que puedan verse envueltas en la campaña electoral. Y los funcionarios estadounidenses preferirían no negociar con López Obrador, quien ha acusado a Trump de conducir una 'campaña de odio' contra México", escribieron Donnan y Webber.
Hernández de El País muestra la paradoja de cómo el TLCAN -tan temido en sus comienzos en México- terminó siendo vilipendiado del otro lado de la frontera, ya que el tratado resultó "a la larga más favorable para México y su comercio que para U.S.A. y sus enredos de gran potencia… endeudada."
El mismo acuerdo que "cambió radicalmente el paisaje incluso verbal de las ciudades mexicanas -escribe Hernández: con cada vez más anuncios publicitarios en inglés, carteles sin eñe y nula necesidad de sacar pasaporte para comprar chicles gringos o tenis a la Michael Jordan", es considerado por Trump "tan diabólicamente nefasto para su patria como la existencia misma de la frontera geográfica que él mismo quiere abrir como cicatriz con un muro a lo chino."
Por otro lado, destacan Donnan y Webber del Financial Times, hay que remarcar el enorme riesgo político que conlleva la reapertura del TLCAN: "Ni Canadá, ni México, ni la mayoría de los negocios de USA querían reabrir el TLCAN. La principal razón — más allá de la economía — era el riesgo político, el cual aún persiste. Si se logra un acuerdo, no está claro si podría sobrevivir una votación en el Congreso. Es casi seguro que los demócratas se opongan a cualquier cosa negociada por la actual administración, y muchos republicanos en pro del comercio también se sienten incómodos con algunas de las demandas de Trump."