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La mediocridad por vocación

Muy profundo lo que sostiene el autor de la columna, Luis Rizzi: "Los argentinos nos acostumbramos que lo peor es mejor que nada (un tren que tarda 24 horas o más para llegar a Tucumán, 7 horas a Rosario y casi 18 a Córdoba) o que lo regular es mejor que lo malo. Lo bueno es no perder lo poco que tenemos. Nos conformamos con el escaso mérito y la baja calidad. (...)".

 

“…Los alimentos están sometidos a controles usualmente rigurosos, que impiden o dificultan su adulteración. Eso no ocurre en la política, donde las técnicas de control de calidad son difusas o inexistentes. Hay garantías de que la mayonesa no va a intoxicar y si ocurriera sería un escándalo ruinoso para la marca. Que un político engañe o desilusione es, en cambio, una posibilidad cierta”.
Eduardo Fidanza,
La Nación, 05/08/2017.


No es la primera vez que escribo sobre esta cuestión, reconozco que no tuve mucha repercusión como si éste fuera un tema intrascendente, pero la calidad está presente en todos los actos de nuestra vida y, tal como dice el copete del señor Eduardo Fidanza, un producto de mala calidad intoxica y hasta nos puede causar la muerte y una decisión de mala calidad nos puede perjudicar en la vida para siempre o causarnos perjuicios irreparables o de difícil reparación.

Hoy las sociedades del mundo son mediocres y en especial la nuestra. Las sociedades del mundo en general tienen la virtud de cometer nuevos errores o nuevas equivocaciones, diría requisitos esenciales de la calidad, pero no los repiten.

La calidad es comparación con su opuesto.

Nosotros los argentinos insistimos en los errores, institucionalizamos nuestras crisis recurrentes y sabemos que cada tanto, tendremos un “Rodrigazo”.

Las crisis no nos duelen, les duelen a otros; pero no tenemos en cuenta que la marginalidad económica -la economía negra- del 35%, la pobreza del 30% con sus consecuencias, son “los otros” que como justificación llamamos, los corruptos, vagos, los negros y hasta algunos dicen a los que hay que matar… porque no tiene cura…

Días pasados en una reunión social, conformado por gente del 70% restante-la GCU- decían más o menos “votaré por Macri (sic) para que no vuelva Cristina)", ese era el parámetro de calidad de su decisión, para la PASO y para octubre.

Es obvio que ese argumento me parece mediocre y hasta cínico o hipócrita pero es nuestro cabal reflejo como sociedad.

Si le prestamos atención a la propaganda política advertimos que nos ofrecen productos en mal estado que intoxican nuestro entendimiento, como lo insinúa Fidanza, productos usados y ajados que impiden su uso, como eso de trabajar seis horas y ganar $ 25.000,00 y otras que hacen mérito, como la oficialista, de lo que debe hacer un gobierno, caminos, cloacas, restaurar los ferrocarriles, más bien haceres propios de intendentes como decía mi recordado Dr Juan Carlos Luqui, o que ahora impera la honestidad.

No es honesto hacer mérito de la honestidad, máxime cuando el propio Grupo Macri, SOCMA, tiene un origen prebendario y algunos funcionarios prominentes del gobierno negociaron los famosos “futuros” cuando habían participado del negocio y no fueron capaces de decretar su nulidad optando por pagar en nombre de las buenas costumbres (¿?). Un delito –como se denunció- no puede ser causa de un pingüe negocio.

La verdad en boca del impío sigue siendo verdad, pero también impío…

Si sabemos quiénes fueron los prendarios de los últimos años deben merecer el mismo reproche de los actuales, porque “el prebendarismo” debe ser políticamente imprescriptible, pero pareciera que hasta los argentinos hemos sido capaces de diferenciar “el buen prebendarismo, del malo”.

Este gobierno no se ha destacado precisamente por la “calidad de sus decisiones” y es hipócrita justificarlo con el “prueba y error” porque ello es justificar la falta de idoneidad profesional, como la de muchas de las designaciones hechas sin antecedentes que lo justificaran. Se imaginan a un médico haciendo “prueba y error” con nuestra salud…

Se exhibe como éxito de gestión a Aerolíneas Argentinas, porque está exigiendo menos dinero al estado que antes, pero lo que no se advierte es que el transporte aéreo en el mundo ya cambio radicalmente en el mundo.

Chile nos está dando un ejemplo y nosotros pretendemos hacer mérito a una empresa que conserva su modelo de los años 50 que aun pierde dinero y necesita subsidios, lo que genera además “competencia desleal”.

La ANAC no ha podido encontrar un avión desaparecido hace 10 días, se justifica su inoperancia con argumentos que si los expusiera otro gobierno provocarían reacciones en cadena y su administrador permanece en funciones cuando sería oportuno que volviera a ejercer sus anteriores actividades, en las cuales habría sido “exitoso”.

La verdad es como lo dijo Francisco Olivera, Macri asumió el rol de “ordenador” y no tiene mérito para hacer apenas de “transformador”, como pretendió serlo “Cambiemos” que quedó convertido en una caricatura gatopardista.

Para “Cambiemos” el cambio es que pierda Cristina y así surgió, tal como decía Jose Luis Espert, un “kirchnerismo de buenos modales”.

El gradualismo escondió y esconde la mediocridad del gobierno y de la oposición, que vale decirlo también fue “colaboracionista y oportunista”, y sabemos que ello no es virtud.

Por el contrario la esperanza del “cambio” la mantiene viva Maria Eugenia Vidal, que tuvo decisión para enfrentar cuestiones que exigieron decisiones de real calidad política.

1ro., reconstituir a la Policía de la Provincia, 'La Maldita Policía' tal como la llamó la Revista Noticias con razón.

2do.: Promover la represión del narcotráfico en el meollo del delito;

3ro.: promover una reforma educativa y para ello hizo sentir su autoridad ante el gremialismo docente, no con la finalidad de “oficializarlo sino de profesionalizarlo";

4to.: Inició acciones legales para recuperar el Fondo del Conurbano cuyos recursos son imprescindibles para atacar esos nichos de pobreza que ocupan parte del Gran Buenos Aires o conurbano bonaerense.

Y, por último, y en esto con el apoyo nacional, pudo iniciar obras prioritarias que hacen a la dignidad de la gente.

Un Presidente de una Nación debe tomar no sé si más de una docena de decisiones por año sobre las reales cuestiones de una sociedad. Cuando Carlos Floria separó las “cuestiones” de los “problemas”, resultó que estos son muchos más y para ello están los ministros y demás funcionarios.

El Presidente hasta ahora resolvió algunos problemas, como eliminar el cepo cambiario; restablecer la credibilidad del INdEC; "el plan de reparación histórica de los jubilados, en definitiva pagar lo que se adeuda; modificar el clima agresivo dejado por el Kristinismo”, mejorar los modales y puede haber algún otro.

Pero no se advierte ninguna decisión sobre “cuestiones”.

Enumero algunas, no enfrentar la saga de “crisis regulares”, no haber presentado las bases de un programa transformador del país a la sociedad, no haber promovido ni constituido una real alianza política en base a una agenda novedosa, no haber propuesto una reforma judicial que quizás hubiera exigido al Congreso de la nación, una revisión de todas las designaciones ocurridas en los últimos 15 años.

En una palabra, los argentinos nos acostumbramos que lo peor es mejor que nada (un tren que tarda 24 horas o más para llegar a Tucumán, 7 horas a Rosario y casi 18 a Córdoba) o que lo regular es mejor que lo malo.

Lo bueno es no perder lo poco que tenemos. Nos conformamos con el escaso mérito y la baja calidad.

Quiero ser honesto, en Martin Lousteau también veo la propuesta de una agenda política que merece ser pensada por la gente.

¿O será que los argentinos somos mediocres por vocación…?

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