A sus 25 años, empezó a entender que estaba listo para dar un salto adelante, para un cambio y tenía que ser lejos del Barcelona. Y así fue cuando empezó a escuchar, justo después de renovar por el Barça, los cantos de la sirena que le pudieran llegar.
Desde SPORT ya informamos el acoso que recibía de José Mourinho y lo receptivo que estaba el jugador. El portugués, con llamadas telefónicas reiteradas, le empezó a cantar esa música que tanto le gustaba escuchar sobre su proyección como futbolista, sobre su futuro glorioso, sobre el balón de oro... y por algún momento se vio en Manchester. Todo pendía de la clasificación del equipo para la próxima edición de la Liga de campeones porque los gestores de la entidad inglesa prometieron pagarle la cláusula de rescisión. El Manchester se clasificó al ganar la Europa League pero luego, cuando le propusieron la operación la familia Glazer, el presidente americano se echó para atrás al considerar una burrada pagar 222 millones por un jugador.
Neymar, a quien no se le puede criticar su falta de implicación en el día a día del vestuario (solo el lunar de su enfrentamiento con Semedo en pretemporada), no dejó de escuchar a quien le propusiera un trampolín para el éxito. La llegada del nuevo entrenador, a quien no conocía, tampoco supuso el revulsivo que podía cambiar la dinámica de los acontecimientos.
Valverde no contactó con él nada más ser presentado y cuando se vieron las caras ya era tarde porque los contactos con el PSG ya estaban muy avanzados. Evidentemente, la marcha de Neymar no es culpa de Valverde pero tampoco es motivo para quedarse, algo que sí hubiera podido decantar la balanza con Jorge Sampaoli quien, sin saber que podía ser una opción para el Barcelona, tenía feeling con el brasileño desde que ambos coincidieran en la casa del propio jugador en Barcelona.
Y entonces el periodista Albert Masnou descarga una serie de críticas que representan lo que hoy se vive puertas adentro del Camp Nou: Desde Barcelona se habían hecho oídos sordos a portadas sobre el interés del Manchester o cuando publicamos la incomodidad del jugador en Barcelona. Declaraciones como las de Jordi Mestre “200 por cien que se queda” o las de Cardoner no sirvieron más que demostrar su desconocimiento del vestuario, del sentir de los jugadores y de sus deseos y frustraciones. Y también de la voluntad de notoriedad de algunos. Aunque no se sepa qué decir. Hablar aunque no se sepa de qué. ¿Cómo es posible que desde el periodismo, y desde SPORT en concreto, se supiera algo que la mayor parte de los directivos o ejecutivos desconocieran?
El Barcelona, de buenas a primeras, hizo lo fácil: negarlo todo. Luego llegó la incredulidad, el querer evitarlo a toda costa y finalmente la rabieta en forma de pedir ayudar a otros organismos (otros clubs importantes en Europa o UEFA) para evitar lo inevitable.
En definitiva, lo que queda es una imagen de impotencia, descontrol del entorno porque nadie avisó de lo que se cocía. Ni se supo del entorno de Neymar, ni del vestuario, ni de los intermediarios (dos de los más grandes están metidos en la operación), ni de Qatar (país que ha estado patrocinando al club en los últimos seis años), ni del PSG. Y si los avisaron no quisieron escucharlos amparados en la grandiosidad del Barcelona.
El club fue pillado a contrapié y todo lo que llega después ya son reacciones que denotan debilidad porque Neymar es un jugador muy importante pero los títulos no se logran con un jugador, ni con tres como demostró el Barcelona la pasada temporada. Es ahora cuando alguien echa de menos que el equipo dejara escapar a Gabriel Jesús el pasado curso por tratarse del sucesor natural de Neymar y por tratarse de la nueva perla del fútbol brasileño. Sin embargo, sin Rosell, el Barcelona ha perdido ascendencia en ese mercado.
Neymar ha disparado el mercado y el Barcelona debe ser listo para evitar entrar en esta vorágine.