Paralelamente, se experimentó un incremento en el número de inquilinos en el GBA que no tenía precedente en años anteriores. Entre 2015 y 2016 la cantidad se incrementó un 9,33% (31.435 nuevos hogares inquilinos). El número absoluto es muy similar a la cantidad de inquilinos de los primeros tres deciles que abandonaron la Ciudad de Buenos Aires: 28.949 hogares.
Según CEPA,
"este resultado es consistente con la tesis de ciudad expulsiva: es la Ciudad más rica del país descarga en momentos de recesión económica los problemas habitacionales sobre los municipios del GBA. Los hogares en situación de mayor vulnerabilidad, que son aquellos que mayor demanda generan sobre los sistemas de salud, educación, y otros servicios del estado en general son incitados a moverse a un distrito con peores condiciones materiales para dar respuesta a estas demandas"."La dinámica de la Ciudad expulsiva opera a través de un mercado de alquileres completamente regido por el libre mercado; con alquileres que aumentan al ritmo de la inflación, en un contexto de salarios que pierden poder adquisitivo, y donde los inquilinos de menores ingresos no pueden hacer frente al costo del alquiler de la vivienda", agregaron.
La fuga de inquilinos porteños tiene que ver principalmente con un aumento de los precios de los alquileres y una mayor transferencia de renta desde los inquilinos a los dueños de las propiedades. Por ejemplo, en el segundo trimestre del 2015, del total de la renta generada por los hogares inquilinos, el 33% estaba destinado al pago de alquileres. En 2016, ese porcentaje se incrementó al 42%. Asimismo, mientras que el ingreso per cápita promedio de los hogares inquilinos aumentó solamente 12%, el costo del alquiler promedio lo hizo en un 33%.
Pero el precio del alquiler representa un porcentaje muy relevante del ingreso familiar, que no está incluido en la canasta básica de manera completa. Si se clasifica a la población en relación a las líneas de pobreza e indigencia (o sea por ingreso), quedan fuera de esos universos un gran número de hogares que de manera objetiva tienen muchas dificultades para hacer frente a los gastos básicos, pero que sin embargo no son pobres.
Un simple cálculo, muestra que, si se considera la suma del gasto alimentario de los hogares, el de un alquiler mínimo y el gasto por expensas, el 15,1% de los hogares tienen ingresos que no superan esa suma de gastos. Es decir, del total de hogares inquilinos, existe un 9,1% de hogares que no son pobres según la clasificación de ingresos, pero sin embargo tienen ingresos insuficientes para afrontar dicho gasto.