Éste es el segundo golpe notorio que da la Ciudad contra la corrupción policial, luego de que dispusiera -desde el debut de la fuerza porteña- quitar las brigadas de las comisarías y ubicarlas en la Superintendencia de Investigaciones.
Las brigadas forman parte del sistema de recaudación ilegal de varias dependencias porteñas, ya que eran las encargadas de ejecutar el cobro, como por ejemplo a comercios, particulares e incluso a "trapitos", según se desprende de ciertas denuncias.
Justamente, a partir del cobro de seguridad privada, los jefes de seccionales disponían de la distribución de sus hombres, algo que ahora no estará dentro de sus funciones.
Los casos de corrupción en las dependencias 35ta. y 51ra., y las sospechas planteadas en la 46ta, en todos los casos durante 2016, son una prueba del sistema corrupto que llevaban adelante algunos jefes. Además de manejar las paradas y los efectivos, la Ciudad también dispondrá de "más policías en la calle en paradas y mayor intensidad de patrullaje con móviles".
También se encargará de "un patrullaje intensivo, con fines preventivos en toda la Capital y para mejorar los tiempos de respuesta a llamados al 911".
Asimismo, habrá "un modelo planificado centralizadamente destinado a optimizar el control territorial frente a la delincuencia, cuyas variables son ponderadas y revisadas en un modelo georreferenciado".