Moro recibirá con todos los honores a su citado: horas antes consiguió que Renato Duque, exdirector del área de servicios de la estatal Petrobras, que purga penas de más de 50 años de cárcel por corrupción pasiva y lavado de dinero, aseguró que vió con Lula en 3 ocasiones desde que salió de la empresa, en 2012, 2013 y 2014. “En esas 3 ocasiones quedó claro, muy claro para mí, que él tenía pleno conocimiento de todo y que tenía el comando” de la red de sobornos a la petrolera, dijo Duque en una declaración filmada, difundida por los principales medios de comunicación en Brasil.
De pronto, se mezcla lo judicial con lo político y lo mediático: Lula fue la fijación de la editora Abril (revista Veja), y de los diarios Folha de S. Paulo, O Estado de S. Paulo y O Globo y su Rede Globo.
Los abogados de Lula subrayaron en un comunicado que Duque no ofreció ninguna prueba de esa acusación.
Los fiscales de la Operación Lava Jato ya habían señalado a Lula como el “máximo comandante” del megaescándalo de corrupción.
Moro interrogará al expresidente (2003-2010) acerca de una vivienda de la constructora OAS, que se sospecha fue parte de la retribución de favores ilegales por contratos con Petrobras.
El PT prepara una movilización masiva a Curitiba, en respaldo de su cofundador y líder.
El más reciente sondeo de la encuestadora Datafolha afirma que si hoy ocurrieran los comicios en Brasil, Lula obtendría el 30% de los votos, el doble que Marina Silva, que tendría 15%, y Jair Bolsonaro, un "outsider" de extrema derecha que sumaría otro tanto.
Pero Marina, ex ministra de Lula, podría derrotarlo en un balotaje por un margen harto exiguo: 41% a 38%, empate técnico. Y conociendo lo errático de Marina en sus 2 anteriores intentos presidenciales, en los que parecía que ganaría y terminó 3ra., hasta podría imaginarse el triunfo de Lula en un balotaje.
Aquí aparece el gran tema: gran parte de la opinión pública brasilera no percibe a Lula como un corrupto, o no le importa lo que sea Lula porque cree que con Lula vivía mejor.
Entonces, ¿qué sucede con el Lava Jato, que también logró movilizar a multitudes de la clase media que, sin embargo, no ganarían un comicio en Brasil?
Más profundo aún: ¿será que el Lava Jato no es percibido como una causa popular o una investigación judicial que beneficie a los pobres, a los marginados, a los pauperizados de Brasil?
Este interrogante colisiona directamente con la idea de Moro carismático, Moro ascendente y hasta Moro presidenciable. Al fin de cuentas, Moro parece el emergente de un estamento sociocultural brasilero que, además, se quedó sin presidenciables porque Moro descubrió que la cúpula del PMDB era toda corrupta (y eso incluye al presidente Michel Temer, sólo que nadie quiere descabezarlo hoy día por el riesgo institucional implícito), y que gran parte de los líderes del PSDB también lo eran, tal como los del PT.
Moro no imagina concluir el Lava Jato sin Lula da Silva preso, pero para llegar a esa instancia debe tenerlo no sólo probado sino instalado en la opinión pública, y no lo consigue aún. La recesión económica genera sus propias consecuencias políticas y judiciales.
Al rescate de Moro fue su admiradora y colega en Curitiba (capital del estado Paraná), la jueza Diele Denardin Zydek, quien prohibió la instalación de campamentos de los simpatizantes del ex mandatario, entre las 23:00 del lunes 08/05 y las 23:00 el miércoles 10/05.
La magistrada fundamentó su decisión en un fallo del Tribunal Regional Federal de la 4ta. Región, de 2002, que sostuvo que "la garantía constitucional del derecho a manifestarse no se extiende a la ocupación, aunque sea provisoria, del bien público".
Pero la restricción no podrá impedir el apoyo de masas a Lula culpable o Lula inocente, Lula corrupto o Lula prescindente de la corrupción de terceros.
En cualquier caso, el otro fracaso de quienes promueven el Lava Jato es que no han logrado modificar los mecanismos de financiación de la política. ¿Cómo será en el año electoral 2018? En tanto, avanza en el Legislativo un proyecto para restringir la tarea de la justicia en los casos, en especial, que se refieren a dirigentes públicos. ¿Y por qué sucede esto? Porque el Lava Jato sufre una erosión, tal como sucedió con el Mani Pulite en Italia.
Ahí aparece la gran restricción de todo proceso judicial: los magistrados en muchas ocasiones son prisioneros de la opinión pública y del calor de los medios, y entonces se entusiasman y prometen una sociedad mejor, lo que nunca podrán conseguir porque no es el objetivo del hecho procesal. Dictar Justicia no equivale a garantizar una bonanza en el bolsillo de las personas, algo que sí podría conseguir el funcionario público, en este caso el imputado o el procesado o el enjuiciado.
Luego aparecen los procedimientos utilizados: Moro considera que la detención preventiva es clave para conseguir atemorizar al investigado y que acepte delatar a otros en la red de corrupción. Pero la detención preventiva acumula acusaciones. Él dice que sin detención preventiva no hubiese avanzado el Lava Jato. Pero también lo es que la delación premiada conseguida por la detención preventiva puede llevar a irregularidades.
Mónica Bergamo entrevistó para Folha de S. Paulo al juez Gilmar Mendes, del Supremo Tribunal Federal. Hay quienes solicitaron el juicio político o impeachment contra Mendes y sus colegas José Antonio Dias Toffoli y Ricardo Lwandowski, por haber liberado a José Dirceu, uno de los personajes emblemáticos del PT.
Mendes no puede ser considerado un 'petista' porque integra la Corte desde 2002, propuesto por el expresidente Fernando Henrique Cardoso, cofundador del PSDB, enfrentado a Lula da Silva. Esto le concede autoridad a Mendes.
Él explicó algo que supone un límite a los procedimientos de Moro: "El Supremo tiene una doctrina centenaria que dice que la prisión preventiva tiene límites. La detención siempre será temporaria, según surge de la Constitución. En el pasado, inclusive la ejecución de la pena sólo comenzaba después del agotamiento de todas las instancias del proceso. El tribunal sólo aceptaba la prisión provisoria en caso de crímenes violentos y en la posibilidad de una continuidad delictiva".
La periodista utilizó el argumento de Moro: sin prisiones preventivas ¿hubieran ocurrido delaciones como las de Odebrecht o de OAS?
Y Mendes respondió: "Yo creo que sí. En muchos casos, especialmente en los que Ud. cita, la fuerza de tareas ya disponía de elementos de prueba, e inclusive fueron difundidos como fundamento para las detenciones. Y la mayoría de los directores de Odebrecht que hicieron sus delaciones estaban sueltos. Hay mucho de mito en todo este tema. Y también en la doctrina de la Operación Manos Limpias (Mani Pulite). Aquí también hay una pelea por la opinión pública."
Mendes no es el único que considera que las detenciones preventivas pueden no resultar una herramienta apropiada para hacer Justicia. Hay otros casos en Brasil.
Sin duda que el tema estaré en el centro de la escena en horas más, cualquiera sea la suerte que corra Lula en su visita a los tribunales de Curitiba.