Algunos motivos por los que Urgente24 no cree en la grieta
por EDGAR MAINHARD

por EDGAR MAINHARD
Hay gente entusiasmada con esto de la grieta. Y la verdad es que la grieta es una conveniencia electoral de algunos. La grieta no fue el mensaje de Mauricio Macri al asumir la Presidencia de la Nación en 2015. Precisamente, muchos lo criticaron porque, en su afán de reducir la grieta, él decidió omitir la terrible herencia recibida.
La grieta era, en ese momento, una necesidad de los K porque debían estrechar filas para limitar la diáspora y porque sin grieta no hay liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner.
Precisamente, la grieta le conviene al PRO -más que a Cambiemos-, porque impide que el peronismo se reorganice, mantiene viva a CFK, quien mantiene una atracción electoral importante para muchos ciudadanos, pero tiene un techo insuperable, y no muy elevado.
Macri confiaba en que la grieta no sería necesaria porque llegarían inversiones directas que crearían bonanza. Entonces, la grieta también es hija de la mediocridad de la economía del PRO (no podría afirmarse que gobierna Cambiemos porque hay disidencias muy concretas acerca de las prioridades y el rumbo de la gestión). Si la economía funcionara, no habría necesidad de grieta.
Hoy día, la grieta es la gran esperanza electoral de Jaime Durán Barba, quien acaba de perder una vez más las elecciones en Ecuador, quizá porque no hay profeta en su tierra, o tal vez porque vive tanto tiempo y con tanta opulencia en la Argentina, que ya se olvidó cómo era su país.
De pronto, resulta que la grieta despierta mitos y leyendas, crea mística pero también provoca animadversiones y es peligrosa porque nunca ayuda a construir algo. En política, todo lo que no construye, destruye. Macri lo sabe pero hoy día no le sirve la idea de una amplia coalición electoral porque si sumara a Sergio Massa, Florencio Randazzo, Margarita Stolbizer y Martín Lousteau, ¿qué hace con Elisa Carrió?
En verdad, hace tiempo que Macri no sabe qué hacer con Carrió, pero si bien él alienta la grieta hacia afuera de Cambiemos, le teme a la grieta que podría provocar Carrió dentro de la alianza electoral que lidera el PRO.
Además, si Macri integrara a todos esos a una nueva colación tendría que reconocer, en forma implícita, que no ha funcionado la gestión de los 16 meses recientes.
Hay algo más complicado aún: ninguno de los potenciales participantes de la nueva coalición aceptaría ingresar sin participar de la gestión, y la estructura actual de Cambiemos le garantiza a Macri el poder absoluto para el PRO porque la UCR se conforma con controlar una porción del Banco Nación, del Ministerio de Agricultura y, por ahora, del Ministerio de Defensa, nada estructural. Y la Coalición Cívica-ARI se dedica a tuitear contra Ricardo Lorenzetti, nada fundamental.
De todos modos, también es cierto que con grieta nunca se podrán concretar las reformas estructurales que Macri sabe que precisa la sociedad argentina. Con grieta se carece del consenso imprescindible para arriar a varias vacas sagradas, y arremeter contra una cantidad de cotos de caza.
Por lo tanto, Macri ha decidido que es un tema que abordará luego de octubre, según los electores que consiga cada uno.
Esto lleva a una conclusión difícil: 2017 es otro año perdido. Así como 2015 fue un año volcado a la alcantarilla porque los K estaban de salida cualquiera fuese el resultado electoral, y 2016 fue un año dilapidado porque Macri iniciaba su gestión y el éxito no fue tan contundente como él esperaba, 2017 ya se terminó tanto para el Ejecutivo como para el Legislativo (trabajan tan poco los legisladores en los años electorales que habría que reducirles la dieta a la mitad ya que no son tan vergonzosos como para renunciar voluntariamente a sus privilegios).
Por ahí se escucha a los que saben -que son pocos- que luego de octubre habrá que apurar la porción considerable del ajuste pendiente desde 2015, pero no se profundiza mucho en el significado porque podría ahuyentar votos. En la mediocre Argentina es negativo debatir el presente, hay que permanecer en la polémica entre el pasado y el futuro, un limbo.
Empresarios de medios, periodistas, mucho prebendario suelto se aferran a ese River/Boca que es el pasado vs. el presente, energía inagotable de la grieta, y declaran que quienes reclaman por el presente son malvados, quizá electores de Sergio Massa (¿...?), pendencieros conspiranoicos y otras tonterías que hay que leer en el correo electrónico. Otra vez la historia pasa por la Argentina y muchos deciden permanecer en el anden. Subirse al convoy del éxito les provoca alergia.
Pero hay algo más grave por delante: el gran ajuste pendiente sigue refiriéndose a los precios relativos, que define el costo argentino, con 2 pilares:
* la presión tributaria total, o sea el gasto público; y
* la estructura del salario formal, o sea los convenios colectivos.
Mauricio Macri conoce muy bien las respuestas. No hay que explicarle nada. Pero sin una reorganización de su fuerza política, no podrá abordarlo. Eso también él lo conoce.
Hay algo que advertirle: que la grieta que él espera le provoque rédito electoral en octubre, no ponga en riesgo lo que viene después.
Mientras tanto, Urgente24 seguirá oponiéndose a la grieta y recibiendo las críticas de los adoradores de semejante perversidad, tal como si las antinomias nunca le hubieran provocado un daño inmenso a una sociedad que siempre tuvo todo para ser desarrollada y, sin embargo, desde hace años no atrae a inversores, no genera suficiente empleo, no provoca la riqueza que merece y menos la derrama.