¿Pura especulación sin fundamento o una realidad a tener en cuenta?
El tema es parte del debate sobre la necesidad de reordenar el sistema que se remonta, en la práctica, a 2008 y que, durante 8 ejercicios tuvo ampliaciones a menudo arbitrarias y de documentación escasa.
El tema de los excedentes de gas obliga a recordar el fuerte debate por las denuncias sobre el residual en las tarjetas de prepago que ocurrian años atrás: los centavos se convertían en millones de pesos de los usuarios y la Justicia intimó a buscar una solución a la Comisión Nacional de Comunicaciones (CNC).
Deberá recordarse que el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, sostuvo durante una audiencia pública por las tarifas de gas: "El 40% de los argentinos no tiene acceso a las redes de gas". Son muchísimas garrafas.
Deberá recordarse que en el Ministerio de Energía se denunció que había muchas denuncias sobre supuestos abusos en el mercado de garrafas que eran archivadas antes de ser investigadas, motivo que provocó una investigación interna y hasta ocurrieron sanciones.
Pinedo también habló en aquella ocasión en el precio relativo tan elevado de las garrafas respecto del gas en las redes, un tema que no es reciente porque el periodista Marcelo López Masia ya lo había abordado en Tribuna de Periodistas en 2010, cuando hizo un listado de promesas incumplidas de los Kirchner:
"En materia energética el panorama es desolador: nunca se hizo el gasoducto del NE, mil veces anunciado, que le daría fluido a Corrientes, Misiones, Formosa y Chaco, los que hoy pagan fortunas por las garrafas de gas licuado."
De todos modos, hay irregularidades que son difíciles de investigar y corregir, tal como la que se conoció en la provincia de Corrientes semanas atrás:
"(...) Es cierto que se mantiene a $97 el precio de la garrafa social, pero a domicilio hasta se duplica el valor llegando incluso a superar los $200. Para adquirirla a pie, en bicicleta o moto (los más pudientes de los sectores sociales vulnerables), deben transitar largos kilómetros para hacerse de un tubo de 10 kilos hasta las plantas fraccionadoras. Con el esfuerzo y el riesgo que ello implica, desafiando el sofocante calor de los últimos días con temperaturas superiores a los 35°.
En algún momento, el municipio capitalino implementó la venta social en las delegaciones barriales, con el público siempre sufriendo los inconvenientes burocráticos de anotarse para la garrafa social, con el carné, constancia domiciliaria policial, hasta certificado de pobreza incluido. Supeditados al cronograma de distribución. Casi un despropósito.
Ahora el público consumidor, social, pudiente o potentado, queda en las manos de los especuladores que, con la excusa del traslado, servicio ‘VIP’, carga impositiva, laboral, etc.; elevan la garrafa hasta hacerla desaparecer de lo social y se termina pagando, con suerte, $160. Si es que no queda en manos de las grandes distribuidoras que por este servicio domiciliario, facturan hasta $200 o más. (...)".
En este contexto es decisivo verificar el sistema, quizá hasta reorganizarlo de forma tal de asegurar su supervivencia pero también la eficiencia en cuanto a cumplimentar sus objetivos con el menor costo posible para la sociedad.