El biodiésel nació como un producto para exportación. En poco más de un lustro, la Argentina pasó a ser el principal exportador mundial de este biocombustible con el que se mezcla el gasoil. Sin embargo, en 2012 la UE, que representaba el 90% de las exportaciones argentinas de biodiésel, aplicó injustificada e ilegalmente aranceles por supuestas prácticas de dumping, lo que provocó el cierre de esas exportaciones.
A partir de entonces, la Argentina tuvo que salir a buscar nuevos mercados y adecuar la operatoria de exportaciones. Así, en Estados Unidos, que tiene alta exigencia, las empresas locales pudieron cumplimentar satisfactoriamente las certificaciones de sustentabilidad, por lo que se convirtió en el principal mercado de biodiésel argentino en 2016. A la vez, la Argentina demostró la competitividad de esta producción.
En 2016, la Organización Mundial de Comercio (OMC) hizo lugar en forma definitiva al reclamo argentino por los aranceles impuestos por la UE, al igual que la Corte de Justicia Europea. Esto implica que los despachos a este destino deberían reactivarse en los próximos meses.
Asimismo, CARBIO destacó en ese proceso la labor de la Cancillería argentina que ha defendido eficazmente al biodiésel argentino contra aquellas medidas proteccionistas de la UE que se han demostrado infundadas.
Sin embargo, resultó negativa en 2016 la aplicación por Perú de medidas anti-subsidios y anti-dumping al biodiésel argentino, de la misma manera que había sucedido con la UE. La evolución de tales exportaciones a Perú muestra que, desde 2012 hasta 2015, ese mercado compró en promedio unas 195.000 toneladas de biodiésel argentino, que representan, a valores de hoy, aproximadamente 147 millones de dólares en ingreso de divisas para el país.
"En 2017 continuaremos impulsando los reclamos de la Argentina contra estas medidas injustificadas para que sean prontamente resueltos en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC) o en ámbitos bilaterales, para poder volver a exportar biodiésel a Perú," añadió Zubizarreta.
La industria del biodiésel se caracteriza por su potencial como dinamizador del desarrollo de industrias vinculadas. Impulsa el crecimiento de la industria de la glicerina y derivados, en la que se logró la sustitución plena de importaciones y se pasó a exportar, y genera demanda sostenida de químicos como el metanol o el metilato, con capacidad de producción doméstica. Asimismo, el sector también podría inducir efectos indirectos horizontales para la generación de biocombustibles de segunda o tercera generación.
El diálogo y el trabajo conjunto entre Estado-sector privado (con las áreas de energía, agroindustria, transporte, medio ambiente y relaciones exteriores) posibilitan construir una perspectiva aún más auspiciosa para la producción y la exportación del biodiésel argentino.