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El desmesurado proyecto Roccatagliata, un entuerto de nunca resolverse

Villa J. Roccatagliata (también conocida como Palacio Roccatagliata) fue una residencia familiar, de la que sólo queda su casco, en la Avenida Ricardo Balbín 2603 (esquina calle Franklin Delano Roosevelt), en el barrio porteño de Coghlan, construida para Juan Roccatagliata hacia 1900. La familia era propietaria de la Confitería del Molino. Junto al Hospital Pirovano fue una de las primeras edificaciones en tener una línea telefónica. El lugar es motivo de una intensa disputa judicial-urbanística que, sin embargo, no ocurrió cuando, por ejemplo, ocurrió la estupidez inconcebible de instalar un expendio de naftas Petrobras en el predio. El reclamo de los vecinos fue tardío. Quizá por eso ahora intentan presionar antes.

La Justicia ordenó que se suspenda la construcción de 2 torres, una de 13 pisos y otra de 27 con una altura de 83,80 metros y aproximadamente 43.200 metros cuadrados, alrededor del centenario Palacio Roccatagliata, en el barrio porteño de Coghlan, un tema que ex motivo de intensos debates entre arquitectos, y del que se hizo eco Claudio Destéfano en su newsletter Ristretto.

La medida cautelar se basó en una demanda del diputado porteño de Bien Común, Gustavo Vera (simpatizante de cuanta causa contestataria exista. No olvidar su origen junto a Elisa Carrió), quien pedía la nulidad del permiso de obra otorgado por el Gobierno de la Ciudad en abril de 2014.

La denuncia quedó radicada en el Juzgado en lo Contencioso Administrativo y Tributario número 8, a cargo de Osvaldo Otheguy, quien finalmente dispuso suspender ambas construcciones

Días atrás, vecinos de Coghlan, Saavedra y Belgrano habían realizado una movilización para evitar que se continuara con ese emprendimiento que iba en detrimento del edificio cultural emplazado entre la calle Roosevelt y la avenida Ricardo Balbín.

Jonathan Baldiviezo, abogado del despacho de Bien Común, titular del Observatorio del Derecho de la Ciudad y patrocinador de la demanda explicó que "los permisos de obra que otorgó el gobierno porteño atentan contra el Código de Planeamiento Urbano (CPU)".

Resultaría muy importante escuchar ahora a los funcionarios porteños habilitantes, con nombre y apellido, para conocer sus fundamentaciones.

Mientras tanto, sigue Baldiviezo: " La construcción supera el factor de ocupación del terreno (FOT) permitido por el CPU, una de las torres tiene más altura que la autorizada y, además, se ocupa en gran proporción el pulmón de manzana, algo que también está prohibido".

Efectivamente, en el amparo impuesto por la Justicia se menciona el impacto ambiental que una obra de esta magnitud tendría en esa esquina.

En este sentido, según el artículo 30 de la Constitución porteña, las obras realizadas en una parcela de 2.500 m o más que requieran de normas urbanísticas particulares deben ser categorizadas de impacto ambiental con relevante efecto. Esto acarrea la obligatoriedad de realizar una evaluación de impacto ambiental con audiencia pública, algo que no ocurrió. Además, estas normas urbanísticas particulares deben ser aprobadas por la Legislatura, algo que está en carpeta del Gobierno porteño, según pudo saber este medio, para modificar el CPU.

Baldiviezo señaló que el magistrado "hizo un primer examen exhaustivo y dispuso la suspensión de la obra hasta tomar una resolución definitiva" que sería dar marcha atrás con las dos torres o avanzar en el emprendimiento edilicio.

La puja viene desde 2013, cuando ni bien fue anunciado el emprendimiento, un grupo de vecinos de Coghlan y Belgrano, la ONG Basta de Demoler y la Asociación Civil Amigos de la Estación Coghlan se presentaron ante la Justicia para cuestionarlo. Tenían fundamentos de peso, que van desde la conservación del edificio como un icono patrimonial de la zona, hasta la importancia de mantener libres sus alrededores, como un pulmón verde muy necesario para el barrio.

"Esta obra es paradigmática de cómo en la Ciudad se violan gran cantidad de normas urbanísticas para favorecer los negocios de las constructoras y desarrolladoras inmobiliarias por sobre la calidad de vida de los porteños, la defensa del ambiente urbano y la protección del patrimonio porteño", expresó Baldiviezo.

En tanto, desde la empresa Palacio Roccatagliata S.A, desarrolladora de la obra afirman que "se transitaron correctamente todos los caminos administrativos a fin de cumplimentar los requerimientos municipales previos a los inicios de cualquier obra a saber" y que "el emprendimiento ya fue afectado en la causa, con argumentos infundados que fueron juzgados en su totalidad con fallos definitivos y favorables en todas sus instancias judiciales. Pero ahora vuelve a ser atacado con una medida cautelar por otros actores con los mismos argumentos".

Agregan que "esta decisión atenta contra las intenciones de desarrollar, invertir y generar empleos dentro de nuestra industria, la cual se encuentra en un momento de crisis y que es motor de la economía" y que "no ha sido tenido en cuenta que, previo a la intervención de la empresa, la Villa Roccatagliata -que se restaurará y pondrán en valor por completo- se encontraba en estado de total deterioro y abandono, habiendo sido utilizada como shop de una estación de servicio por varios años".

El inmueble, que data de 1900, pertenecía a la familia Roccatagliata, también propietaria de la tradicional Confitería del Molino. En un primer momento, cuando esa zona de Coghlan estaba "alejada" del centro de la ciudad, era utilizada por los miembros de la familia como una chacra de fin de semana, ya que contaba además con un extenso parque.

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