Resultaría muy importante escuchar ahora a los funcionarios porteños habilitantes, con nombre y apellido, para conocer sus fundamentaciones.
Mientras tanto, sigue Baldiviezo: " La construcción supera el factor de ocupación del terreno (FOT) permitido por el CPU, una de las torres tiene más altura que la autorizada y, además, se ocupa en gran proporción el pulmón de manzana, algo que también está prohibido".
Efectivamente, en el amparo impuesto por la Justicia se menciona el impacto ambiental que una obra de esta magnitud tendría en esa esquina.
En este sentido, según el artículo 30 de la Constitución porteña, las obras realizadas en una parcela de 2.500 m o más que requieran de normas urbanísticas particulares deben ser categorizadas de impacto ambiental con relevante efecto. Esto acarrea la obligatoriedad de realizar una evaluación de impacto ambiental con audiencia pública, algo que no ocurrió. Además, estas normas urbanísticas particulares deben ser aprobadas por la Legislatura, algo que está en carpeta del Gobierno porteño, según pudo saber este medio, para modificar el CPU.
Baldiviezo señaló que el magistrado "hizo un primer examen exhaustivo y dispuso la suspensión de la obra hasta tomar una resolución definitiva" que sería dar marcha atrás con las dos torres o avanzar en el emprendimiento edilicio.
La puja viene desde 2013, cuando ni bien fue anunciado el emprendimiento, un grupo de vecinos de Coghlan y Belgrano, la ONG Basta de Demoler y la Asociación Civil Amigos de la Estación Coghlan se presentaron ante la Justicia para cuestionarlo. Tenían fundamentos de peso, que van desde la conservación del edificio como un icono patrimonial de la zona, hasta la importancia de mantener libres sus alrededores, como un pulmón verde muy necesario para el barrio.
"Esta obra es paradigmática de cómo en la Ciudad se violan gran cantidad de normas urbanísticas para favorecer los negocios de las constructoras y desarrolladoras inmobiliarias por sobre la calidad de vida de los porteños, la defensa del ambiente urbano y la protección del patrimonio porteño", expresó Baldiviezo.
En tanto, desde la empresa Palacio Roccatagliata S.A, desarrolladora de la obra afirman que "se transitaron correctamente todos los caminos administrativos a fin de cumplimentar los requerimientos municipales previos a los inicios de cualquier obra a saber" y que "el emprendimiento ya fue afectado en la causa, con argumentos infundados que fueron juzgados en su totalidad con fallos definitivos y favorables en todas sus instancias judiciales. Pero ahora vuelve a ser atacado con una medida cautelar por otros actores con los mismos argumentos".
Agregan que "esta decisión atenta contra las intenciones de desarrollar, invertir y generar empleos dentro de nuestra industria, la cual se encuentra en un momento de crisis y que es motor de la economía" y que "no ha sido tenido en cuenta que, previo a la intervención de la empresa, la Villa Roccatagliata -que se restaurará y pondrán en valor por completo- se encontraba en estado de total deterioro y abandono, habiendo sido utilizada como shop de una estación de servicio por varios años".
El inmueble, que data de 1900, pertenecía a la familia Roccatagliata, también propietaria de la tradicional Confitería del Molino. En un primer momento, cuando esa zona de Coghlan estaba "alejada" del centro de la ciudad, era utilizada por los miembros de la familia como una chacra de fin de semana, ya que contaba además con un extenso parque.