
"(...) ¿Contrataría usted a un nuevo operario si este le hiciera ganar $30.000 y por todo concepto le costara $20.000 por mes? La lógica indica que sí, salvo que no le guste ganar dinero. (...)
Pero, ¿Cuál es el límite? Si usted fuera empresario, ¿pagaría $35.000 para asegurarse que ese operario firmara el contrato con su negocio? La misma lógica indica ahora que no, que nadie que quiera ganar dinero pagaría un sueldo de $35.000 a un obrero que solo genera $30.000, porque estaría poniendo $5.000 de su bolsillo todos los días. (...)
Supongamos que ahora llega el gobierno y resuelve que hay que pagar un bono de $30.000 una vez por año, para constituir el aguinaldo y a eso sumarle otros $30.000 para financiar las vacaciones del trabajador. Matemáticamente y salvando las diferencias del cómputo de intereses, eso sería equivalente a tener que pagarle $5.000 más por mes.
Lo que ocurrirá entonces es que ya ninguna empresa contratará personal ofreciendo $30.000 por mes, sino que tarde o temprano, el salario mensual de equilibrio ira bajando de manera que el trabajador acabe cobrando por año de labor lo mismo que antes, pero ahora recibiendo su remuneración anual en 14 cuotas, en vez de 12.
El proceso puede demorar mucho tiempo y es probable que la caída en los salarios mensuales sea atribuida a los malos precios de los granos, a la globalización o a la madre de algún Ministro de Economía, pero no se puede violar la regla de oro; los salarios tarde o temprano se ajustarán en estrecha relación con la productividad y no se pueden aumentar por ley, salvo por supuesto en aquellos casos en los que realmente exista explotación y no se esté remunerando a la gente por lo que produce. (...)".
Carlos Burgueño en el diario Ámbito Financiero:
" El Gobierno quiere que los bancos financien a las empresas que quieran/deban pagar el bono de $2.000, pero que no tengan efectivo disponible. Y que el dinero para los interesados se otorgue con las líneas de créditos productivos que todo el sistema financiero debe disponer por ley.
El mensaje será transmitido a partir de hoy desde varios frentes del gabinete económico nacional, bajo la orden concreta de la máxima autoridad del país que envió el mensaje que "el bono no debe fracasar".
En otras palabras: el otorgamiento del bono no debe ser la excepción, sino la regla. Desde el oficialismo había surgido un clima de cierta euforia y expectativas positivas, luego del encuentro del miércoles pasado en la Casa de Gobierno donde comenzó a funcionar la denominada Mesa del Diálogo para la Producción y el Empleo. (...)
Sin embargo, la algarabía duró poco. A horas de haber terminado el cónclave, los mismos empresarios (el costado de la reunión desde donde menos se esperaba desde el oficialismo que aparecieran los problemas), comenzaron a pelearse en la fila de los que primero aclaraban que la obligación virtual por el bono no correspondía a ellos. Primero fueron los representantes de la construcción, los aceiteros y el comercio, que aclaraban que dado que ellos habían negociado paritarias por encima del 38% no les correspondía el pago.
Luego comenzaron a hablar los dirigentes que según sus números finales de actividad oficial no podrían pagar: el transporte, textiles, artículos para el hogar eléctricos y no eléctricos, parte de la alimentación, terminales automotrices, etc.
Después apareció la aclaración más importante: los propios privados advertían que el bono era una cuestión de las grandes compañías y que las pymes quedaban fuera de la obligación. Esto implicaba que el 74% de los empleados (según los números oficiales) estarían ya fuera de la necesidad de pensar en el bono. Del 26% final, sólo la mitad quedaba en la obligación. Esto es, como adelantó este diario, poco más del 13%. Algo imposible de avalar para el Gobierno. (...)".
Por si faltara algo, el patoterismo del amigo de Hugo Moyano, Juan Carlos Schmid, en teoría un "intelectual" entre los sindicalistas.
Schmid, 1 de los 3 secretarios generales de la CGT, advirtió que los empresarios que ignoren el acuerdo cerrado para la entrega de un bono extraordinario de $2.000 "tendrán problema con los sindicatos" y que "ninguna comisión interna, ni sindicato es sordo, ciego o mudo, ni tenemos un balde en la cabeza".
"Vamos a insistir para que se paren los despidos y las suspensiones", aseveró Schmid, quien explicó que "tenemos derecho a poner de nuevo la discusión sobre la mesa".
"Casi ningún gremio aceptaría el piso de $ 2.000 para el bono de fin de año acordado en la mesa de diálogo social. Es porque esa suma no alcanza para compensar la pérdida de ingresos provocada por la inflación de este año, según surge de los cálculos que hacen sindicalistas y expertos consultados por este diario.
El ministro de Trabajo, Jorge Triaca, hizo pública la intención del Gobierno de computar este bono como compensación por la inflación pasada. Así pretende ingresar a 2017 con paritarias negociando en base a la inflación proyectada de 17% anual y hacer "borrón y cuenta nueva" con la situación de 2016.
“Para compensar la pérdida salarial de este año el bono de fin de año debería ser muy superior a los $ 2.000. El poder adquisitivo de los trabajadores está perdiendo al menos 6 puntos de su salario lo que, en promedio, representa entre $ 8.000 y $ 10.000”.
Este fue el cálculo que hizo ante Clarín el secretario de Acción Social de la CGT, Jorge Sola, quien agregó que su gremio, el del seguro, acordó una suba salarial del 35% frente a una inflación del 41%. (...)".