Los trabajos de Holmström a finales de la década de los '70 estuvieron dirigidos al análisis de cómo debería vincularse la retribución de los directivos a la evolución de la empresa, ya que "si la paga de resultados de un gestor enfatiza el flujo de caja en el corto plazo sus acciones pueden descuidar la salud a largo plazo de la compañía".
Por su parte, el británico Hart contribuyó a mediados de los '80 a esta teoría con el análisis de los llamados "contratos incompletos" sobre cómo abordar la imposibilidad de especificar contractualmente todas las eventualidades, indicando la mejor manera de controlar los riesgos.
Oliver Hart destacó, minutos después de conocer la noticia, la importancia de los contratos para la economía, ya que "resultan fundamentales para la idea de que el comercio es quid pro quo y hay dos partes en la transacción".
Con la decisión de este lunes 10/10, el Nobel de Economía rompe la tendencia de los 2 años anteriores, cuando el galardón fue otorgado de manera individual a Angus Deaton (2015) y Jean Tirole (2014).
Sin embargo, se mantiene la homogeneidad del perfil de los ganadores, que apunta a un hombre de unos 67 años.
El británico, nacionalizado estadounidense, Oliver Hart; y el finés Bengt Holmström, profesores respectivamente de Harvard y Massachusetts Institute of Technology (MIT), han estudiado cuestiones como las retribuciones por rendimiento y objetivos a los ejecutivos, las deducciones y copagos en los seguros y la privatización de actividades propias del sector público (concretamente en los casos de la gestión de prisiones y escuelas).
Pero estos trabajos de investigación, no se quedan sólo en el marco teórico, son muchos los campos de aplicación en el mundo empresarial. Mientras Holmström ahondaba en la optimización de los contratos incluyendo incentivos o elementos ligados al rendimiento para que el contratado operase en beneficio máximo de la empresa, a través de un modelo que apunta que el contrato óptimo busca el equilibrio entre los riesgos y los incentivos, Hart, desarrollaba su investigación en los contratos incompletos.
Aunque muchos, piensen que las investigaciones empíricas son una gran elucubración mental, éstas tienen aplicaciones prácticas como qué tipo de empresas tiene sentido que se fusionen, qué proporción de financiación debe hacerse vía deuda y cuál a través de capital (estructura óptima de capital), y que instituciones deberían ser gestionadas por el sector privado vs. sector público.
A finales de 1970, Bengt Holmström demostró cómo un principal (por ejemplo, accionistas de la empresa) debe diseñar un contrato óptimo para un agente (CEO de la compañía). Utilizando el modelo principal-agente básico, mostró cómo el contrato óptimo sopesa cuidadosamente los riesgos contra incentivos. En un trabajo posterior, Holmström generalizó estos resultados a valores más realistas, es decir: cuando los empleados no sólo son recompensados con disfrute de sueldo, sino también con promociones potenciales.
Éstas se aplican cuando los agentes gastan esfuerzo en muchas tareas, mientras que los directores observan sólo algunas dimensiones del desempeño y cuando los miembros individuales de un equipo pueden aprovecharse de los esfuerzos de los demás.
Durante la presentación de los premios, Hart dijo: "Me desperté a eso de las 4:40 y me preguntaba si se estaba haciendo demasiado tarde para que éste fuera el año... Pero luego, afortunadamente, sonó el teléfono".Lo primero que hizo fue abrazar a su mujer.
Al explicar qué fue lo que se premió, comentó Holström en el transcurso de una teleconferencia: “Se trata de pensar en todas las partes involucradas para que un contrato sea una situación en la que ganan todos”.
El modelo de Hart no especifica si es mejor que el servicio sea prestado por un agente público o privado, sino bajo qué condiciones una actividad debería desarrollarla una entidad privada o una pública. "No es lo mismo un servicio de basuras que una prisión. Y estos trabajos ayudan a distinguir cómo elaborar estos contratos asegurando un equilibrio entre la máxima calidad y la eficiencia de costes", ha declarado el presidente del comité, Per Stromberg. La Administración estadounidense dejó de privatizar las prisiones basándose en los estudios de Hart.
Entre las contribuciones de Hart se encuentra, además, la imposibilidad de especificar en un contrato todo lo que podría ocurrir, de ahí que sea necesario tener unas reglas generales de bancarrota que dejen claro los derechos de todas las partes. Cuando se trata del campo de la innovación y el desarrollo, lo mejor es que los científicos o emprendedores participen de la propiedad porque se logran mejores resultados.
El trabajo de Holmström ha permitido mejorar cómo se determinan las retribuciones y las oportunidades de promoción en los contratos. Estos estudios concluyen, por ejemplo, que no se puede vincular la remuneración exclusivamente al comportamiento de los títulos de la compañía porque sería como pagarle en función de su suerte. En industrias con alto riesgo, incluso recomienda tender hacia una estructura de sueldos fijos. En cambio, un operario cuyo trabajo pueda medirse debería ser pagado en proporción directa a su rendimiento.
El economista de origen finlandés también logró fundamentar cómo los jóvenes trabajan más duro por sus expectativas de carrera. O cómo recompensar el trabajo en grupos, evitando que haya un polizonte aprovechándose del esfuerzo del resto. En este sentido, su hallazgo consiste en que un poco de burocracia y reglas combinadas con pequeños incentivos económicos suele funcionar bien. Los incentivos pequeños animan el trabajo en equipo, sostiene la investigación de Holmström, quien trabajó como consejero de Nokia.
Respecto a los profesores, considera que el salario debe ser fijo para no menoscabar la enseñanza de habilidades que no se pueden medir. En el fondo, los laureados de este año suponen un reconocimiento de los estudios que ligan el rendimiento de la economía a la existencia de buenos marcos institucionales. "Los contratos nos ayudan a ser cooperativos y tener confianza", ha destacado la Academia.
Holmström ha teorizado también sobre la última gran crisis: los mercados de capitales no funcionan gracias a la información. En su opinión, operan sobre el principio de la confianza. Y ésta no se consigue con más transparencia, sino respaldando las deudas con las suficientes garantías que luego los acreedores puedan reclamar. El catedrático del MIT ha defendido que los contribuyentes rescaten entidades financieras para evitar el colapso de la liquidez.
El Nobel de Economía es un galardón instituido en 1968 por el banco central sueco y dotado con 8 millones de coronas suecas, aproximadamente unos 830.000 euros que los dos agraciados tendrán que compartir. El año pasado se concedió a Angus Deaton, catedrático de microeconomía de la Universidad de Princeton, por su análisis de los patrones del consumo, la pobreza y el bienestar.