Los sindicalistas irán a la reunión con Prat Gay con dos objetivos: los cambios sobre el impuesto a las Ganancias y la excepción del medio aguinaldo de diciembre del tributo. La otra cuestión es el pago de un bono de fin de año para estatales, jubilados y beneficiarios de planes sociales, que sea extendido a su vez al sector privado con un suplemento para trabajadores en relación de dependencia, a cargo de las empresas.
El Gobierno también tiene sus metas: quiere sumar a los gremios en el análisis del proyecto de reforma del sistema de riesgos del trabajo y comprometer su participación en el proyecto de "acuerdo productivo" que el Ejecutivo planea poner en marcha también con la incorporación del sector empresario, en un primer esquema de diálogo tripartito, indicó el diario El Cronista.
Por su parte, en el diario Clarín, ayer (25/9) el periodista Julio Blanck agrega al panorama:
Lo concreto es que el jueves próximo está previsto un encuentro de la CGT con el ministro Alfonso Prat-Gay. Quieren hablar de plata ya mismo porque los tiempos –los propios y los sociales– apremian. Pero el Gobierno pretende una agenda más amplia para ese día.
Junto a Prat-Gay sentará cuanto menos a Triaca y a uno de los coordinadores del Gabinete, Mario Quintana. Piensan presentar su proyecto de acuerdo productivo, un ambicioso programa de equilibrio entre apertura económica y protección al capital y al trabajo nacional; de creación de empleo y mejora del salario real; con compromisos sobre logística e infraestructura y el punto clave para Macri, también el más difícil: un avance hacia acuerdos sobre productividad. Habrá que ver si la coyuntura ardiente deja espacio para semejantes proyecciones estratégicas.
Mientras tanto la CGT se apuró el viernes a consagrar la declaración del paro para no debilitar su posición. De un lado tiene al Gobierno, que presiona con lo que ya dio en el año y la perspectiva optimista del mediano plazo. Del otro, las dos CTA unidas en la oposición a Macri le disputan espacio político. El tridente se completa con la intención de la CGT de jugar un papel central en la renovación peronista, que pretende sacudirse la tutela de Cristina.
Triaca sostiene que el paro cegetista sólo se explica por “razones políticas”. No niega las penurias que pasan millones de compatriotas, pero coincide con la idea de que la protesta sindical tiene que ver más con lo que ya pasó –los meses tan duros del ajuste– que con lo que viene.
La huelga, de concretarse, se haría hacía fines de octubre. En el camino hacia su eventual neutralización el Gobierno encuentra aliados. Algunos inesperados, como el economista Mario Blejer, destinado a un cargo clave en un hipotético gobierno de Daniel Scioli, quien diagnosticó que “hemos tocado fondo y estamos empezando a salir adelante, ya hay pequeños signos de reactivación”. No es de extrañar. Macri suele recomendar a sus funcionarios que “hablen con Miguel”. Se trata de Miguel Bein, otro economista clave que hubiese trabajado junto a Scioli, cuyas actuales proyecciones alentadoras suelen endulzar el oído del Presidente.
Aunque siempre mantendrá prudente distancia, el aliado principal del Gobierno en la tarea de contener la protesta social es la Iglesia. Los obispos no se quedaron cortos en reclamar por la asistencia urgente a los necesitados. Y desde las mismas parroquias se hizo conocer cuánto había crecido la demanda de alimentos en las zonas más desfavorecidas. Pero a la vez, el Episcopado le pidió a la CGT que agote los recursos del diálogo antes de lanzarse a una protesta.