Eurnekian se había convertido en el mayor accionista de TGN cuando los congelamientos de tarifas la habían dejado al borde de la quiebra y fue intervenida por Enarsa, que reasignaba recursos por fuera de los cuadros tarifarios.
Y ahora que el nuevo gobierno le da la largamente esperada inyección de precios y si la empresa algo rompió fue la racha de 21 trimestres consecutivos de pérdidas operativas en lo relativo al servicio público de transporte de gas natural que traía, sin haber percibido subsidio alguno por parte del Estado Nacional, decide retirarse del negocio gasífero.
El Itaú ofrece el 22% de las acciones de TGN que, indirectamente, está en poder de la Compañía General de Combustibles, adquirida por el grupo Eurnekian para comenzar a incursionar en el sector petrolero.
El diario El Cronista publica que, en cuanto al monto en el cual se podría cerrar el deal, se hace referencia al valor bursátil de TGN que, tiendo en cuenta la cotización actual de las acciones a casi $ 8 y al tener un total de 429 millones de acciones en circulación, estaría cercano a los $ 3.422 millones o unos US$ 220 millones. Es decir, que siguiendo esta hipótesis de manera lineal, el 22% de las acciones en manos de CGC tendría un valor bursátil cercano a los US$ 50 millones. Pero seguramente en la tasación se incluirá la incidencia en la facturación que puede tener la estimación realizada por la calificadora Moody’s de que el gas en boca de pozo en la Argentina pasó de valer US$ 2,22 a US$ 4,22.
La trama societaria
La francesa Total, a través de sus subsidiarias Total Gas y Electricidad Argentina S.A. y Total GasAndes S.A., le había cedido sus acciones en Gasinvest a sus socios en TGN, las petroleras Tecpetrol (del grupo Techint, de la familia Rocca) y Compañía General de Combustibles (CGC, adquirida por Eurnekian).
La firma vendedora tenía el 0,0309% de TGN en forma directa, más el 15,35% de manera indirecta, a través de Gasinvest. El resto de ésta última es del fondo Blue Ridge (24%) y el 20% cotiza en Bolsa. A su vez, los dueños de Gasinvest eran Tecpetrol Internacional, Compañía General de Combustibles, Total Gas y Electricidad Argentina S.A. y RPM Gas.
Coincidentemente, el fondo Blue Ridge Investments, que tenía el 24% de la empresa en forma directa, también dio media vuelta y se fue.
Y en tren de hilar fino, en el escaparate de las merger & adquisitions, aparece otra transportadora de energía, aunque de electricidad, que es Transener, de la que Electroingeniería también busca desprenderse.
Una deducción que se cae de madura es que en todos estos años se acumularon atrasos tarifarios y en las inversiones. Los primeros ahora “adelantan” y las segundas apremian porque requieren efectivizarlas.
Los tarifazos disparados por el Ministerio de Energía implican una transferencia de renta desde todos los usuarios argentinos a las empresas petroleras, estimada en US$ 2.800 millones por año. Se le adiciona a la facturación anual aproximada que tenían los productores de gas medida en dólares, de US$ 4.000 millones anuales, y así llega a US$ 6.800 millones.
Al haberse establecido el precio en un promedio de US$ 5 por millón de BTU (la unidad que se utiliza para medir la producción de gas), los productores recibieron aumentos del 73% al 100%, que lo ubicó artificialmente en un nivel tan alto, que algunos economistas argumentan que podría haber servido para ahorrarles a los consumidores parte del tarifazo.
“Antes el GNC estaba debajo de los US$ 2, las usinas pagaban entre US$ 2 y US$ 3 y el consumo residencial estaba debajo de US$ 1”, recordaba en diálogo con BAE Negocios el ex subsecretario de Combustibles, Cristian Folgar.
Y afirmaba que “con los valores fijados para el gas y el petróleo, la Argentina tiene los precios de la energía más caros del planeta. No hay ningún país que reciba US$ por gas y US$ 60 por barril”.
Semejante ofrenda a los productores que les duplica el valor de gas en boca de pozo se verá reflejada en los balances de este año y, por ende, en su cotización bursátil.
Control de las inversiones
El problema es que fue atada a un ultimátum que lanzó el propio ministro de Energía y Minería, Juan José Aranguren: que a mediados de año habrá “una revisión tarifaria integral” del suministro eléctrico, que será “un paso adicional” a la suba anunciada en febrero, y que en ese momento se discutirá “la calidad del servicio” con las empresas distribuidoras.
“Vamos a controlar las inversiones que hacen. Si en algún momento las distribuidoras no cumplen, vamos a hacer lo que debamos hacer. En un país normal se cumplen contratos y leyes”, afirmó, para recordar que “siempre existe la posibilidad de interrumpir la relación si no se cumple”.
Si se sacara una foto hoy, la realidad es que ocurre exactamente lo contrario: las compañías vienen realizando recortes en inversiones, con despidos incluidos, pero Aranguren igual siguió adelante, ya que cree estar ante una oportunidad por la existencia de proyectos a punto de caramelo e hizo volar los precios.
La iniciativa de mayor potencial es Aguada Pichana, de Total. Hay varias no convencionales en piloto automático en ese bloque, uno de los más grandes de Neuquén. También PAE tiene el tintero la ampliación de Lindero Atravesado, lo mismo que la Petrobras ahora administrada por Mindlin, en Río Neuquén. Y están asimismo para impulsar las 3 Bandurrias, recientemente adjudicadas a YPF, PAE y Wintershall. YPF también tiene varios yacimientos residuales como Loma la Lata donde podría activar procesos de recuperación gracias al nuevo precio.
Las críticas que le llueven por haber afectado la estructura de precios relativos y que el salto en garrocha de las tarifas haya exacerbado la inflación pueden hacer dudar que se mantenga el escalón alcanzado, y que así como donde había atraso ahora hay adelanto, la historia se vuelva circular.
Sus detractores afirman que la caída del petróleo en el mercado internacional podría haber sido aprovechada para moderar el impacto inflacionario de la suba de tarifas y la devaluación, y para hacer un recorte en subsidios más profundo.
Macri se la jugó al haber llevado los precios de la energía por arriba del mercado internacional, lo cual tiene un impacto directo sobre la cuenta de subsidios del sector público y sobre la inflación.
Tanto el gas como el petróleo son insumos claves y sus valores repercuten sobre toda la cadena productiva de la economía. Pero además, al estar dolarizados, se encarecen ante cada movimiento que haya en el tipo de cambio. Este nudo godiano también enciende luces amarillas sobre su continuidad, sobre todo en vísperas de un calendario electoral definitorio para la consolidación del poder.