Hasta el ex presidente Raúl Alfonsín no distinguió gordura de opulencia, cuando descalificó enojado a un manifestante visiblemente excedido en kilos que lo increpaba en un acto en el interior del país, con un “a vos no te va tal mal, gordito”.
Pasan los años y los políticos no terminan de registrar que en la pobreza, “comer mal” es el principal problema, mucho más que “comer poco o no comer”, y así en los ‘80 se conformó la primera canasta básica alimentaria, pensando que el principal problema era la desnutrición.
La malnutrición es la que se manifestada en altas tasas de obesidad, diabetes y deficiencias de nutrientes (falta de vitaminas y minerales, y en el proyecto de ley que envío el Poder Ejecutivo al Congreso para devolver el IVA de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) no se tuvo en cuenta que el valor nutricional de los alimentos que la integran, que “no llegan a cubrir el mínimo de consumo de calcio”, como advierte a los legisladores el nutricionista Sergio Britos, director del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación y profesor asociado de la Escuela de Nutrición (UBA).
Les aconseja que más que discutir sobre cuestiones de dinero exclusivamente, deberían tomar conciencia de que si la dieta estuviera basada en esa canasta “dos tercios de la población tendrían déficit de calcio y una cuarta parte de los niños no alcanzaría el consumo recomendado de lácteos, verduras y frutas”.
“El consumo simultáneo de los alimentos más saludables -lácteos, verduras, frutas y pasta o cereales de buena calidad- se encuentra significativamente subrepresentado en la canasta básica de alimentos”, dijo.
La pauta de una Canasta Básica lo único que hará será mantener y aún aumentar el problema nutricional más extendido en la actualidad: 36% de los chicos en edad escolar y 58% de los adultos padecen sobrepeso y 25% de los menores de 17 años se encuentra el alto riesgo de padecer deficiencias de micronutrientes.
De todos modos, aclaró el nutricionista que “la devolución o disminución del IVA a los beneficiarios de planes sociales y jubilados puede ser una oportunidad histórica para, por primera vez en años, apostar a una mejora genuina de la nutrición”.
Deberían enterarse de todo esto los legisladores antes de tratar el tema de la canasta: que la alimentación de los más vulnerables no funciona con la lógica de sus dietas, que cuanto más las engordan de mejor calidad de vida gozan.
Siguiendo con esa línea, Fernando Zingman, especialista en salud de Unicef, explica que la elección de los alimentos depende, en buena medida, del presupuesto familiar que muchas veces, excluye los productos más sanos porque son los más caros.
O sea que “los diversos condicionantes que determinan la obesidad están asociados a la poca accesibilidad que tienen los sectores populares a los alimentos de calidad, con mayor contenido de fibras, menor densidad calórica y menor contenido de sal y azúcares refinados”, destacó.
También sería útil que evaluaran los contundentes resultados del estudio de la FICA y Unicef que evaluó las brechas sociales del sobrepeso y obesidad, hecho sobre la completa base de datos de la Encuesta Mundial de Salud Escolar 2012, que incluyó a 23.368 adolescentes del mismo rango etario: por cada 10 adolescentes NSE alto con sobrepeso, hay 13 de NSE bajo.
Encima, en la investigación de FICA y Unicef “Las Brechas Sociales en la Epidemia de la Obesidad en Niños, Niñas y Adolescentes de Argentina: Diagnóstico de Situación”, se asocia en un 25% más de probabilidades que adolescentes con sobrepeso estén propensos al tabaquismo.
“El principal aporte de la investigación es que corrobora que la obesidad y el sobrepeso en la Argentina son un problema con un mayor riesgo asociado a la pobreza, como también muestran estudios realizados en otros países, y desmitifica la idea de que la obesidad está asociada principalmente a los sectores de mayores ingresos”, afirmó Lorena Allemandi, directora del área de políticas de alimentación saludable de FIC Argentina.
“Además de traer aparejadas graves consecuencias para la salud física, el sobrepeso y la obesidad están asociados a problemas psicosociales e implican una barrera para el desarrollo integral de los niños, niñas y adolescentes. Es por eso que la problemática se debe abordar a una edad temprana con políticas públicas diseñadas con una perspectiva integral con especial énfasis en la reducción de las brechas de inequidad social y la protección del derecho a la salud de los grupos más vulnerables”, agregó.
Recuerda Fernando Zingman, especialista en salud de Unicef, que entre las recomendaciones para prevenir la obesidad infanto-juvenil y garantizar el derecho a la salud de los niños, niñas y adolescentes se encuentra
> la promoción de políticas para mejorar el entorno escolar obesogénico;
> políticas económicas tendientes a reducir el consumo de alimentos altos en azúcares, grasas y sal; e
> incentivar el consumo y facilitar el acceso a alimentos saludables, como frutas y verduras; y
> medidas para restringir la publicidad de alimentos no saludables dirigida a niños.
Todas estas políticas están incluidas en el “Plan de acción para la prevención de la obesidad en la niñez y adolescencia” que fue aprobado en octubre de 2014 en el marco de la 66ª sesión del Comité Regional de la Organización Mundial de la Salud para las Américas, así como también fueron destacadas en el reciente reporte de la Organización Mundial de la Salud publicado por la Comisión ECHO (Endining Childhood Obesity) en enero de 2016.
A los fabricantes y comerciantes de indumentaria también les queda bien ese sayo de las proporciones alcanzadas por la obesidad. Al concentrar las modas en los sintéticos talles que reflejan los símbolos del éxito que se impuso a través de las celebridades y en una escala siguiente estandarizar al resto, dejaron afuera, como especiales, a los que las investigaciones dan como un porcentaje más que representativo de la sociedad.
La ropa para obesos es mucho más cara por no entrar en escala para las confecciones, cuando el mercado, lamentablemente por las consecuencias que trae en la salud, lo demandaría. Al no haber líneas de producción para obesos pudientes, tampoco se crea un mercado secundario o de donaciones para los más pobres. Ni siquiera en La Salada hay una oferta variada acorde para los excedidos en kilos.
En Sudáfrica, donde la desigualdad social afecta a la mitad de los niños, que viven en el umbral de la pobreza a pesar de pertenecer al país más rico del continente, se constituyó un ejemplo de innovación emergente para colaborar con causas sociales, The Street Store, que ofrece a las personas más desfavorecidas una tienda en la calle donde poder escoger la propia ropa.
A diferencia de los manteros en nuestro país, cada una de las tiendas está provista con ropa donada y todos sus productos son totalmente gratuitos para los pobres. Además, los voluntarios que trabajan en la tienda están también disponibles para dar a los clientes consejos de moda y aconsejarles sobre que ropa les sienta mejor.
En la apertura de la primera tienda, en Ciudad del Cabo, cerca de 1.000 personas se acercaron a ella y se fueron con una alguna prenda nueva. Para algunos, fue la primera vez en mucho tiempo que habían podido elegir ellos mismos su ropa.