Afirma en su investigación que desde Ginebra hasta Singapur, desde Hong Kong hasta Panamá, los centros offshore, utilizados por los ricos y poderosos para gestionar sus fortunas sin pagar impuestos, son los engranajes ineludibles del capitalismo financiero. Y que, si bien tras la debacle financiera los paraísos fiscales habían prometido abandonar el secreto bancario, y las multinacionales aseguraban que rendirían cuentas y saldarían sus deudas, “los paraísos fiscales gozan de excelente salud”, sostuvo Zucman.
“Se trata de riquezas enormes que provocan escandalosas pérdidas de ingresos fiscales. El fraude “offshore” cuesta cada año 130.000 millones de euros a los Estados del mundo entero”, afirma en la obra.
Pero el escándalo PP ya planteó el debate global sobre si es ético (ya que sí es legal) abrir compañías offshore, pero los bancos que facilitaron a sus clientes tener cuentas en los paraísos fiscales quedaron en una encrucijada porque venían comprometiéndose a colaborar con los organismos de control de USA y Europa en la transparencia de las operaciones financieras, con el propósito de evitar el ocultamiento de dinero, su lavado y la elusión impositiva.
Las filtraciones del bufete de abogados, más allá de que desnuden o no conductas delictivas, dejaron al descubierto el grado en que los políticos, líderes empresariales y celebridades hacen uso de un ecosistema financiero secreto para mantener recursos económicos por fuera del sistema institucional de los países en que actúan, y al que todo contribuyente querría acceder ya que ¿para qué sirve la AFIP si no es para garantizar un ineficiente gasto público?
Y el Panamá Papers es apenas una muestra. Porque ni el estudio de Mossack Fonseca es el más relevante del mundo, ni Panamá es la principal plaza offshore, sino que está ubicada en el 13er. lugar. Pero sí aparecen implicados los bancos de primer nivel que abrían las sociedades ficticias para sus clientes, según figuran en la filtración: e l HSBC, el Coutts, Rothschild, UBS, Société Générale y el Credit Suisse, son los que encabezan la lista de los que quedaron mal parados ante los organismos reguladores en Estados Unidos y Europa, a los que les habían prometido que colaborarían para terminar con la evasión impositiva global.
Los periodistas que trabajaron en el consorcio estudiaron, a través de 11,5 millones de registros extraídos de la firma de abogados con sede en Panamá Mossack Fonseca, que describen la creación de más de 200.000 empresas offshore, de las que c asi 15.600 se registraron en más de 500 bancos en las últimas décadas. Si bien los bancos discrepan con los enfoques políticos que consideran delictiva la conformación de compañías fantasmas y la apertura de cuentas offshore, asumen que el escándalo es un dolor de cabeza, ya que algunos han tenido que pagar miles de millones de dólares en multas en los últimos años, y se comprometieron a fijar controles y desmantelaron empresas en un intento por frizar las acusaciones de que albergaban dinero para los evasores de impuestos, traficantes de droga y de armas.
Pese a no sentirse involucrados en transgresión legal alguna y a destacar que trabajan en estrecha colaboración con las autoridades en la lucha contra la delincuencia financiera, el HSBC Holdings Plc y el Grupo UBS AG han sido las entidades más golpeadas en el contexto de una ofensiva estadounidense sobre los fondos ilícitos de los clientes en los últimos años. Ambos están en medio de un vendaval de documentos filtrados del llamado Panamá Papers que detallan la forma en que alguna vez ayudaron a sus clientes a abrir miles de “shell offshore” compañías.
HSBC, que en home de su página web reza “bienvenido a un mundo sin fronteras”, había entrado en un acuerdo de enjuiciamiento diferido con el Departamento de Justicia de Estados Unidos en 2012, pagando US$ 1.900 millones al admitir la conducta violatoria de las leyes estadounidenses que sancionan el lavado de dinero.
La misma entidad tuvo que afrontar una causa judicial porque en la filial de Ginebra se descubrieron los registros de 4.040 cuentas no declaradas de argentinos. Hubo un pedido de indagatoria a 204 titulares de esas cuentas presentado por el fiscal Claudio Navas, con un capítulo especial dedicado a los banqueros de la filial argentina del HSBC.
La investigación exhibió la estrecha relación entre la filial argentina y las “casas de representación” estadounidense y suiza del HSBC. También la vinculación del HSBC Argentina con las “casas de representación” en el país HSBC Bank USA y HSBC Private Bank (Suisse), ya que las 3 comparten domicilio, primero en la calle Juan Manso 205, 7° piso, y después en el edificio de Florida 229, 10° piso.
El fiscal procesó información aportada por la AFIP a la causa y encaró su propia investigación con reportes de la Unidad de Información Financiera (UIF) y el Banco Central.
El titular del HSBC, Gabriel Martino, rechazó que el banco hubiera montado una plataforma ilegal para facilitar la evasión y fuga de capitales. Lo mismo hicieron los auditores en la comparecencia ante el Congreso.
Lo mismo que el banco suizo UBS, que intentó retirarse de las sociedades ficticias, en una reunión en 2010 con Mossack Fonseca, según publica Bloomberg.
El bufete en cuestión se encargaba de la administración de las empresas ficticias establecidas por los clientes de UBS y les otorgaba "trato especial", según la investigación periodística de las filtraciones. Bajo el nuevo sistema, consistía en diligenciar los clientes distinguidos de UBS requiriéndoles menos documentación para inscribirlos.
Tras la filtración, los reguladores de toda Europa anunciaron controles en las actividades offshore de los bancos que supervisan: reguladores suecos interpelaron a Nordea, el mayor prestamista de Escandinavia, sobre la asistencia que supuestamente prestó a clientes ricos para ayudarlos a evadir impuestos. Asimismo, Finanzmarktaufsicht, el organismo de control de Austria, sondeó los procedimientos; Raiffeisen Bank International AG y Hypo Vorarlberg tomaron precauciones contra prácticas de lavado de dinero después que se vieron implicados en el escándalo, y la Autoridad Federal Supervisora del Mercado Bancario Suizo (FINMA) pidió que se "aclare" el grado en que los bancos se relacionaban con el bufete de Mossack Fonseca y si se violaron las normas de supervisión bancaria.
Las revelaciones pueden complicar las relaciones entre los bancos en los países desarrollados y los de los países en desarrollo, dijo Peter Hahn, profesor del Instituto de Servicios Financieros de Londres.
Hasta ahora, los reguladores no han acusado a los bancos de cualquier delito relacionado con el bufete de abogados de Panamá. Aun así, en 2009, UBS pagó US$ 780 millones para evitar un juicio en USA por haber ayudado a los estadounidenses ocultar dinero en cuentas bancarias en Suiza. Y cerca de 300 millones de euros (US$ 341 millones) en 2014 para resolver una situación similar en el Estado alemán de Renania del Norte-Westfalia.
Societe Generale SA contribuyó con 979 compañías offshore configuradas a través de Mossack Fonseca, según el informe del consorcio de periodistas. El banco respondió en un comunicado que tiene ''una política proactiva respecto a la lucha contra el fraude y la evasión fiscal".
Otros dos bancos que figuran en el informe -Experta Corporate & Trust Services SA y Coutts & Co. Trustees- también negaron las acusaciones. Experta dice que está investigando la base de los alegatos y que ayudó a los clientes a abrir estructuras offshore con el fin de que pudieran planificar su riqueza, "dentro de los marcos nacionales y jurídicos existentes".
Coutts aseguró estar comprometido con los más altos estándares de cumplimiento de la normativa, incluidas las leyes fiscales, regulaciones contra el lavado de dinero y sanciones internacionales. "Exigimos a todos los clientes a cumplir con los impuestos como condición para recibir nuestros productos y servicios", enfatizó.