Tienen razón quienes dicen que desde el Gobierno se montó un operativo de pinzas, que arrancó por un flanco con la tarea de seducción a los gobernadores peronistas urgidos de fondos que inició Frigerio. Lo que siempre manda es la caja. El movimiento se completó con la tarea de ablande y de promesas de mejor trato, institucional y financiero, que llevaron a cabo en el Congreso primeras espadas como Emilio Monzó y Federico Pinedo.
Hay dos conclusiones igualmente importantes que saltan a la vista. La primera es que el Gobierno consiguió quebrar al bloque del FpV y expone cada vez más la debilidad del cristinismo recalcitrante, ya que de los que no se fueron hay varios que son igual de críticos pero todavía no se animan a sacar los pies del plato por resabios de temor o especulación pura.
Un caso puntual es el de José Luis Gioja, que se quedó porque le prometieron que iban a impulsarlo para presidir el PJ. Si creyó en lo que le dijeron, que era “orden de Cristina”, le erró feo. (...)".
Ya que se menciona a Gioja, Joaquín Morales Solá escribió en el diario La Nación (¿no estará exagerando el 71% de popularidad de Macri luego del ajuste tan mal comunicado por Juan José Aranguren, tan abandonado en esa tarea por Marcos Peña y Jorge Greco? ¿Hace falta que Macri ya tenga que apelar al semanal recurso de la popularidad, tal como hacían los K?:
"(...) La política deja de existir, en efecto, cuando se la concibe con la lógica de un ejército en guerra. Leales y traidores. Amigos y enemigos. El verticalismo como un método fundamental de la conducción. Un ex funcionario en la Anses del actual diputado Diego Bossio (la cara más conocida de los rupturistas) divulgó por Internet el número del celular de Bossio. Aquel ex funcionario es ahora un militante enceguecido de La Cámpora. Bossio debió cambiar de número telefónico, cansado de que le llovieran mensajes diciéndole traidor. Nada cambió. Son Carlos Zannini y Oscar Parrilli los que hacen la misma tarea que hacían en el gobierno: llaman y aprietan a los diputados. Parrilli lo llamó a Bossio. Bossio no estaba.
"Yo sigo la línea de Pichetto", es la respuesta más habitual entre los "peronistas racionales", como ellos mismos se llaman. "Yo hablo con Gioja", dicen otros; Gioja sólo evalúa el momento para pasarse al bloque disidente. El cristinismo alucinado reprochó a los rupturistas que se fueran para darle quórum a Macri. "¿Cómo? ¿Ni siquiera iban a darle quórum al Gobierno? ¿Ésa es una estrategia de poder?", replicaron. Macri lo tendrá y ésa es la mejor noticia que recibió. Pero entre esos rupturistas hay críticas a Macri: el sinceramiento económico debió hacerse con un ritmo más pausado, el Gobierno no le da importancia a la inflación, hay cierta persecución en el Estado, apuntan. No son oficialistas, pero son astutos: no es político enfrentarse furiosamente a un presidente que tiene el 71% de aceptación, según mediciones que se hicieron después del anuncio del aumento de las tarifas eléctricas. (...)".
Acerca de este tema pero virando hacia Sergio Massa, escribió Mariana Verón en el diario La Nación:
"(...) En Balcarce 50 confían ahora en que el tiempo que queda hasta la elección de las nuevas autoridades les dé aire para negociar otros pases.
La primera cuña que meterán será cuando el Poder Ejecutivo envíe un proyecto para derogar la ley cerrojo que impide renegociar la deuda con los holdouts, además de la reforma a la ley de pago soberano. La idea de máxima en la Casa Rosada es lograr un acuerdo con los fondos buitre antes de que se defina quién conducirá el peronismo, para forzar nuevas diferencias en el bloque kirchnerista, que quedó con unos 80 diputados propios.
En el Gobierno, los operadores políticos de Macri, encabezados por el presidente de la Cámara baja, Emilio Monzó; el ministro del Interior y Obras Públicas, Rogelio Frigerio, y su segundo, Sebastián García de Luca, reforzarán el diálogo con el sector menos kirchnerista del bloque para ampliar la grieta expuesta a partir de la partida del grupo de diputados comandados por el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey.
Creen que La Cámpora y la conducción que responde a Cristina Kirchner, en manos de Héctor Recalde, se opondrá al pago a los fondos buitre como manera de diferenciarse de la Casa Rosada, pero que los gobernadores impulsarán a sus legisladores a acompañar esa iniciativa. Es un trabajo de pinzas: antes deberán conseguir un entendimiento en el juzgado de Thomas Griesa.
El Gobierno celebró la fractura por partida doble. Por un lado, quebró la unidad del frente opositor que se había plantado ante la Casa Rosada en contra de la designación de sus dos candidatos a la Corte Suprema, que Mauricio Macri había decidido que fuera sin acuerdo del Senado. Por otro, logró bajarle el precio a Sergio Massa, al que había ungido como su principal interlocutor, de quien dependía para el quórum y la sanción de leyes. Abierto el juego con el peronismo que hasta el miércoles supo ser kirchnerista, el Presidente podrá relajar su dependencia con Massa para el paquete de leyes que tiene previsto presentar el 1 de marzo, en el que está la reforma de Ganancias, la universalización de la asignación por hijo y la reducción del IVA a la canasta básica de alimentos. La reforma electoral, otra de las medidas en las que trabajan en Balcarce 50, quedará para el segundo semestre del año.
El otro frente que siguen con atención es la provincia de Buenos Aires. Creen que la salida de Diego Bossio tiene que ver con un posicionamiento personal para las próximas legislativas, pero prestan especial atención al liderazgo del diputado de extracción gremial, Oscar Romero, la pata que, según el oficialismo, metió Urtubey en territorio bonaerense. (...)".
A propósito de Massa, José Picon en el diario El Día, de La Plata, acerca de acontecimientos en la Legislatura provincial:
"(...) Sin esos ajetreos en el horizonte, en el Frente Renovador de Sergio Massa se ha instalado el debate: hasta qué punto beneficia a un espacio que pretende ser la principal alternativa opositora en los comicios de medio término del año próximo, aparecer como socio y sostén político casi excluyente del gobierno de Cambiemos.
El propio Massa empezó a tomar nota de esa situación. Dicen que encomendó a su tropa empezar a marcar errores o medidas que considera contraproducentes de los gobiernos nacional y provincial. “Pero no nos quedemos en la crítica; con cada objeción, una propuesta”, dicen que sugirió.
Las últimas declaraciones de varios de sus laderos sobre el aumento tarifas y el impacto sobre los niveles de pobreza, van en ese camino marcado por el jefe del espacio.
El massismo se apresta a dar una primera batalla fuerte al gobierno de Vidal. Sabe que la gobernadora busca impulsar una reforma política y electoral que anunciará el 1º de marzo, en la apertura de las sesiones ordinarias de la Legislatura. Habrá una comisión especial que analizará esos cambios que incluyen desde la eliminación de la boleta sábana hasta el límite a la reelección de los intendentes.
Los massistas arrancaron con esa idea en 2013 y no quieren ceder terreno. Darán la pelea para presidir esa comisión y ya tienen nombre propio: el diputado Ramiro Gutiérrez. Los macristas quieren imponer a Daniel Ivoskus. La pelea por quién se pone la cucarda de ese cambio institucional, recién arranca. Y hasta ahora no se escuchó al radicalismo, en cuyas filas se advierten atisbos de disconformidad con ciertas decisiones políticas del PRO."